26 de abril 2001 - 00:00

Menem en Tribunales le da renovada vida al peronismo

Stornelli es un invento del peronismo: le sirve como aglutinante al partido. Tras pasar varios meses en estado feudal, dividido en mil pedazos horizontal y verticalmente -al decir de Carlos Corach, en su prosa del siglo pasado, en «estado de balcanización»-, de repente en el justicialismo ahora se amalgaman los retazos sueltos gracias a un agente externo: el fiscal amenazando con poner en prisión a Carlos Menem. Aun más: la medida reclamada por Stornelli hasta ensambla toda la corporación política, integra a la Alianza. Nadie que haya estado, esté o pueda estar alguna vez en el gobierno acepta que la sola participación en un gabinete lo pueda suponer incurso en asociación ilícita, que por los actos oficiales atinados o desacertados más que el juicio de la historia deberán soportar la posible condena de un tribunal, o la cárcel.

Nunca estuvo ese criterio en el espíritu del Código Penal, en la responsabilidad que los políticos les entregaron a los juristas para que redactaran esos digestos. Más que la corporación, lo peligroso se ha vuelto el ejercicio de la profesión, la actividad. Así piensan ellos, quienes ahora parecen en franca desventaja frente a los jueces: si se equivocan, pierden la libertad; mientras, los magistrados, aun con pruebas de corrupción en su contra, apenas si pierden el trabajo y hasta pueden negociar indemnizaciones o jubilaciones. Dos poderes de un mismo sistema, independientes, pero con prebendas distintas.

Palabra desconocida

¿Quién podía imaginar, unas horas atrás, a la dupla Ruckauf-Duhalde encolumnada detrás de Menem? La palabra «solidaridad» -el nuevo término que ahora reúne a todos los peronistas-era desconocida entre los dirigentes, cada uno en su interés, en una limitada propiedad territorial que sólo podía ampliarse a costa de la desaparición del otro. Pero Stornelli cambió esa perversa costumbre justicialista: quienes soñaban con la desaparición de Menem ahora lo protegen; los que promovían siniestros idus de marzo para el ex mandatario se convirtieron en sus guardaespaldas, lo defienden.

Curioso lo que ocurrió camino del foro, jamás lo hubiera supuesto un fiscal que ya lleva 6 años cobrando un sueldo para investigar si es correcto que un Estado fabrique armas para venderlas luego. O para imputar «falsedad ideológica» a un decreto donde ninguna firma es falsa. Esto es lo que hay que considerar de Stornelli, no los otros cargos -versiones de unidades básicasde que no le cumplieron en convertirlo en juez por no complicar a Amira Yoma, que reacciona por un mal trato a su esposa ubicada en la Legal y Técnica, porque su padre tuvo un disgusto con el general Martín Balza o porque se convirtió en el derivado de una causa que impulsó la interna peronista: cuando Miguel Angel Toma competía contra Antonio Erman González en la Capital, para descartar al riojano, posiblemente indujo -como ya se había hecho la misma operación contra Matilde Menéndez-a través de su amigo y protegido Jorge Urso, la apertura y el acopio de datos sobre esa exportación de armas.

¿Cuándo le tocará a Fernando de la Rúa asistir a una indagatoria de este tipo para explicar sus decretos de necesidad y urgencia, ciertas concesiones o adjudicaciones de obra pública o servicios telefónicos? Por citar algo de lo que hace todos los días. Si prospera lo de Menem, imaginan en el gobierno, acechanzas semejantes sobrevendrán en lo inmediato. ¿O acaso la venta de armas de Menem es la medida más sensible, crítica y vulnerable de su gobierno? A prima facie hasta se observa como una de las más aceptables -sacarse trastos de encima y recibiendo un pago por material que ya era obsoleto y tendía a ser una carga negativa para el país-, hasta suponía ingresar a un mercado dominado por grandes potencias o países como Suecia que se destacan por sus inclinaciones socialistas y por otorgar el Premio Nobel de la Paz.

Si De la Rúa se toca la barba porque afeitan a su vecino, lo mismo hace Ruckauf. Tambien a él lo sobrevuela un conflicto judicial añoso de cuando era embajador en Roma, el pedido de unas coimas a un empresario italiano de la época de «robo para la corona» -los mismos tiempos singularmente de la Italia previa a la «mani pulite» y en los que el empresario, por supuesto, desarrollaba sus negocios-por la instalación de unas estaciones de gas, causa en apariencia prescripta, pero a la cual se abocó -viajando exclusivamente para esoun fiscal de la Oficina Anticorrupción. Casi como investigar la Italo o la Chade, aunque para Ruckauf -por más que se mencione a los hermanos Yoma o a otros cercanos a Menem-el caso es más complicado: como nunca dejó de ser funcionario público, para él nada ha prescripto. Tal vez sólo firmó cartas de presentación o introducción como corresponde a cualquier diplomático, pero en la nueva cultura de la «asociación ilícita», bien puede ser convertido en organizador, jefe o gerente de los delitos. En un país que no crece económicamente hace tres años es lógico que todos piensen que somos una «asociación ilícita». Pero la rabia popular, que se sepa, no está incorporada al Derecho.

Lo de Stornelli es un alimento terrestre para el justicialismo: lo hace vivir, protestar, amenazar, movilizar, predicar y entorpecer si es necesario. Hasta ahora el PJ parecía paralizado por la crisis económica, hoy le han encontrado un sentido a la política. Se siente perseguido, discriminado -»¿por qué a Menem, González, Camilión, Balza, Di Tella, y no Cavallo?», se preguntan-, y le endilga al gobierno la responsabilidad política de esta jugada judicial (que no es la única en marcha). Aunque parece impropia esta acusación: si estiman que De la Rúa no hace nada, ¿por qué pensar que es capaz de gastar energías y operaciones para castigar a sus opositores? Pero el peronismo está para levantar viejas banderas -la proscripción, los fusilamientos, el exilio de Perón, hasta la cárcel y desaparición bajo el Proceso-y recordar que el radicalismo y sus socios no son inmaculados ni prescindentes: desde episodios poco sanctos de Raúl Alfonsín (Loma de la lata, los pollos, contratos varios, subterráneos) hasta recordarle a De la Rúa el caso de los ñoquis, su propio jardinero, las calificaciones de sus hijos). Incluso, anteayer, un senador dijo que estaba dispuesto a hablar del «tema de De la Rúa» aun bajo el riesgo de que lo procesen. También puede haber recuerdos para muchos magistrados: finalmente, antes fueron magistrados del menemismo. Sangre para los tiburones, en suma, oxígeno para el globo del riesgo-país.

Hostilidad

Así entonces comienza hoy el día, con un documento duro contra la Alianza, apreciaciones jurídicas y naturalmente críticas sobre el dictamen de Stornelli, el estado de movilización, la posible tendencia a bloquear leyes y una hostilidad creciente hacia el gobierno. Como si ya se hubiera puesto en marcha la campaña política por las próximas elecciones. Aunque gobierno y peronistas se lleven bien, aunque no todos los justicialistas estén detrás de Menem, lo cierto es que la indagatoria propuesta por Stornelli provocó un turbión político indeseable y una reunificación impensable del justicialismo. Por supuesto que todo esto embellece el módico ego de un empleado público como el de este fiscal -mucho más si el aterido juez Urso no sigue sus recomendaciones-, quien dispone de cobertura mediática a favor de la venganza y jamás se le ocurrirá pensar ni consultar si su dictamen responde a Derecho, al espíritu de lo que la letra escribió sobre la «asociación ilícita». Finalmente, él se guió por el exceso de los que encarcelaron gente utilizando la misma figura -añadiendo el agravante absurdo de «la alta difusión pública» de los personajes (Alderete)- y bajo la consigna de que la mejor forma de mostrar independencia es quitando la libertad de los otros. Aún sin pruebas suficientes. Un precepto que tal vez no encaja en la democracia, en el mismo sistema judicial, pero que una buena parte de la sociedad -esa misma sociedad que acompañó cómplice otras grandes y controvertidas etapas de la vida argentina-aprecia como compensación a su fracaso personal, a la frustrante realidad de respirar en un país que temporalmente se quedó sin futuro. Nada de lo que hoy ocurre sucedería si Stornelli en estos seis años hubiese encontrado una cuenta millonaria de Menem y un ingreso o «cometa» por la venta de esas armas. Entonces, sí Menem sería Salinas de Gortari, y el justicialismo seguiría dividido.

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