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La dolarización puede reactivar
1) Devolución de impuestos al consumo: el efecto «blanqueo» está en línea con todas las medidas de «pago a cuenta» del IVA que el gobierno ha encarado; cabe esperar en esto, efectos positivos, pero de mediano plazo. En cuanto al efecto «reactivante», es una variante de la suspendida devolución de impuesto a las ganancias. El problema, es que ante la ausencia de poder financiar déficit, lo que se le «devuelve» a uno, se le «quita» a otro. No sería de extrañar que la misma persona a la que se le devolverán $ 3 de cada $ 100 que gaste, se le saquen $ 1 por impuesto al cheque, $ 1 por menores salarios o cargas de familia, y $ 1, por arancelamiento universitario, o menor aguinaldo, o menor ingreso a su mujer si es maestra (anulación incentivo docente), etc, etc. Con lo cual es poco o nada lo que podría reactivar una medida así.
2) Canjes de deuda: más que bienvenido todo canje de deuda, en el que puedan usarse garantías que abaraten el costo de la misma. Hasta ahora hay: A) u$s 3.000 millones del FMI, y vagas promesas para engrosar esa cifra (que debe al menos multiplicarse por 3 para que pueda verse algún efecto palpable). B) una negociación con los bancos para que les presten a las provincias a tasas bajas y con capitalización de intereses y c) una negociación para que bancos y especialmente AFJP acepten canjear bonos que rinden más de 20% por otros que rindan menos de 10%, a cambio de «garantías de flujos impositivos».
Expectativas negativas
En este penoso marco, en el cual las probabilidades de «éxito» de las políticas oficiales son bastante bajas, se necesitaría pensar en un plan «B». Entre estos planes B, el mejor (a mi juicio), es el de «dolarización bilateral». Es decir, no una dolarizacion unilateral (con alto riesgo de hiperinflación en el camino), sino una dolarización acordada con los EE.UU. (el momento político en los EE.UU. es bastante más favorable que un par de años atrás), que permita «descontar» los flujos del señoreaje (intereses por las reservas depositadas en el exterior), y contar entonces con unos u$s 12.000 millones «frescos».
Esto sí sería verdaderamente reactivante (sea para prestar a las empresas, para canjes de deuda importantes, etc). Una dolarización que permita eliminar el altísimo riesgo cambiario que se ha instalado en los últimos meses en la Argentina, de modo que quien invierta o consuma en este país, no deba considerar si 1 dólar valdrá 1 peso, 2 o 3 en un futuro más o menos cercano. Esto también sería hoy verdaderamente reactivante.
Plan B
Sin considerar los préstamos del FMI y de los bancos internacionales (repos), las reservas totales del sistema financiero cayeron u$s 16.325 millones de marzo a la fecha. Esperaría que antes de que se pierdan muchos dólares más (y que de hecho el señoreaje desapareciera), el gobierno considere seriamente a la «dolarización bilateral» como un posible plan B. Antes también, de que otros planes B finalmente nos pudieran llevar a traumáticas devaluaciones (y finalmente también a desordenadas dolarizaciones) y a «punciones», que perjudicarían a la mayoría de los argentinos, y que sólo beneficiarán a los que quieren que la Argentina sea un país siempre «potencialmente» rico, pero «realmente» enfermo y empobrecido, sólo apto para inversores demasiado audaces, aventureros, malandras, o especuladores de toda laya.


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