Las autoridades mantienen que la dolarización no es políticamente viable y que no son partidarios de ella. El ministro Cavallo ha sostenido, en su última intervención en el Banco Nación, que habrá convertibilidad para siempre, en una afirmación por demás confusa. Puesto que no entiendo si se refiere al cambio uno a uno, como prometiera nuestro Presidente y está escrito en la flagelada Ley de Convertibilidad, o si simplemente a dar las divisas al tipo de cambio vigente, en ese momento. Por otro lado, la población ha dado su veredicto. El sistema bancario está dolarizado en más de 80% de los plazos fijos. Desde fines de febrero del corriente, las acciones de nuestras autoridades impulsaron la salida de 47% de los depósitos en pesos, mientras que sólo menos de 7% de los depósitos en dólares partieron del sistema. En la terca porfía con sus clientes, las autoridades económicas prefirieron defender sus puntos de vista sobre la opinión y voluntad de la población. No es buena actitud en un dirigente ni es política.
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Los economistas y los hombres de negocios saben que la diferencia de tasas de interés entre dos monedas, en el mismo país, revela la expectativa de devaluación. Al día 5 del corriente, los datos oficiales revelan que la tasa activa a primera línea era de 74%, en pesos, y de 33%, en dólares. Mientras, en depósitos de más de un millón, ascendía a 60%, en pesos, y a 24%, en dólares. Haciendo las operaciones aritméticas, eso nos da una expectativa de devaluación de 30% (1). Es decir que tanto los tomadores de primera línea como los colocadores y los bancos intermediarios coinciden en la misma estimación en sus análisis.
Devaluación
A pesar de las solemnes promesas presidenciales y las un poco confusas ministeriales, los grandes operadores descuentan una devaluación de 30%, cuando deciden con el órgano más sincero: el bolsillo. También podemos inferir que, dadas las consecuencias catastróficas de una devaluación, que están incluidas en las tasas del mercado, incluso las pactadas en dólares conllevan un premio para compensar ese riesgo. Si se despejaran los riesgos que espantan a los depositantes, bancos, y tomadores, los intereses en dólares bajarían a niveles similares a los vigentes en otros mercados.
Por otra parte, nuestras autoridades han adoptado decisiones para bajar las tasas de interés, por lo menos las que paga el Estado. Para que esa rebaja sea sostenible y no imponga una expropiación de patrimonios bancarios, las tasas también deberían bajar en el mercado monetario. ¿Cómo hacerlo? Ofrecer garantías creíbles a la población y clientela.
De la misma manera que el fabricante aumenta las ventas garantizando el producto, el gobierno tiene que mejorar las que ofrece a sus clientes, para que confíen y trabajen con intensidad. La convertibilidad y las privatizaciones constituyeron una garantía válida, en su momento. Pero, después de 10 años, la confianza en la primera está devaluada. Hemos calculado la expectativa devaluatoria de los grandes agentes económicos. En los últimos tiempos, nuestros comportamientos y el de nuestras autoridades han producido el peor de los resultados: elevación de los riesgos percibidos de trabajar en nuestro país. Para afianzar el crecimiento, la dolarización constituiría una garantía superior a la convertibilidad. Asegurar, mediante acciones concretas, la mayor eficiencia de la sociedad argentina, sería la otra, complementaria. Ambas combinadas podrían darnos esa luz de esperanza que necesita el motor de nuestra economía.
(1) Tasa de devaluación esperada [(1+ tasa en pesos)/ (1+ tasa en dólares)]-1. Las tasas se expresan en tanto por uno, en la fórmula. Así, (1,74/1,33)-1= 0,30, esto es 30%.
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