2 de abril 2002 - 00:00

Francés ayudó, en secreto, a disparar primer Exocet

El 4 de mayo de 1982, la primera ministra Margaret Thatcher y su gabinete de guerra, reunidos en Chequers (residencia de descanso del jefe del gobierno británico), quedaron atónitos con el informe de que un avión Super Etendard de la Marina argentina había lanzado un misil Exocet impactando al destructor Sheffield. La colaboración de un puñado de ingenieros y técnicos de las empresas francesas dueñas del diseño del Super Etendard que permanecieron en la Argentina hasta principios de 1982 facilitó luego que los marinos argentinos, sin ayuda de Francia, pusieran operable el arma y lanzaran con éxito en dos oportunidades: destructor Sheffield y transporte Atlantic Conveyor.

«En la guerra hay países amigos, aliados y enemigos, pero para las empresas de armas, sólo son negocios»
, así, descarnadamente se expresó el técnico de una contratista de defensa extranjera que fue uno de los anónimos participantes de la complicada puesta a punto del sistema avión-misil que terminó con los días del Sheffield.

Paralelamente, hubo complicadas operaciones de desinformación llevadas a cabo por el Servicio de Inteligencia Naval y por el entonces capitán de navío Julio Lavezzo, segundo al mando de la comisión de compras de los «Super» en París, para despistar al MI-6, la agencia de espionaje exterior de Gran Bretaña.

Como en una novela bélica, una historia de amor entre un técnico francés y una argentina que culminó en matrimonio. François Mitterrand se comprometió ante Margaret Thatcher a bloquear la transferencia de técnicas y abastecimientos del avión Super Etendard y de misiles Exocet tan pronto como los servicios de inteligencia de ambos países tuvieron indicios seguros de que la crisis por Malvinas desembocaría en un conflicto armado. Así lo confirmó John Nott, ex secretario de defensa inglés durante la guerra, en sus memorias publicadas el 14 de marzo de este año, en vísperas del 20 aniversario del inicio de la guerra, que se cumple hoy. La Argentina había ordenado en 1979 quince Exocet a la empresa estatal francesa Aerospaciale. La compra se completaba con catorce aviones Super Etendard, provistos por la compañía Dassault Breguet. En noviembre de 1981, cinco meses antes del desembarco argentino en Malvinas, sólo se habían recibido 5 misiles con 5 aviones lanzadores. Los restantes serían entregados el año siguiente. En rigor, nunca llegarían al país. El gobierno francés no pudo, no quiso o no supo detener a los representantes de las empresas que intervinieron en el desarrollo y fabricación del avión -Dassault-Breguet, Thomson CSF, Sagem y Snecma-, quienes estuvieron en la Argentina hasta comienzos del verano de 1982. La única empresa que no envió a sus técnicos fue Aerospaciale, fabricante del misil Exocet. Por eso, la inteligencia británica creía que la Armada Argentina no había logrado instalar y activar los Exocet en los aviones Super Etendard: operación compleja que requería tecnología y dominio de software.

•Razones de peso

La resistencia del conglomerado de contratistas de defensa franceses tenía razones de peso: un lanzamiento exitoso homologaba el sistema avión-misil en combate, única prueba que seduce a los países a la hora de decidir la compra para sus fuerzas armadas. Pierre Guiminot, de Thomson CSF; el ingeniero Colin, de Dassault-Breguet; y el ingeniero Larrieu, de Sagem trabajaron codo a codo con los aviadores navales y técnicos en la base Comandante Espora. La presión del gobierno francés se hizo insostenible, y todos los técnicos -salvo Guiminot, de Thomson CSF-retornaron a Francia. La empresa Thomson tenía a cargo un sistema que permite el «diálogo» de los sensores del avión (el radar) con el complejo mecanismo de guiado del misil hasta el blanco. «Era el técnico que más cerca estaba de conocer los misterios del misil en ausencia del fabricante Aerospaciale», dijo una fuente naval que por razones de secreto de estado no dio su nombre.

Además, Guiminot quedó prendado de los encantos de una argentina, profesora de francés, oriunda de Bahía Blanca, con quien se casó y residen actualmente en París. Lo que el gobierno de Francia no sabía ni tampoco los británicos era que se había conseguido un curso especial sobre el avión y sus armas que fue dictado en Francia meses antes del conflicto. Fuera de los lanzamientos de bombas y otras «transferencias» habituales del entrenamiento, los acuerdos suscriptos entre los gobiernos de París y Buenos Aires excluían, en efecto, que los pilotos argentinos fueran adiestrados en el uso de los sistemas de armas completos de Super Etendard. Tras el éxito de la misión aeronaval contra el Sheffield y el Atlantic Conveyor hubo operaciones de desinformación llevadas a cabo por agentes del Servicio de Inteligencia Naval destinadas a neutralizar el sabotaje de los británicos. «Para encubrir los movimientos de los misiles saturábamos las comunicaciones con datos falsos haciendo creer a quienes pudieran estar escuchando que las tareas de mantenimiento de los Exocet se realizaban en la misma base de Río Grande», dijo a este diario un excombatiente. Diariamente había que efectuar controles a los Exocet, cuya complejidad obligaba a trasladarlos desde Río Grande -viaje que los exponía a sabotajes-hasta la base aeronaval Comandante Espora, en Bahía Blanca. El jefe de armamento de la Escuadrilla -su nombre se mantiene en secreto, pues aún está en actividad-y un equipo de suboficiales eran los responsables de descolgar los misiles de los Super y luego un avión Fokker F-28 de la Aviación Naval depositaba la mortífera carga en Bahía Blanca. Al día siguiente, a las siete de la mañana, el Exocet retornaba a Río Grande listo para ser emplazado nuevamente en el Super en espera de otra misión. Los británicos sabían que la base de Río Grande estaba muy bien custodiada por infantes de marina y radares de la Fuerza Aérea. No obstante, idearon una misión extrema para las fuerzas especiales SAS que no llegaron a cumplir: la destrucción de los misiles, los cinco aviones Super Etendard y eliminar a los pilotos. El plan abortó cuando el helicóptero Sea King que transportaba un grupo explorador de las SAS fue detectado el 17 de mayo por los viejos radares SPS 40 de los destructores Bouchard y Piedrabuena. Informes de inteligencia dicen que las tropas de elite británicas se replegaron vía Chile y que el helicóptero fue incendiado por su tripulación.

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