12 de enero 2001 - 00:00

Lopérfido no se desdobla

Celebraba anoche Darío Lopérfido un triunfo en la siempre amarga lucha interna dentro del gobierno porque logró imponer un diseño burocrático que le asegura continuidad como responsable de Cultura y Comunicaciones. Un decreto que firmó a última hora Fernando de la Rúa amplió su secretaría presidencial, creando una que se dedicará a atender a la prensa oficial. La asumirá el periodista Ricardo Rivas (ex NA, ex Mathov (de quien se decía ayer que estaría distanciado), ex De Santibañes), que se desempeñaba hasta ahora como contratado en la Casa de Gobierno. Esta designación la anunció Ricardo Ostuni, vocero presidencial, como una «sorpresa» dentro del paquete de cambios del gabinete. No aclaró esta broma, que distrajo durante varias horas a la prensa y a los funcionarios.

Con el nuevo diseño, Lopérfido suma una subsecretaría debajo de su cargo, la de Cultura, que seguirá ejerciendo el arquitecto entrerriano Hugo Storero, y esta de Comunicaciones a cargo de Rivas, un hombre que alcanzó notoriedad en el último tramo de la gestión de Fernando de Santibañes como jefe de la SIDE.

Entre las novedades que el ex banquero llevó al organismo imaginó esta de poner un vocero de los arcanos del espionaje criollo pero el abrupto final del primer gabinete en octubre pasado no le dio a Rivas oportunidad de desplegar sus destrezas.

Taponamiento

Pasó entonces a revistar en la Presidencia de la Nación como funcionario sin cargo jerárquico del área de prensa, de donde lo sacó Lopérfido ayer para taponar las operaciones que adivinó en su contra. Estas vaticinaban un desdoblamiento de Cultura y Comunicaciones en dos áreas separadas, de las cuales en el mejor de los casos Lopérfido conservaría la primera. En el peor de los casos, asumiría un cargo diplomático.

El área de prensa oficial le sería arrebatada a manos de algunas de las diversas bancas de prenseros que cercaban la oficina de Lopérfido desde su última crisis, la visita de Fernando de la Rúa al programa de Marcelo Tinelli en el cual fue agredido por un activista de La Tablada.

Los adversarios del secretario buscaron proyectar sobre él la responsabilidad del hecho, dejando a un lado la de los custodios del canal o de la Policía Federal, o la eficacia del agresor, que logró superar todas las barreras de seguridad con apenas un carnet de inspector del Sindicato de Músicos.
Lopérfido era, según esas críticas, el culpable de todo por proponerle al Presidente asistir a ese programa donde un imitador se burlaba de él de mala manera.

También por ironizar sobre el hecho caracterizándolo como un «acting», género del drama terapéutico.

El gobierno definió también cuál será la tarea de
Rivas como subsecretario: aunque dependerá de Lopérfido, funcionalmente trabajará como asistente de Ricardo Ostuni en sus tareas como vocero presidencial. Este funcionario fue en realidad quien produjo hace ya varios meses un desgajamiento en el área de prensa sobre Lopérfido a partir de una maniobra incruenta de De la Rúa: le sacó la vocería al secretario y exaltó a su secretario privado, Ostuni, sin necesidad de modificar los privilegios burocráticos de ninguno de los dos. Un clásico del exasperante estilo presidencial de tomar decisiones.

De Rivas dependerán dos directores que conviven dificultosamente en la interna del gobierno: el loperfidista Juan Manuel Romero (Prensa) y el inesista Damián Sánchez Ruival (Difusión). Esta determinación de
De la Rúa tiene ganadores y perdedores, pese a que Lopérfido y Ostuni intentaron ayer mostrar el cambio como una decisión pacífica y sin implicaciones políticas:

Rivas
viene de ser vocero de Enrique Mathov, uno de sus introductores en el gobierno. Cuando el actual secretario de Seguridad Interior ocupaba la cartera de gobierno, Rivas obtuvo funciones de prensa.

El mismo funcionario lo promovió en el orden nacional cuando llegó a ser el vocero de la SIDE.
Mathov tiene como uno de sus principales aliados en las cercanías del Presidente al secretario privado Leonardo Aiello, cuya opinión fue escuchada por el Presidente al tomar esta decisión.

Los sectores que ayer se lamentaban por lo que pasó son varios y ante la no-vedad buscaron refugio en el silencio. Uno fue el que anima la empresa de prensa de
César Mansilla -en quien Lopérfido identifica a sus principales adversarios-, que había logrado una alianza en el último tiempo con el director de «Radio Nacional», Mario Cella. Este, sin embargo, pacificó sus relaciones con Lopérfido en la última semana en una reunión en la cual negó que estuviera detrás de las operaciones en contra del secretario.

El sector de
Mansilla se atribuye el control de la prensa de algunos ministerios (Economía, Jefatura de Gabinete, Relaciones Exteriores, Educación) y ha logrado hacer llegar algunas propuestas a la propia Presidencia de la Nación para las próximas elecciones.

Un segundo sector postergado es el que intentó hace dos meses acercar a algún político a la vocería presidencial. Desde el Congreso se habló del diputado
Juan Pablo Baylac, promovido por el presidente de la Cámara de Diputados, Rafael Pascual. Esta movida no era tan agresiva como la anterior dada la amistad entre Pascual y Lopérfido. Consideraban, sin embargo, que la prensa oficial debía ir a una figura de la política y sacarla de la gente de prensa. En esta movida se les atribuyó participación también a sectores del alfonsinismo, que también interesaron en vano a algún diputado nacional mandato cumplido de la provincia de Buenos Aires.

Otra banda desairada es la del inesismo, encarnada en el sector de funcionarios que atiende al Presidente por las mañanas en Olivos y que suele acompañar las actividades de
Inés Pertiné como primera dama. El más importante de estos funcionarios es Damián Sánchez Ruival, a quien el Presidente ha sostenido aun en los momentos más tensos de la relación de éste con Lopérfido. El secretario de Medios alcanzó su actual posición por sobre este sector, cuyo verdadero gerente es el ex vocero de De la Rúa Miguel de Godoy. Este permanece hoy a la sombra del gobierno y también mantiene relación directa desde el llano con el Presidente, quien le encarga cada tanto mandados puntuales en el área de prensa. Esto lo sabe Lopérfido, pero sostener esta tensión parece ser una de las aficiones del Presidente en los ratos libres de Olivos.

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