7 de enero 2001 - 00:00

¿Qué hará Greenspan si sigue el derrumbe en Wall Street?

Nacido un 6 de marzo de 1926. Está en la Fed desde 1987. Lo sostuvieron en el cargo: Reagan, Bush, Clinton, y ahora, Bush hijo. Tiene poder casi ilimitado, maneja 18.500 series de datos distintos. Pero lee los informes de la Fed sentado en la bañera con agua caliente. Nadie acierta a saber cuál es el verdadero juego, de este veterano de varias crisis. ¿Supera ésta...?

¿Qué hará Greenspan si sigue el derrumbe en Wall Street?
De Alan Greenspan se dice mucho, pero se sabe poco. La máxima reserva y hasta el límite de no confiar sus decisiones ni a sus directores adjuntos de la Fed lo pintan de cuerpo entero. Un hombre que, bien pasados los 70 años, se da el lujo de lidiar con políticos e influyentes de cualquier tendencia y -tras verlos pasar- seguir atornillado a su cargo en la Reserva Federal.

Entre las muchas frases, muy estudiadas, que viene lanzando en estos años de bonanza para Wall Street y de la economía norteamericana -en contra de la «exuberancia»- merecía haber dicho ésta, que es del barón de Rostchild: «No me importa quién sea el gobierno. Déjemne controlar el dinero y controlaré el país...».

Y, ciertamente, no sólo su país, bien podría decirse que, ante la globalización del mundo, la fuerza del capital y los golpes de mercado, que generan abundancias o crisis, Alan Greenspan es el hombre más poderoso de la tierra, sin poseer poder político formal.

Primera sorpresa

Inició el milenio dando una sorpresa a todos, una rebaja de tasas clave y en magnitud generosa, que dotó de júbilo a los mercados por un día. Pero, en las siguientes ruedas, el Dow Jones de la vieja economía se fue apagando. Y el NASDAQ, de la economía nueva, continuó su desplome alucinante. ¿Qué hará Greenspan ante ello? Sin estrenarse el nuevo gobierno, tiene una brasa en las manos y acaso su futuro dependa enteramente de que pueda controlar el barco.

Presionado por un gobernante que quiere inyectar prosperidad desde la baja de impuestos, yendo en contra de aquello que parecía estar esperando -enfriarse de la economía- coloca dinero más barato desde la tasa. Sugestivamente, un resumen de las medidas que el llamado Comité de Crisis (formando instancias del apogeo desmesurado de la Bolsa) delineó como pasos a seguir: contiene recién en el último lugar una drástica baja de tasas. Si es que la situación de los mercados se considera descontrolada.

Hipótesis mayor

Ningún análisis sobre la baja de tasas de días pasados contempla que se pueda estar en los principios de tan temido y nuevo crac de Wall Street. La falta posterior de pisos firmes y de reacciones, en especial en el NASDAQ, habla de una situación por demás seria. Es un mercado con una década de gloria, que está tomado en la cumbre por una economía que se contrae y con millones y millones de inversores comunes, que tienen su capital para renta en lo bursátil. Nunca pudieron las palabras, ni aun las más duras y directas de Greenspan (hasta anunciando que había vendido sus acciones de la cartera), lograr que los índices se depuraran en una corrección bajista ordenada.

El mercado le contestó con nuevas subas, dejándolo muchas veces mal parado y en posición desairada. Si la rebaja de medio punto no fue suficiente, imaginar qué hubiera sucedido sin haberla implementado es pintar una Wall Street cayendo a pedazos, desde inicios del año. Pero, la jugada fue realizada y el efecto inmediato no apagó el incendio: el margen se estrechó mucho y pensar en nuevos rebajes implica saber ¿hasta dónde?

Mi pasado...

... me condena, dirá Alan Greenspan, recordando que fue apuntado como culpable varias veces antes -ante otros derrumbes- por no haber actuado a tiempo con los cambios de tasa. Entre la economía que se deprime, un mercado símbolo -como lo es Wall Street para los norteamericanos- que viene en picada, y un presidente electo que no quiere saber de austeridades ni épocas duras, el «viejo zorro» está en aprietos serios. El super-poder, como el que tiene, también tiene el contrafilo: ser marcado como «culpable».

Pocos recordarán que admitió muchas veces sobre la «actitud irracional» de los operadores. A cambio, muchos le recordarán actuaciones especiales oscuras, como cuando salió a salvar la ropa -el 22 de setiembre de 1998- del Fondo «Long-Term Capital», de J. Meriwether, en una reunión entre gallos y medianoche. Ahora, también se dice que hay banqueros en serios dilemas y que procura un operativo similar, de aquellos que a uno lo hacen perdurar en un cargo por tantos años...

Horas calientes

Hay creencia de otra baja de tasas para fin de mes. Sólo especulaciones, sabido de que Greenspan no confía nada a nadie y que, la mayoría de las veces, sus palabras y acción corren por separado.

Imaginarlo en la bañera de su casa, analizando duros informes de estos días, o consultando las 18.500 series de datos que cobija su computadora en la Fed, no es para envidiar en estos momentos. Pero, el mundo -y con toda razón- estará pendiente de este anciano sacerdote del dine-ro: sabiendo que de su mano puede salir la decisión justa, que enderece ánimos e índices. O aquella que, posiblemente, le cueste la cabeza a él: pero, en tal caso, nos puede llevar a todos consigo.

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