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Extremistas judíos preparan su guerra
Jerusalén - El muchacho obeso que se vino a Israel porque no encontraba novia entre las princesas judías de Nueva York; el rabino anacoreta; la alemana que se convirtió al judaísmo para expiar las culpas de sus abuelos... Es como si los personajes más estrafalarios militasen en los Fieles del Templo, una organización dedicada a reconstruir el Templo de Salomón en el mismo monte donde hoy se alzan las mezquitas de Jerusalén.
La sede de los fieles se halla estratégicamente emplazada. Desde la terraza se dominan los barrios árabes y, encima de todo, la mezquita de Al Aqsa y la de Omar, cuya soberanía según el plan Clinton sería transferida a los palestinos.
Ruinas
Bajo los cimientos de las mismas mezquitas se encuentran las ruinas del templo. «El templo hacia el cual los judíos hemos dirigido nuestras oraciones durante 2.000 años», masculla Yehuda Etsión, jefe de los Fieles del Templo.
La cúpula dorada de la mezquita de Omar se refleja en el cristal de sus anteojos. En otra ocasión Etsión nos refirió la historia de cómo, sin ninguna jactancia, el ex oficial de ingenieros rememoró cómo horadaron un túnel y cómo se disponían a colocar las cargas cuando fueron sorprendidos por el Servicio de Seguridad General de Israel (Shabak) a causa de una delación. Yehuda Etsión no lamenta haber pasado un año en la cárcel. Es más, el colono está dispuesto a sacrificar nuevamente su libertad, con tal de desbaratar en ciernes la gran herejía.
Los preparativos para la batalla de los hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas se encuentran en su apogeo. En la terraza de la sede nacionalista ya se apilan las bolsas de tierra que absorberán la metralla. «La casa dispone de un generador, de víveres y de artículos de primeros auxilios», dice el joven obeso.
Yehuda Etsión atisba con los binoculares la Explanada de las Mezquitas. De tanto practicar este hábito, ha aprendido a reconocer a cada uno de los imames (sacerdotes islámicos) y a los mendigos de la pileta de las abluciones. «Estos son tus enemigos, Israel», pronuncia sin quitar la vista del monte.
«Y los israelíes que militan en la izquierda, los partidarios del acuerdo que se está gestando, ¿qué será de ellos?», le pregunto. «De los traidores nos ocuparemos a su debido tiempo», responde mientras limpia con un pañuelo los cristales de los prismáticos. El sol declina, es hora de pronunciar las oraciones vespertinas: Etsión, el muchacho obeso y el rabino se cubren, depositan las metralletas en un rincón y con los ojos entornados pronuncian: «Oh, Jerusalén, de tus rangos surgirán tus destructores».


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