Cuando ya son las 4 de la mañana Fernando De la Rúa no sabe si debe mantener como ministro a Domingo Cavallo o si, en cambio, tiene que expulsarlo del gabinete. El ministro de Economía, técnicamente fuera del cargo, sigue resistiendo su salida del gobierno a pesar de la inquietante pueblada que se realizó en su contra en la ciudad de Buenos Aires hasta la madrugada.
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Esa indefinición explica que hasta ahora no haya un comunicado oficial sobre esa renuncia que admiten todos los ministros del Poder Ejecutivo que presentaron, apenas terminó el mensaje de anoche del presidente por TV, la resignación a sus cargos para dejarle a De la Rúa las manos libres.
Cavallo creyó que era un gesto protocolar y simbólico y se brotó después de medianoche cuando veía por las pantallas de TV que la movida se había vuelto indeclinable y con el solo propósito de sacarlo del sillón de ministro.
Mientras el Presidente medita sobre esa decisión que le resulta, como tantas otras, muy difícil de adoptar, un grupo de hombres de su gobierno resolvió avanzar hacia un pacto con el PJ que incluya la incorporación de dirigentes de ese partido al elenco oficial.
Este acuerdo era negociado hasta aproximadamente las 2 y media de la madrugada en la casa de Enrique Nosiglia por Chrystian Colombo, Carlos Becerra y Ramón Mestre con dirigentes de todo el arco del PJ, desde Carlos Menem (representado por Eduardo Bauzá y Eduardo Menem) y Ramón Puerta hasta Eduardo Duhalde y Rubén Marín. Pasaron por esa sede oficiosa del oficialismo de la calle Arenales en el barrio Norte de la Capital Federal hombres como Raúl Alfonsín y Angel Rozas.
La aspiración de estos funcionarios radicales es establecer un pacto con el peronismo que incluya también a Alfonsín y Rozas (presidente de la UCR) y llevar el resultado de ese acuerdo a la mesa de De la Rúa para que lo acepte como un hecho consumado. En otras palabras: una corriente importante de la UCR, encabezada anoche por Colombo y Nosiglia, quiere imponerle a De la Rúa un acuerdo de gobernabilidad con participación del peronismo con la condición de que, si no lo acepta, será la propia UCR la que lo abandone y deje caer.
Mientras se urdía este entendimiento en distintos conciliábulos nocturnos, De la Rúa permaneció en Olivos encerrado con su entorno más íntimo, casi exclusivamente familiar. Ya contaba con la renuncias de todos sus ministros, ofrecidas "voluntariamente" para conseguir sólo una, la de Cavallo, quien anoche desmintió su alejamiento en varias conversaciones telefónicas, entre ellas una con su asesor sobre canje de deuda, Jacob Frenkel.
De nada sirvió la pueblada de 100.000 personas que se lanzaron a las calles de Buenos Aires ni el piquete especial que se montó en la puerta del domicilio del ministro, en Libertador y Ocampo.
Mientras se producía esta última batalla de Cavallo -sus colaboradores más estrechos decían no saber el destino del economista- en el gobierno se elaboraba un plan posible para atravesar la grave crisis. En ese plan figura la eliminación del Ministerio de Economía y el traslado de la secretaría de Finanzas y de la secretaría de Hacienda a la órbita de la Jefatura de Gabinete, que seguiría ocupando Colombo. La secretaría de Financiamiento tendría como titular a Daniel Marx o, si éste no aceptara, a Miguel Kiguel. En Hacienda todavía no se encontró la figura definitiva pero todos ponen fichas a Eduardo Delle Ville, quien secundó a De la Rúa como secretario de Hacienda de la ciudad de Buenos Aires.
Además de estas modificaciones, se crearía una nueva cartera, la de Producción, que sería puesta en manos de algún representante del denominado "Grupo Productivo" (se supone a José Ignacio "Bocha" de Mendiguren como el candidato a ocuparla). El objetivo de esta invención es satisfacer las expectativas "keynesianas" de un sector del radicalismo, como el que encabeza Alfonsín.
En cambio al PJ se lo suponía anoche más interesado en otro instrumento de poder: el Banco Central, adonde podría introducir a algún técnico de prestigio.
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