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Menem en Tribunales le da renovada vida al peronismo
Si De la Rúa se toca la barba porque afeitan a su vecino, lo mismo hace Ruckauf. Tambien a él lo sobrevuela un conflicto judicial añoso de cuando era embajador en Roma, el pedido de unas coimas a un empresario italiano de la época de «robo para la corona» -los mismos tiempos singularmente de la Italia previa a la «mani pulite» y en los que el empresario, por supuesto, desarrollaba sus negocios-por la instalación de unas estaciones de gas, causa en apariencia prescripta, pero a la cual se abocó -viajando exclusivamente para esoun fiscal de la Oficina Anticorrupción. Casi como investigar la Italo o la Chade, aunque para Ruckauf -por más que se mencione a los hermanos Yoma o a otros cercanos a Menem-el caso es más complicado: como nunca dejó de ser funcionario público, para él nada ha prescripto. Tal vez sólo firmó cartas de presentación o introducción como corresponde a cualquier diplomático, pero en la nueva cultura de la «asociación ilícita», bien puede ser convertido en organizador, jefe o gerente de los delitos. En un país que no crece económicamente hace tres años es lógico que todos piensen que somos una «asociación ilícita». Pero la rabia popular, que se sepa, no está incorporada al Derecho.
Lo de Stornelli es un alimento terrestre para el justicialismo: lo hace vivir, protestar, amenazar, movilizar, predicar y entorpecer si es necesario. Hasta ahora el PJ parecía paralizado por la crisis económica, hoy le han encontrado un sentido a la política. Se siente perseguido, discriminado -»¿por qué a Menem, González, Camilión, Balza, Di Tella, y no Cavallo?», se preguntan-, y le endilga al gobierno la responsabilidad política de esta jugada judicial (que no es la única en marcha). Aunque parece impropia esta acusación: si estiman que De la Rúa no hace nada, ¿por qué pensar que es capaz de gastar energías y operaciones para castigar a sus opositores? Pero el peronismo está para levantar viejas banderas -la proscripción, los fusilamientos, el exilio de Perón, hasta la cárcel y desaparición bajo el Proceso-y recordar que el radicalismo y sus socios no son inmaculados ni prescindentes: desde episodios poco sanctos de Raúl Alfonsín (Loma de la lata, los pollos, contratos varios, subterráneos) hasta recordarle a De la Rúa el caso de los ñoquis, su propio jardinero, las calificaciones de sus hijos). Incluso, anteayer, un senador dijo que estaba dispuesto a hablar del «tema de De la Rúa» aun bajo el riesgo de que lo procesen. También puede haber recuerdos para muchos magistrados: finalmente, antes fueron magistrados del menemismo. Sangre para los tiburones, en suma, oxígeno para el globo del riesgo-país.
Hostilidad
Así entonces comienza hoy el día, con un documento duro contra la Alianza, apreciaciones jurídicas y naturalmente críticas sobre el dictamen de Stornelli, el estado de movilización, la posible tendencia a bloquear leyes y una hostilidad creciente hacia el gobierno. Como si ya se hubiera puesto en marcha la campaña política por las próximas elecciones. Aunque gobierno y peronistas se lleven bien, aunque no todos los justicialistas estén detrás de Menem, lo cierto es que la indagatoria propuesta por Stornelli provocó un turbión político indeseable y una reunificación impensable del justicialismo. Por supuesto que todo esto embellece el módico ego de un empleado público como el de este fiscal -mucho más si el aterido juez Urso no sigue sus recomendaciones-, quien dispone de cobertura mediática a favor de la venganza y jamás se le ocurrirá pensar ni consultar si su dictamen responde a Derecho, al espíritu de lo que la letra escribió sobre la «asociación ilícita». Finalmente, él se guió por el exceso de los que encarcelaron gente utilizando la misma figura -añadiendo el agravante absurdo de «la alta difusión pública» de los personajes (Alderete)- y bajo la consigna de que la mejor forma de mostrar independencia es quitando la libertad de los otros. Aún sin pruebas suficientes. Un precepto que tal vez no encaja en la democracia, en el mismo sistema judicial, pero que una buena parte de la sociedad -esa misma sociedad que acompañó cómplice otras grandes y controvertidas etapas de la vida argentina-aprecia como compensación a su fracaso personal, a la frustrante realidad de respirar en un país que temporalmente se quedó sin futuro. Nada de lo que hoy ocurre sucedería si Stornelli en estos seis años hubiese encontrado una cuenta millonaria de Menem y un ingreso o «cometa» por la venta de esas armas. Entonces, sí Menem sería Salinas de Gortari, y el justicialismo seguiría dividido.


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