28 de marzo 2001 - 00:00

Inesperado indulto de Cavallo a senadores

Domingo Cavallo se ganó ayer al bloque PJ: en privado y delante de los «movileros» reivindicó a los senadores salpicados por el supuesto affaire de las coimas y se identificó con ellos como «víctima de una persecución judicial».

Antes, hizo un mea culpa para asegurarse de que no tendría inconvenientes con la aprobación de las facultades especiales. «Quiero aclararles que, cuando hablé de que los senadores debían renunciar, no pensé que habían cometido actos de corrupción», siguió en su visita de la víspera al Congreso.

Como si hubiera regresado al oficio de canciller -obviamente, con la experiencia política que le faltaba en la década pasada-, acotó que «estaba seguro de que, si renunciaban, la mayoría iba a revalidar títulos porque eran legítimos representantes de sus provincias».

«Yo sé el dolor de sus familias porque lo viví en carne propia con 50 denuncias en mi contra»
, simuló emocionarse ante el silencio de los dueños de casa que no salían del asombro. «El peor gobierno es el de los jueces», abundó en tren de conquistar voluntades. A esa altura, Augusto Alasino, Alberto Tell, Remo Costanzo y Ricardo Branda, entre otros legisladores que fueron involucrados en pesquisas tribunalicias, lo miraban extasiados. Los provinciales que habitualmente levantan la mano en sincronía con el PJ (los fueguinos Ruggero Preto y Marcelo Romero, más el «Sapag bueno» -como le dicen los amigos-, Felipe) se restregaban los ojos.

Muy diplomático y con palabras que parecían ensayadas para conmover a la platea, señaló que «en los 6 años que estuve en el Ministerio de Economía, nunca viví una situación como la que quisieron endilgarles». «Bauzá, Menem y Alasino son testigos de que lo que digo es cierto», insistió, sin reparar en que estaba incurriendo en una obviedad. El operativo seducción se prolongó en otras explicaciones sorprendentes. «Por otra parte, jamás me referí a sobresueldos en el Poder Legislativo, siempre lo hice en alusión al Ejecutivo porque estaba convencido de que había que blanquearlos», comentó.

E. Menem
agradeció el gesto cavallista, pero aprovechó para pasar facturas al oficialismo. «Les dimos todas las leyes, pero no sirvió de nada porque el Frepaso se ensañó con nosotros y nos llenó de desprestigio», reprochó el riojano. Cavallo no recordó en ese momento que Carlos Chacho Alvarez había sido uno de los promotores de su incorporación al gabinete. Menos que él había alentado el regreso del líder frepasista al gobierno en los últimos 10 días.

Alasino metió un bocadillo mordaz. «Ojalá lo que dijiste acá lo puedas repetir afuera», chicaneó al visitante. En conferencia de prensa, el titular del Palacio de Hacienda habló de la «responsabilidad y el patriotismo» de los senadores. Sin la misma prodigalidad de elogios, hizo una síntesis de las palmadas en la espalda que repartió a puertas cerradas. «Vine a decirles que no creo en las cosas que se dicen y que la política no debe judicializarse; porque yo fui también víctima de denuncias sin sentido». Desde la semana pasada -cuando comenzó a debatirse la primera parte de la Ley Reactivante-, Alasino comenzó a pregonar que el bloque debía invitar a Cavallo. «El dijo algunas cosas sobre nosotros que convendría aclarar», se plantó el entrerriano. «Es cierto -intercedió el jujeño Tell-, siempre nos pegan y después vienen a pedirnos que ayudemos.»

Alasino
volvió a despertar simpatía en el gobierno, tras percatarse de que -sin declarar la emergencia pública-no podían votar la delegación de potestades. «Podemos terminar todos procesados», alertó a propios y ajenos con un ejemplar de la Constitución.

Ayer, el pedido de Alasino se convirtió en una necesidad y precipitó el desembarco del ministro, que tenía previsto acercarse hasta la Cámara alta esta tarde cuando se tratara la cesión de facultades especiales. «Es el que tiene que arreglar los cambios con los diputados de la Alianza, porque la ley debe llegar lista acá», tiró sobre la mesa José Luis Gioja a sus compañeros, poco después del mediodía.

Todos asintieron y encomendaron al jefe de bancada para que cursara de inmediato el convite. A esa hora, estaban muy preocupados porque no habían tenido demasiado éxito en las gestiones con la otra rama parlamentaria. Anteanoche, habían clamado para que reconsideraran el plazo de un año que le otorgaban a la cesión de potestades y lo cambiaran por 6 meses.
«Si no lo cambian ellos, vamos a tener que devolverles el proyecto y no va a haber ley», se sinceraron los emisarios del Senado. Tell y Julio San Millán (Salta), entre otros, habían preparado minutas para sus colegas de la Cámara baja.

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