Solá se decide por Beraldi y alcaldes enfrentan a Kirchner

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Felipe Solá daba la impresión ayer de haberse decidido:cuando regrese del exterior,-Alberto Beraldi escucharála oferta del Ministerio de Seguridad que ocupó su socio, León Arslanian, hoy en incapacidad judicial para enfrentar ese cargo, como originariamente se pensó. Mientras el gobernador daba ese pequeño paso, los más poderosos intendentes de la provincia deliberaron en la sede de la federación que los agrupa para dictarse una política defensiva: pedirán una reunión a Solá para zamarrearlo, reclamarán ante él garantías frente a los ataques que atribuyen a la Casa Rosada y emplazarán a Eduardo Duhalde a hacerse cargo de la jefatura del PJ o abrir el trámite de su sucesión política en el liderazgo provincial.

Solá se inclinó hacia un lado al seleccionar al dúo Beraldi-Arslanian. No sólo resistió la presión de Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, en favor de Marcelo Saín (el hombre que dijo, hace poco más de un año, que la política bonaerense se financia en el delito a través de la «caja» policial). También esquivó el juicio de Juan Carlos Blumberg sobre la gestión Arslanian, calificada como «desastrosa» y «terrible» por el empresario y buena parte de la sociedad. Solá se aferra a Duhalde, ya que el ex camarista fue la mano derecha de éste entre 1997 y 1998 para una reforma bien paga, no concluida y fracasada, y hasta se le atribuye a este abogado de origen armenio haber sido el «ghost writer» de los pronunciamientos judiciales que desembocaron en el pedido de captura de Alfredo Yabrán durante el caso Cabezas. Socios, entonces, en varios temas.

Duhalde estuvo reunido con Arslanian hace dos domingos, durante un almuerzo. Evaluaronla crisis de la seguridad y el ex presidente escuchó al penalista jurar que nunca más pasaría por ese cargo (claro, tampoco podría por una causa judicial). Sin embargo, Arslanian defendió la posibilidad de que su socio Beraldi asuma el Ministerio.

La designación del nuevo ministro no supone que Solá tenga un plan para innovar en el área. Apenas intentó que en la Casa Rosada no elaboren uno en su contra, aunque éste era tan difícil de borronear para el gobierno como el plan B sobre la deuda externa. Ese fue el resultado de la reunión que el gobernador mantuvo con Gustavo Béliz. Antes que un plan de seguridad, Solá debe enfrentar la presión de los intendentes del conurbano, que ayer organizaron un conciliábulo para deliberar sobre su enrarecido destino. Del encuentro participaron alcaldes de la primera y la tercera sección electoral, quienes recibieron la visita de Aníbal Fernández, el ministro del Interior. A propósito de Fernández: hay quienes suponen que será la última carta a la que apelará Solá si Beraldi rechaza su invitación.

• Exposición

El ministro del Interior y candidato a la gobernación llegó a la sede de la Federación Argentina de Municipios, sobre la calle Cerrito, hizo una exposición más o menos vistosa referida a la energía antes que a la seguridad y se retiró cuando uno de los presentes le pidió un informe sobre las ideas del gobierno nacional en materia de lucha contra el delito. No tuvo nada para decir, pues Kirchner hasta ahora ha mandado a los suyos a divulgar un plan fantasma, tan inasible como aquel plan B que decía tener cuando distraía a la opinión pública antes de pagarle a Anne Krueger los u$s 3.100 millones de dólares de la cuotade marzo. Fernández lo admitió ante los bonaerenses. El dedo en la llaga lo puso ayer una legisladora de las que debatía en la Comisión de Legislación Penal de la Cámara baja: «Si Kirchner tiene un plan, que nadie conoce, sería bueno que lo envíe antes de mañana. ¿O nos va a dejar sesionar, aprobar leyes, modificar códigos para después mandarnos sus ideas y que tengamos que discutir todo de nuevo?». Es lógico.

En la cumbre de intendentes participaron 20 de los 27. Se escucharon expresiones duras, de gran crudeza. Se las citará textualmente, tal cual se dijeron, pero omitiendo identificar a los autores. Los intendentes tienen miedo de las represalias que puedan desatarse en una época de ánimos crispados y prefieren el anonimato:

. «Se nos tilda de corruptos desde la Casa Rosada y no hay quien nos defienda. ¿Dónde está Duhalde? ¿Va a seguir siendo nuestro jefe? ¿O se va a dedicar a la política internacional? Que nos avise; entonces buscamos un nuevo conductor.»

. «Felipe nunca tuvo una política de seguridad, no nos engañemos. Está solo, no abre espacios ni se comunica. Pero igual vamos a tener que apoyarlo. No nos equivoquemos: Kirchner viene por todos nosotros. Nos quieren hacer lo que le preparan a Obeid en Santa Fe y a Rodríguez Saá en San Luis. Lo vamos a esperar.»

. «Que Solá designe a quien quiera en Seguridad, pero que evite a 'la Tota' Beraldi. Debería buscar a un peronista, alguien del palo, si quiere conseguir el apoyo de todos nosotros. Estamos hartos de esos garantistas que vienen, cobran, dicen que la mafia no los deja hacer nada y nos dejan a nosotros con los muertos. ¿Por qué no lo elige al juez Durán de La Plata, que tiene un plan completo que lleva adelante con éxito?»

. «Nos están tirando todo el día con lo de los desarmaderos y la corrupción. ¿Por qué Kirchner y Alberto Fernández no dan nombres? Que digan qué diputados o intendentes son los que andan en ese negocio que nosotros nos encargaremos de ellos.» Los intendentes del conurbano resolvieron pedirle una reunión a Solá.
Encomendarán la tarea a dos de los más veteranos del grupo y le expresarán su apoyo a cambio de que se ponga al frente de una política de defensa provincial, que logre frenar a la Casa Rosada en el plan que, suponen, consiste en una intervención más o menos manifiesta del distrito. Sin embargo, al final del cónclave no se había resuelto cuándo sería esa entrevista.

Mientras se producían estas deliberaciones en la provincia, en la Nación el panorama no estaba mejor definido. El ministro Gustavo Béliz se pasó horas reunido con su secretario de Seguridad, Norberto Quantín, elaborando las propuestas que debe aprobar Néstor Kirchner. En Justicia decían ayer que el Presidente ya tiene entre manos un programa completo, del que priva a la sociedad por razones desconocidas. De ese plan sólo se conoce un par de iniciativas antiguas. El resto son leyes de las que pide Blumberg, algunas aprobadas hace tiempo por el Congreso pero que Béliz se olvidó de reglamentar.

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