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Se reactiva con una estrategia
Objetivo
Lo que queda es la demanda pública y allí sí podemos tener respuesta rápida a través de programas sociales e infraestructura. El problema aquí es el financiamiento.
Hay quienes dicen que es posible emitir bonos con poder cancelatorio. Sin embargo, planteado así, este instrumento sólo serviría para ganar tiempo ya que se trata de un instrumento de financiamiento de corto plazo.
Muchas jurisdicciones han ido recurriendo a todos los sistemas de financiamiento posibles: hasta el año pasado mediante endeudamiento externo, luego en el primer semestre de este año se recurrió al endeudamiento interno y finalmente en el segundo semestre a la colocación de bonos fiscales con poder cancelatorio. En ningún caso brindaron soluciones permanentes y sólo sirvieron para ganar tiempo.
El otro aspecto negativo de tomar la decisión aislada de emisión de este tipo de bonos para salir de la crisis es que el efecto buscado sólo se consigue una vez al colocarse los títulos, con más el efecto multiplicador del ingreso. Luego trae problemas fiscales porque deben ser aceptados en el pago de impuestos, funcionando como moneda fiscal y obligando a pagar con este instrumento sumas cada vez mayores a proveedores y trabajadores públicos.
Respaldo
Por ello, el shock que se consiga con la emisión y uso de estos títulos para el financiamiento de programas asistenciales y de infraestructura debe ser acompañado con la obtención de recursos impositivos que respalden la emisión.
En la situación de crisis en la que nos encontramos la obtención de recursos impositivos adicionales no debe orientarse al mejoramiento de la estructura impositiva actual sino al logro de mayores ingresos con tributos de baja capacidad de evasión. Deben estudiarse tributos de alta capacidad recaudatoria.
La secuencia de la estrategia sería la emisión de bonos fiscales cancelatorios (por ejemplo los LECOP) para financiar un plan social de asistencia alimentaria y un plan de infraestructura y viviendas. Ello tendría efectos sobre dos industrias locales que pueden responder sin mayores dificultades. Esta emisión estaría respaldada con tributos suplementarios, con los cuales ésta luego se rescataría. El plan posteriormente se sostendría a lo largo del tiempo, mientras sea necesario, con los nuevos ingresos que se crean.
Este plan debe ser llevado adelante por las provincias y la Ciudad de Buenos Aires. Son estas jurisdicciones las que conocen las particularidades con las que se expresa la crisis social en cada rincón del país y las necesidades de infraestructura y vivienda que se presentan en su territorio. La Nación sucesivamente ha ido cediendo su capacidad de acción en los distintos campos sociales a las provincias y a la Ciudad de Buenos Aires, por ello son éstas en la emergencia las que tienen mejor capacidad para actuar.
El complejo escenario de la Argentina requiere igual dosis de prudencia en las decisiones y firmeza en las acciones. Y eso no se consigue con un conjunto de medidas encorsetadas en un plan. Hace falta una estrategia propia, quizás en algún sentido similar a la que le asigna la mitología a la Grecia antigua: cuando los dioses los dejaron solos, tuvieron que abocarse a la tarea de brindarse sus propias normas de vida.


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