16 de diciembre 2019 - 00:00

Salir de la crisis es posible mediante una Argentina de consensos

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Dado el contexto de crisis actual, Argentina debe necesariamente orientar esfuerzos para alcanzar mayores niveles de internalización de su economía y esto, necesariamente, implica mejorar los niveles de competitividad del país.

Mucho se ha escrito ya sobre cómo mejorar los niveles de competitividad. No obstante, quiero aquí resaltar su aspecto institucional y la necesidad imperiosa de afrontar este desafío de manera conjunta entre los actores que la determinan, esto es: el estado en todos sus niveles, el sector privado, las representaciones gremiales y los formados de conocimiento e investigación. Estoy convencido de que tenemos responsabilidades compartidas entre todos esos actores, cada uno desde el lugar que le corresponde.

En este contexto, tanto el Gobierno nacional como los gobiernos provinciales debemos hacer todo el esfuerzo necesario mediante la implementación coordinada de políticas públicas que colaboren para que los productos y servicios obtenidos en nuestro país sean cada vez más competitivos, permitiendo así, ganar mercados internacionales de manera sostenida en el tiempo.

La competitividad es un “ecosistema” en el que Estado, empresa, universidades y sindicatos tienen mucho por hacer. Y el desafío es articular. Nación y provincias, sector público y privado, dialogando en una misma mesa, defendiendo intereses genuinos, pero sin mezquindades podemos encontrar las soluciones que integren nuestros valores, nuestros recursos naturales y nuestras ventajas competitivas. Pero nunca dejando fuera de la mesa a nuestra gente, porque la mejor medida del desarrollo de una economía es mejorar el nivel de vida de su población.

En este sentido, no creo en la competitividad que se soporta en salarios bajos, o sobre un sistema cambiario sostenido artificialmente bajo. Eso, en algunos casos, puede generar crecimiento económico de corto plazo, pero no genera desarrollo sostenible ni mejora la distribución del ingreso en el largo plazo.

Las economías regionales, en estos últimos años, no han logrado la dinámica que necesitábamos y algunos sectores están atravesando sus peores crisis. En San Juan hicimos esfuerzos significativos desde lo público y lo privado, el Gobierno y las empresas, dialogamos permanentemente, evaluando alternativas y definiendo herramientas al servicio del desarrollo. Hemos tenido muy buenos resultados.

En nuestra provincia, a partir de la solvencia fiscal sostenida, hemos implementado políticas económicas contracíclicas que nos permitieron contrarrestar la crisis económica nacional, manteniendo el nivel de crecimiento de nuestra economía sin grandes variaciones. Entre 2016 y 2018 el PGB de la provincia registro un -0,5%, mientras que a nivel nacional la caída fue del 2,4%. Estas decisiones de política económica también nos permitieron contener la crisis en términos sociales, al mantener niveles de desempleo entre el 2% y 5% en nuestra gestión, mientas que los niveles promedios nacionales se ubicaron en torno al 10%.

Pero no es una dinámica que podamos sostener en el tiempo si el contexto nacional no mejora. Hay factores que escapan a nuestra órbita y que hacen indispensable una hoja de ruta nacional. Entiendo que Argentina inicia una nueva etapa, donde las provincias tendremos un rol y un protagonismo significativo, donde la situación de las economías regionales será escuchada y será evaluada con el peso que se merecen.

En este sentido, en San Juan y en el país, debemos recuperar la dinámica en el sector minero, ya que nos permitirá dinamizar las economías regionales, generando además ingresos genuinos de divisas, a la vez que conseguiremos la creación de empleos de alto valor agregado.

En todo este tiempo el Gobierno Nacional adoptó medidas y fijó políticas macroeconómicas con una perspectiva, a mi criterio, muy centralista. Creo que hubiera sido muy fructífero que esas decisiones, en tanto afectan directamente las economías regionales, se hubieran tomado en un espacio de participación, porque, insisto, podemos aportar mucho desde cada una de las provincias argentinas.

Tengo la sensación de que esto va a modificarse y que vamos a poder acercar alternativas y discutir opciones. Tenemos la responsabilidad de ejercer nuestros mandatos en pos del bienestar general. Debemos estar atentos y cuidar a todos los sectores que conforman nuestro país.

Porque al final de todos nuestros esfuerzos no está el éxito de una empresa ni el desarrollo de un sector particular, el fin último es la calidad de vida y la igualdad de oportunidades que sólo ofrece la dignidad del trabajo. Entonces, el primer desafío a mi entender es más y mejor trabajo para todos los argentinos.

(*) Exministro de Hacienda.

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