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Kirchner hizo la oferta a Redrado de madrugada y a 10 mil metros de altura
En el edificio de enfrente -Casa de Gobierno- había comenzado otra película. Kirchner debatió con el entorno de los más íntimos que debía rever la confirmación de Prat-Gay y de Lacoste. Habilitó entonces un plan B para la contingencia, algo discutido hace por lo menos dos meses, que consistía en ofrecerle el Central a Redrado con Miguel Pesce (el radical titular de la SIGEN, un hombre que se referencia hoy en Alberto Fernández aunque la relación es reciente) de segundo. Redrado nunca había oído hablar de ese plan. Pesce sí. Cuando viajó a Santiago del Estero hace varios meses como ministro de Economía del interventor Pablo Lanusse ya sabía que en octubre asumiría como director del Central, adonde ya fue representante del ministerio de Economía y donde trabajo a cargo del mega-fideicomiso para bancos y empresas defaulteadas.
Pidió, cerca de las 11, que lo buscasen a Redrado. Éste había pasado la semana en Europa entrevistándose en París con Peter Mandelson, el nuevo comisario para el comercio de la Unión Europea (es uno de los creadores de la " tercera vía" del laborismo para Tony Blair, reemplaza al gravitante Pascal Lamy). En la tarde del jueves, Redrado había hablado en un coloquio sobre comercio internacional organizado por el diario ABC y ya estaba volando de regreso. Los funcionarios de la presidencia usaron los mecanismos que sólo en ese nivel se cuentan para detectar a personas en tránsito los mismos que se emplearon hace dos meses para localizarlo al jurista Héctor Masnatta en una playa desierta del Brasil-, sin comunicación con el resto del planeta, para ofrecerle la Procuración del Tesoro y lo capturaron en pleno vuelo para ofrecerle un cargo de irresistible aceptación. " Para un economista estar en el Central es algo que no se puede rechazar", decía anoche a sus amigos Redrado. " Además ya es hora de hacer un balance de mi gestión en la Cancillería, y la situación del Central es buena porque la política monetaria está clarificada", agregaba.
¿Qué volcó al presidente en esta decisión? No sólo la disidencia sobre la deuda. También le sirvió el caso para un pingüinazo: disciplinar a funcionarios que manifiestan un vuelo que les hace olvidar quién manda. En los últimos días era visible la irritación del presidente por los titulares que afirmaban que Prat- Gay sería confirmado y que encima ponía condiciones sobre quiénes serían los nuevos directores. Eso no le gusta a ningún presidente cuando hace cambios y menos a este Kirchner, tan celoso en preservar su autoridad que cree siempre amenazada como si dudase de su control de la situación. Molestó mucho al presidente un editorial de La Nación en defensa de esa continuidad de los últimos días que no lo ayuda nada a Prat-Gay.
A esa irritación se sumaron reproches a espaldas del funcionarios saliente sobre sus conversaciones inconvenientes con senadores para asegurarse un acuerdo que el presidente quería tramitar él solo y según sus métodos; también las quejas de los heridos del sistema financiero que se crea siempre quien manda en el Central, algunos con especial llegada al despacho presidencial.
Lo demás son interrogantes. ¿Era el mejor momento en medio de la renegociación de la deuda y a la espera de la revisión del programa con el FMI- hacer este cambio, pese a que el prestigio de Redrado en el exterior es alto, como el de Prat-Gay, y que en lo ideológico y en lo técnico tienen gran identidad entre sí, y eso el mercado lo sabe? ¿Ayuda la señal que se transmite de que no hay intermediarios entre el presidente y los acreedores con este relevo en pleno debate con éstos? ¿Es oportuno desarmar los dos sectores que han funcionado mejor con este gobierno y el anterior que son el Central con Prat-Gay y Comercio Internacional con Redrado, que ha prestado un servicio poco reconocido abriendo mercados para los productos argentinos en todo el mundo y firmando acuerdos de comercio que han desbloqueado situaciones que se arrastraban desde hace años? El tiempo lo dirá.

