Quien más ha operado por la participación argentina en la lucha contra el terrorismo, desde el sector militar, ha sido el jefe del Ejército, general Ricardo Brinzoni.Y, en alguna medida, su acción ha tenido éxito: la Argentina cooperará en la coalición internacional contra los terroristas. Enviará tropas a Yugoslavia, como reemplazo de otras tropas aliadas que serán trasladadas a la zona del conflicto. Este es un acuerdo que finalmente ayer habría finalizado el presidente Fernando de la Rúa -luego de conversar con su colega George W. Bush-con el embajador norteamericano en Buenos Aires, James Walsh. También este tema se discutió en el Pentágono. Esta decisión muestra un cambio significativo en la política exterior argentina.
Quien más ha operado por la participación argentina en la lucha contra el terrorismo, desde el sector militar, ha sido el jefe del Ejército, general Ricardo Brinzoni.Y, en alguna medida, su acción ha tenido éxito: la Argentina cooperará en la coalición internacional contra los terroristas. Enviará tropas a Yugoslavia, como reemplazo de otras tropas aliadas que serán trasladadas a la zona del conflicto. Este es un acuerdo que finalmente ayer habría finalizado el presidente Fernando de la Rúa -luego de conversar con su colega George W. Bush-con el embajador norteamericano en Buenos Aires, James Walsh. También este tema se discutió en el Pentágono. Esta decisión muestra un cambio significativo en la política exterior argentina.
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El gobierno prepara un contingente de militares para relevar a los soldados norteamericanos que están en la misión de mantenimiento de la paz en Kosovo. La medida ordenada por Horacio Jaunarena al general Juan Carlos Mugnolo, jefe del Estado Mayor Conjunto, es una colaboración con EE.UU., que necesita esa tropa experimentada en la respuesta militar al terrorismo.
Además de esta iniciativa, el ministro y los jefes militares analizaron el despliegue de efectivos del Ejército y de la Armada (la Fuerza Aérea ya envió un radar móvil a la frontera) a zonas calientes cercanas a la Triple Frontera (ver nota aparte). Mientras tanto, el EMC trabaja tiempo completo en el intercambio de inteligencia en tiempo real con el Pentágono a través de la denominada Surnet, enlace informático con el Comando Sur del ejército estadounidense.
Hasta ahora el gobierno nacional y los 23 países signatarios del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) activaron el acuerdo de defensa mutua y se comprometieron a hacer todo lo posible para perseguir, extraditar y castigar a los responsables. Luego, Washington fijó la misión para los militares del hemisferio en lenguaje diplomático: «El continente debe tomar medidas concretas para fortalecer los controles fronterizos, aumentar la seguridad en los aeropuertos y mejorar los controles financieros», el mensaje fue transmitido por Colin Powell, ex jefe del Estado Mayor Conjunto y actual secretario del Departamento de Estado, a los cancilleres de la OEA.
En su último paso por Washington, Adalberto Rodríguez Giavarini fue sondeado por canales diplomáticos discretos para que una fuerza militar argentina reemplace parte de los aproximadamente 6.000 soldados estadounidenses del Campamento Bondsteel acantonados en Kosovo. Bush había anticipado el año pasado, en el Campamento Bondsteel, la meta ulterior de retirar las fuerzas una vez que hubiera estabilidad en los Balcanes.
Ni a Rodríguez Giavarini, ex teniente primero del Ejército, ni a Jaunarena, ambos expertos en el abecé militar, se les pasó por alto que el conflicto internacional será de larga duración, en consecuencia EE.UU. necesitará logística y refuerzos de la tropa. Por eso no los tomó por sorpresa la sugerencia de relevar una fracción de los efectivos norteamericanos de la Brigada Multinacional del Este en Kosovo. «La medida no altera el consenso regional que se alcanzó en la OEA, tampoco impacta en el dilema político del envío de tropas para sumarse al contingente multinacional de la primera línea de combate», dicen en los gabinetes de Defensa.
El general Evaristo DeVergar a, jefe de operaciones del EMC, un veterano en misiones de paz que comandó la fuerza de Cascos Azules en Macedonia, es el encargado de diseñar la fuerza conjunta que estaría integrada por 600 soldados de la Brigada Aerotransportada de Córdoba y 200 infantes de marina pertenecientes al Batallón N° 2, todos con experiencia en el conflicto de los Balcanes. En la actualidad hay 60 militares argentinos cumpliendo tareas de mantenimiento de la paz en la KFOR (sigla en inglés de Kosovo Force de la OTAN). El presupuesto para la movilización y el despliegue en el teatro de operaciones de los Balcanes correría a cuenta de la ONU y EE.UU.
El Pentágono, por su parte, activó el nodo de inteligencia de la Surnet en el EMC y su conexión en las tres fuerzas y saturó las terminales con pedidos on line de información sobre presuntas células terroristas en la región. Los chips de las terminales de Surnet procesan el pleno de su capacidad en gigahertz desde que volaron las Torres Gemelas.
Barco desviado
Algunos datos preocupantes hicieron que se modificara la entrada al puerto de Buenos Aires del buque de transporte Gunston Hall de la armada norteamericana prevista para el 8 de octubre. Por seguridad, el navío estadounidense tomará la Base Naval Puerto Belgrano de la Armada Argentina.
Una calificada fuente militar dijo a este diario que se trabaja con la hipótesis de que «la acción del terrorismo no se agota en una sola operación y la magnitud de lo ocurrido indica que hay más equipos larvados a la espera de una orden». El coronel Alberto Crinigan, a cargo de la Dirección de Inteligencia para la Defensa (DID) que opera la red de inteligencia virtual con el Pentágono, debe abastecer al ejército, a la armada y a la fuerza aérea con información sensible para orientar futuras operaciones militares.
Esa red virtual hemisférica nació al calor del plan Colombia impulsado por Bill Clinton y entró en vigencia el 18 de octubre de 2000 luego de que el entonces secretario de Defensa, William Cohen, y Ricardo López Murphy firmaran un complemento del acuerdo de confidencialidad que ya existía desde 1998. El pacto permite a EE.UU. compartir información clasificada (en la jerga castrense: secreta) con las FF.AA. criollas sin riegos, tal como se hace con los miembros de la OTAN, Japón y Corea del Sur.
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