15 de marzo 2007 - 00:00

Adrenalina de rafting en el Eden

Adrenalina de rafting en el Eden
Cuando el gomón (bote de goma inflable) se levanta en el aire y el agua rugiente golpea contra el cuerpo y la cara mientras el remo palea, deben ser los momentos en que los amantes del rafting segregan la mayor cantidad de adrenalina.
Grandes y chicos (es un deporte para toda edad) se han lanzado en este verano cordillerano a un turismo de aventura inolvidable y -hasta ahora- poco conocido en nuestro país. Quien se lleva las palmas entre los 4 o 5 ríos más importantes aptos para la práctica del rafting es el Aluminé, a 340 kilómetros de la capital neuquina y a más de 1.000 de Buenos Aires, Córdoba, Rosario u otras ciudades importantes de la Argentina.
Naciente del lago del mismo nombre en el departamento homónimo, en medio de bosques de araucarias, en una de las zonas más hermosas y exóticas de la Argentina y a pocos kilómetros del límite con Chile en la Cordillera de los Andes, este río de nombre mapuche, que en su traducción quiere decir «hoya o espejo brillante», tiene en menos de 100 kilómetros los rápidos más buscados por los amantes de los deportes de montaña.
En el rafting, el grado de dificultad se clasifica según los ríos, que varían de 1 a 6 grados, siendo 1 el más fácil y 6 sólo para expertos. Los ríos de dificultad 6 son absolutamente peligrosos y se encuentran en el límite de navegabilidad: el Aluminé tiene todos los grados.
Bajo la experiencia del guía Ricardo Solano, un entrerriano profesor de educación física que se enamoró del lugar y de una maestra mendocina, con quien armó un hogar y una pequeña empresa junto con dos hijos adolescentes que también se dedican a este deporte, los turistas pueden pasar un día inolvidable.
Tanto hombres como mujeres, grandes y chicos, son colocados hábilmente en los costados o en el centro del bote a partir de la mayor o menor experiencia en ríos de montaña. Provistos de un remo cada uno, estos improvisados tripulantes -entre 8 a 16 personas, según la capacidad del bote- reman de acuerdo con las indicaciones del guía que permiten enfrentar y sobrepasar los obstáculos del agua con saltos y olas que pueden superar el metro y medio a dos metros, según la dificultad del curso de agua.
Obviamente que a cada uno de los «raftineros» se lo provee de chalecos salvavidas, cascos para evitar golpearse la cabeza si se cae al agua, la chaqueta seca e incluso, si la temperatura ambiental es moderada o fría, a los tripulantes se les da trajes de neoprén. Pero, como es en verano, normalmente en los cursos tranquilos del río los tripulantes pueden abandonar el bote y darse un refrescante chapuzón, para volver a subirse a la embarcación y enfrentar nuevos saltos.
Es una experiencia inolvidable que se puede hacer durante casi todos los meses del año, pero los más recomendados para quienes realmente tienen capacidades y aptitudes para el rafting son los meses de octubre y noviembre, cuando el Aluminé tiene todo su potencial por los deshielos y lluvias de primavera.
Su paisaje, típico de transición entre el Bosque Andino Patagónico y la Estepa Patagónica, y sus características deportivas, lo convierten en uno de los mejores ríos del país para la práctica del rafting.

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