18 de septiembre 2004 - 00:00

Kirchner hizo la oferta a Redrado de madrugada y a 10 mil metros de altura

Néstor Kirchner resolvió el relevo de Alfonso Prat-Gay en el Banco Central entre las 7 y las 11 de la noche del jueves en un giro de la decisión que sorprendió a todos. A esta hora (11 PM, 4 AM de ayer para España), el piloto del avión de línea que conducía a Martín Redrado de regreso a Buenos Aires despertó al economista en su sillón de la primera clase. " Tengo un mensaje urgente de Buenos Aires, el presidente quiere que lo llame a este número", le dijo acercándole un papelito.

Redrado se recompuso, echó mano del teléfono satelital por tarjetas que hay en el avión y lo llamó a Kirchner. El presidente lo terminó de despertar con la oferta de reemplazarlo a Prat-Gay en el Central. Aceptó de inmediato mientras armaba los argumentos que usaría después la justificar su decisión y con el mismo olfato puso una sola condición, que Kirchner cedió, que le acepte por lo menos una terna de nombres para asumir en la secretaría que deja en la Cancillería y que el elegido confirme a la segunda línea de funcionarios que lo acompaña.

Kirchner no le dio muchas explicaciones sobre la salida de Prat-Gay, apenas sintetizó sobre una disidencia sobre el tratamiento que hace el gobierno de la reestructuración de la deuda. Cuando Redrado bajó del avión, pasó fugazmente por su casa y recién duchado disparó a la Casa de Gobierno. Kirchner ya había partido hacia Santa Cruz y Alberto Fernández fue uno de los encargados de contarle qué había pasado.

Hasta el jueves a las 7 de la tarde Prat-Gay y Pablo Lacoste estaban nominados por el presidente para un nuevo mandato en el Central. Seguía una discusión sobre los nombres de los directores pero no se dudaba de la cúpula. A esa hora Prat-Gay logró verse en persona con el presidente para conversar los detalles pendientes. En esa charla se produjo el cortocircuito motivado en la forma como Roberto Lavagna encara la reestructuración de la deuda. Testigos de ese diálogo dicen que Prat-Gay insistió en que debía avanzarse en un pago adelantado a bonistas como muestra de buena fe. También deslizó una crítica al estilo de Lavagna de proclamar superávit en recaudación y ejecución del gasto con una estridencia tal que alimentaba la creencia, del lado de los bonistas, de que la Argentina podía ofrecer más de lo que está ofreciendo.

El presidente le respondió: " La política sobre la deuda no es la de Roberto, no es la del ministro, es la del presidente".

Prat-Gay volvió de esa reunión al Banco Central sin advertir que se había roto algún vidrio. Celebró ante algún director el duhaldista Jorge Levy la continuidad al frente de la institución.

En el edificio de enfrente -Casa de Gobierno- había comenzado otra película. Kirchner debatió con el entorno de los más íntimos que debía rever la confirmación de Prat-Gay y de Lacoste. Habilitó entonces un plan B para la contingencia, algo discutido hace por lo menos dos meses, que consistía en ofrecerle el Central a Redrado con Miguel Pesce (el radical titular de la SIGEN, un hombre que se referencia hoy en Alberto Fernández aunque la relación es reciente) de segundo. Redrado nunca había oído hablar de ese plan. Pesce sí. Cuando viajó a Santiago del Estero hace varios meses como ministro de Economía del interventor Pablo Lanusse ya sabía que en octubre asumiría como director del Central, adonde ya fue representante del ministerio de Economía y donde trabajo a cargo del mega-fideicomiso para bancos y empresas defaulteadas.

Pidió, cerca de las 11, que lo buscasen a Redrado. Éste había pasado la semana en Europa entrevistándose en París con Peter Mandelson, el nuevo comisario para el comercio de la Unión Europea (es uno de los creadores de la
" tercera vía" del laborismo para Tony Blair, reemplaza al gravitante Pascal Lamy). En la tarde del jueves, Redrado había hablado en un coloquio sobre comercio internacional organizado por el diario ABC y ya estaba volando de regreso. Los funcionarios de la presidencia usaron los mecanismos que sólo en ese nivel se cuentan para detectar a personas en tránsito los mismos que se emplearon hace dos meses para localizarlo al jurista Héctor Masnatta en una playa desierta del Brasil-, sin comunicación con el resto del planeta, para ofrecerle la Procuración del Tesoro y lo capturaron en pleno vuelo para ofrecerle un cargo de irresistible aceptación. " Para un economista estar en el Central es algo que no se puede rechazar", decía anoche a sus amigos Redrado. " Además ya es hora de hacer un balance de mi gestión en la Cancillería, y la situación del Central es buena porque la política monetaria está clarificada", agregaba.

¿Qué volcó al presidente en esta decisión? No sólo la disidencia sobre la deuda. También le sirvió el caso para un pingüinazo: disciplinar a funcionarios que manifiestan un vuelo que les hace olvidar quién manda. En los últimos días era visible la irritación del presidente por los titulares que afirmaban que Prat
- Gay sería confirmado y que encima ponía condiciones sobre quiénes serían los nuevos directores. Eso no le gusta a ningún presidente cuando hace cambios y menos a este Kirchner, tan celoso en preservar su autoridad que cree siempre amenazada como si dudase de su control de la situación. Molestó mucho al presidente un editorial de La Nación en defensa de esa continuidad de los últimos días que no lo ayuda nada a Prat-Gay.

A esa irritación se sumaron reproches a espaldas del funcionarios saliente sobre sus conversaciones inconvenientes con senadores para asegurarse un acuerdo que el presidente quería tramitar él solo y según sus métodos; también las quejas de los heridos del sistema financiero que se crea siempre quien manda en el Central, algunos con especial llegada al despacho presidencial.

Lo demás son interrogantes. ¿Era el mejor momento en medio de la renegociación de la deuda y a la espera de la revisión del programa con el FMI- hacer este cambio, pese a que el prestigio de Redrado en el exterior es alto, como el de Prat
-Gay, y que en lo ideológico y en lo técnico tienen gran identidad entre sí, y eso el mercado lo sabe? ¿Ayuda la señal que se transmite de que no hay intermediarios entre el presidente y los acreedores con este relevo en pleno debate con éstos? ¿Es oportuno desarmar los dos sectores que han funcionado mejor con este gobierno y el anterior que son el Central con Prat-Gay y Comercio Internacional con Redrado, que ha prestado un servicio poco reconocido abriendo mercados para los productos argentinos en todo el mundo y firmando acuerdos de comercio que han desbloqueado situaciones que se arrastraban desde hace años? El tiempo lo dirá.