Esta vez Salta con poco juego para Kirchner

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Néstor Kirchner intenta sumar diputados también en las elecciones de octubre en Salta, un distrito en el que la pelea central se juega a la derecha del gobierno nacional, entre el PJ que comanda Juan Carlos Romero y el liberal Partido Renovador como principales contendientes. Los peronistas salteños se reconciliaron de manera impensada, aunque, en el marco de la estrategia «toma todo» del gobierno nacional, hay boletas que van por afuera del PJ y que dicen tener el aval del oficialismo. Esta vez los periodistas del diario viajaron a Salta y mostramos los pormenores de un escenario que en las últimas décadas tuvo drásticos cambios de dirigencia, tanto como en su economía bien manejada en sucesivos períodos por el actual gobernador Romero.
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Salta - Aunque no contó en sus filas con los Patrón Costas, al peronismo salteño no le faltaron apellidos como Cornejo, Saravia, Figueroa o Linares. Este partido se presume nacional y popular, pero si sólo se observa su pasado con una mirada parcial y prejuiciosa en torno a los apellidos, pareciera que aquí se puso más el acento en lo primero, en el sentido de tradicional, que en lo segundo.

Los Patrón Costas aportaron gobernadores liberales o de facto, un dominio que coexistió con la extensión territorial de la familia. Robustiano Patrón Costas llegó a tener un millón de hectáreas en el Norte, pero el presente de sus descendientes nada tiene que ver con aquella riqueza imperial.

No faltan quienes trazan en la provincia un paralelismo entre el traspaso del poder económico desde el linaje provincial hacia el «capitalismo moderno y anónimo» de la democracia reciente, y el surgimiento de Roberto Romero (jamás miembro del tradicional Club 20 de febrero) como gobernador en 1983 con el consecuente cambio de poder en el PJ local.

El romerismo doblegó de alguna manera a la tradición partidaria en una provincia en la que no faltan apellidos.
Sin embargo, es a partir de 1995, con Juan Carlos Romero, hijo de Roberto, quien ya va por el décimo año de gobierno, cuando esta corriente se torna decididamente hegemónica en el partido, de la mano del citado cambio de la estructura económica provincial a partir de privatizaciones, anclaje mediático, reelecciones, nombramientos en la Justicia y reforma constitucional.

Tras la debacle del gobierno de Fernado de la Rúa, Romero tuvo un tibio intento presidencial y terminó haciendo una apuesta a todo o nada al acompañar a Carlos Menem como candidato a vicepresidente en las elecciones de abril de 2003.
Meses después de la elección de Néstor Kirchner, Romero logró reformar ajustadamente la Constitución provincial para ser elegido por un tercer mandato. El titular del Ejecutivo salteño llevó al ex presidente a 44% de los votos en esta provincia, treinta puntos más que lo alcanzado por Kirchner y casi el doble de lo que Menem sacó a nivel nacional.

Con este escenario quedan pocas dudas de liderazgo de Romero en el PJ salteño.

Aunque está claro que el gobernador no es kirchnerista, las listas a diputados de octubre albergan a candidatos de uno y otro sector.

Romero usa la misma táctica que le permitió convivir con el menemismo, cuando cedió un lugar expectante en las listas a la ultramenemista Leila Chaya.
En esta ocasión, la lista peronista es encabezada por Osvaldo Salum (romerista) y secundada por la kirchneristaantirromerista Susana Canela, detenida durante cinco años en la última dictadura.

Claro que a un partido provincial con tantos tíos abuelos y a un gobierno con kirchneristas tan eclécticos, no le faltan ahijados.En consecuencia, va a haberinternas entre media docena de listas el 7 de agosto para postular a tres diputados nacionales (no se votan senadores).

• Toma todo

En la dirigencia de los partidos del interior, peronistas o no, hay cierta perplejidad y resignación ante la estrategia electoral «toma todo» del gobierno nacional. Allí donde puede hacer pie, Kirchner pone a su candidato ante la necesidad de formar una fuerza parlamentaria genuinamente propia. Sea en el PJ oficial, en la UCR o en variantes provinciales, y si es posible, en todos a la vez. ¿ Críticas? Puede no ser una mala estrategia electoral en el contexto actual de debilidad partidaria.

Salta no es la excepción. Unidos por Salta (una coalición que congregó a un arco variado de peronistas antirromeristas, UCR, Recrear, Barrios de Pie y ex Frepaso, entre otros, y que sacó 74.000 votos en 2003) derivó en Unidos por la Victoria y lleva ahora la candidatura de
José Vilariño, quien se identifica como kirchnerista de la primera hora y podría tener alguna chance de ser electo en la Cámara baja nacional. De todas formas, en filas de este frente figuran históricos pejotistas como el ex gobernador Hernán Cornejo y el ex senador Julio San Millán, impensables aliados del Presidente.

La principal oposición en Salta pasa por el Partido Renovador (PRS), una formación liberal liderada por el senador Ricardo Gómez Diez, ex candidato a vicepresidente de Ricardo López Murphy y artífice del apoyo que el PRS dio a la candidatura de De la Rúa-Alvarez en 1999 y de Menem-Ruckauf en 1995.
Este partido, fundado por el ex gobernador de facto Roberto Ulloa y en los hechos heredero de la conservadora Unión Provincial, postula la reelección de Andrés Zottos.

Política aparte, no hay que perder de vista lo importante en Salta: los últimos datos de 2004 marcan que 63,9% de menores de 18 años está en situación de pobreza.


En el gobierno de Romero admiten esta situación, a la que consideran endémica, pero matizan que en diez años se bajó la mortalidad infantil casi 15 puntos (a 16,5 por mil en 2004, casi en el promedio nacional).

Tras la privatización de la reserva Salta Forestal,
estallaron dos polémicas: la de los ambientalistas y la de los aparentes perjuicios que vienen atados al imperio de la soja.

Frente a sectores productivos, como el del Valle de Lerma ( tabaco, 100.000 empleos directos e indirectos, desarrollos minifundistas), las renacientes bananas de la zona de Orán o la Ruta del Vino del Sur (Cafayate), la provincia se encuentra en el Este y el Norte con los sectores más relegados. En Rivadavia, con una población de unos 15.000 salteños, entre aborígenes y criollos, se alcanzan los peores índices de desarrollo humano. Sobre la evolución de Anta, Vilariño, de Unidos por la Victoria, destaca: la explotación terminan en manos de cinco empresas.

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