26 de diciembre 2001 - 00:00

Se reactiva con una estrategia

Los principales problemas que sufre la economía argentina son los de la desocupación y la pobreza. Un tercio de nuestra población se encuentra por debajo de la línea de pobreza y un quinto de la fuerza laboral tiene dificultades de empleo. Estos problemas, que alcanzaron niveles desconocidos para nuestra historia en la década del noventa, se agudizaron hasta la desesperación con la prolongación de 42 meses de recesión. Este es el principal problema económico y debemos encontrar el camino más corto para su solución.

La conmoción social que vivimos se debe enfrentar con acción social y empleo. Si no salimos del sendero recesivo y no entramos en un nuevo camino de crecimiento, no habrá posibilidad alguna de superar el desempleo y la pobreza. Por eso es necesario que cuando estudiemos las medidas económicas que deba aplicar el nuevo gobierno tengan por objetivo primordial y de muy corto plazo el crecimiento de la demanda y del producto.

Mucho hablamos los economistas acerca de que para salir de la crisis se necesita un plan y en verdad no se necesita un plan: se necesita una estrategia. La diferencia es que en el plan los objetivos, los medios y los efectos pueden ser difusos, con resultados indirectos, con supuestos fuertes en cuanto al encadenamiento de medios a fines. En una estrategia el objetivo es claro, el punto de partida es preciso y el encadenamiento de medios a fines no debe dejar dudas. En el estado de angustia en el que estamos no podemos darnos el lujo de experimentar planes, debemos desarrollar estrategias.

Si lo que queremos es superar la situación de recesión y comenzar a crecer económicamente, debemos encontrar la manera de incrementar sostenidamente la demanda agregada y ello sólo se logra si el consumo, la inversión (pública o privada) o las exportaciones reactivan la producción. ¿Pero cuál de estos componentes puede darnos una respuesta más inmediata?

Objetivo

En el corto plazo, por el lado de las exportaciones, es difícil hacer crecer la demanda y el producto. Los argentinos exportamos 26.000 millones de dólares por año en un producto de 270.000 millones. Para lograr un crecimiento de 5.000 millones hay que aumentar las exportaciones en un quinto, dependiendo este incremento no sólo de nuestro propio esfuerzo sino del levantamiento de barreras arancelarias y paraarancelarias que merecen un tratamiento aparte. Entre 1990 y 2000 las exportaciones aumentaron fuertemente de 12.000 a 26.000 millones, con un crecimiento anual promedio de menos de 1.400 millones. Si bien es un objetivo central aumentar nuestro comercio exterior, éste no dará respuesta inmediata a la salida de la recesión.

Por otra parte, es muy difícil también que el consumo y la inversión privada crezcan velozmente, ya que ambos dependen del nivel de confianza y la confianza demorará en llegar al hogar y las empresas argentinas. No tendremos respuesta inmediata tampoco por esta vía.

Lo que queda es la demanda pública y allí sí podemos tener respuesta rápida a través de programas sociales e infraestructura. El problema aquí es el financiamiento.

Hay quienes dicen que es posible emitir bonos con poder cancelatorio. Sin embargo, planteado así, este instrumento sólo serviría para ganar tiempo ya que se trata de un instrumento de financiamiento de corto plazo.

Muchas jurisdicciones han ido recurriendo a todos los sistemas de financiamiento posibles: hasta el año pasado mediante endeudamiento externo, luego en el primer semestre de este año se recurrió al endeudamiento interno y finalmente en el segundo semestre a la colocación de bonos fiscales con poder cancelatorio. En ningún caso brindaron soluciones permanentes y sólo sirvieron para ganar tiempo.

El otro aspecto negativo de tomar la decisión aislada de emisión de este tipo de bonos para salir de la crisis es que el efecto buscado sólo se consigue una vez al colocarse los títulos, con más el efecto multiplicador del ingreso. Luego trae problemas fiscales porque deben ser aceptados en el pago de impuestos, funcionando como moneda fiscal y obligando a pagar con este instrumento sumas cada vez mayores a proveedores y trabajadores públicos.

Respaldo

Por ello, el shock que se consiga con la emisión y uso de estos títulos para el financiamiento de programas asistenciales y de infraestructura debe ser acompañado con la obtención de recursos impositivos que respalden la emisión.

En la situación de crisis en la que nos encontramos la obtención de recursos impositivos adicionales no debe orientarse al mejoramiento de la estructura impositiva actual sino al logro de mayores ingresos con tributos de baja capacidad de evasión. Deben estudiarse tributos de alta capacidad recaudatoria.

La secuencia de la estrategia sería la emisión de bonos fiscales cancelatorios (por ejemplo los LECOP) para financiar un plan social de asistencia alimentaria y un plan de infraestructura y viviendas. Ello tendría efectos sobre dos industrias locales que pueden responder sin mayores dificultades. Esta emisión estaría respaldada con tributos suplementarios, con los cuales ésta luego se rescataría. El plan posteriormente se sostendría a lo largo del tiempo, mientras sea necesario, con los nuevos ingresos que se crean.

Este plan debe ser llevado adelante por las provincias y la Ciudad de Buenos Aires. Son estas jurisdicciones las que conocen las particularidades con las que se expresa la crisis social en cada rincón del país y las necesidades de infraestructura y vivienda que se presentan en su territorio. La Nación sucesivamente ha ido cediendo su capacidad de acción en los distintos campos sociales a las provincias y a la Ciudad de Buenos Aires, por ello son éstas en la emergencia las que tienen mejor capacidad para actuar.

El complejo escenario de la Argentina requiere igual dosis de prudencia en las decisiones y firmeza en las acciones. Y eso no se consigue con un conjunto de medidas encorsetadas en un plan. Hace falta una estrategia propia, quizás en algún sentido similar a la que le asigna la mitología a la Grecia antigua: cuando los dioses los dejaron solos, tuvieron que abocarse a la tarea de brindarse sus propias normas de vida.

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