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CHARLAS DE QUINCHO
Aunque la temporada no parece ser de las mejores, en Punta del Este no alcanzaron los lugares en las discos para recibir el nuevo siglo. El sol favoreció los asados en Punta del Este y las noches calurosas de Buenos Aires alentaron festejos como el de Gustavo Mascardi, en un lugar de Puerto Madero que tiene sólo 15 días de inaugurado y ya es moda. No faltó una reunión de políticas con chistes muy fuertes sobre ellos, particularmente sobre Fernando de la Rúa.
Cecilia Bolocco, con la diputada Martha Alarcia en Córdoba, donde acompañó a Carlos Menem a una comida de empresarios. Ahora el gobernador, José Manuel de la Sota, espera el retorno de la pareja a la provincia porque sabe que con ellos
se asegura toda la prensa nacional.
Insólito, pero la crisis hizo discontinuar algunos locales y otros, como la gigantesca megadisco Peter Pan en el aeropuerto de El Jagüel (para cinco mil almas) se inauguró a los tropezones. No alcanzaron los boliches ni para los más jóvenes. Hay elogios sin embargo para las nuevas rutas (en el acceso a Punta Ballena todavía están construyendo un acceso lateral y el tránsito es complicado), hay precios más razonables, control policial pero sin castigo en las primeras infracciones, se permite el topless en muchas playas y, como siempre, algunos negocios todavía están por abrir debido a la improvisación veraniega. Se mantienen algunos clásicos: la vocinglería de La Barra, asistencia casi completa de banqueros (no van a Brasil), las amarras colmadas, Jorge Antonio caminando por la rambla y el ex senador Juan Trilla paseando su perro negro en el puerto sin atender los consejos de su jefe radical para veranear en la Argentina. Nadie se atreverá a reprocharle nada: por mucho menos que a otros correligionarios, tuvo problemas judiciales y hasta carcelarios quizás porque no dispuso de la eficacia de un influyente de cuatro letras de su partido que hoy se ha convertido en el Corach de los jueces. Mientras ¿Qué dicen los argentinos? Se quejan por el mal año económico, no tienen demasiadas expectativas por el que empezó, hablan de «tirarse 20 días porque nada va a cambiar», pero sí disfrutan de una libertad que se percibe sólo cuando se deja la Argentina: uno sale a la calle y no piensa que lo van a asaltar ni a matar, no teme, tampoco se preocupa de que a sus hijos les pueda pasar algo violento. Es un dato clave, una calidad de vida mejor.
Antes de concluir el año asistimos a un quincho infrecuente, futbolístico, ya que el negocio de este deporte se ha desarrollado con tanta intensidad que la empresa del intermediario de jugadores Gustavo Mascardi («Siglo XXI») opera como una gran compañía. Así pareció, por lo menos, la pródiga cena organizada en «Asia de Cuba» -pretencioso nombre originado tal vez en la globalización- ubicado en Puerto Madero, al costado del Hilton. Soberbio y bien ambientado lugar, no común en tiempos de recesión y estancamiento, que suele regentear Liz Fassi Lavalle, la esposa de quien fuera funcionario de Carlos Menem. Allí, con salones que miraban al río y al canal, el amable anfitrión recibía con bocaditos fríos a las luminarias del fútbol, muchos del seleccionado, y otras personalidades afines (de la AFA, sobre todo). Como si jugar en distintos continentes fuera un elemento de separación, los que se desempeñan en Europa (Italia, sobre todo) se sentaron en una misma mesa mientras los locales se distribuían en otras (y, la verdad, no era mucha la calidez que se transmitieron durante la reunión). Así, los «extranjeros» como «la Brujita» Verón, Claudio López, «el Piojo», Hernán Crespo y Claudio Husaín se concentraron con sus mujeres en una fiesta propia, mientras Martín Palermo -al parecer ya separado de su mujer-, el colombiano Juan Pablo Angel, «Juampi» Sorín y hasta el chileno Marcelo Salas se ubicaban en otros sitios preferenciales con su propio mundo. Así pasó el primer plato de langostinos con música salsa interpretada por un grupo. Después, solidarios o divertidos, empezó otra despedida: varias razones para el cambio. Primero fue un mago, al que nadie le prestaba atención cuando ensayaba trucos y chistes, pero que luego -al convocar a Crespo y a Husaín al escenario- transformó el encuentro: los convirtió en muñecos autómatas, en «chirolitas», mientras él ejercía como ventrilocuo. Desopilante sesión por la gracia de los jugadores que mostraron más habilidad en esa función de muñecos que en la de pegarle a la pelota. Ya estaba avanzado el clima de festejo -además, por si fuera poco, había una multitud de modelos y otras que, no exitosas en la pasarela, se ganan la vida en otras actividades- y llegó «la Mona» Giménez. Pero antes, para opacar al cuartetero cordobés y, de paso, hacer que todos los jugadores se levantaran para saludarlo y rodearlo, hizo su entrada Diego Armando Maradona. Ya estaba formado el equipo, con suplentes y todo, incluyendo al representante Guillermo Coppola, reconciliado con su mujer Sonia, que hasta tuvo un instante para dialogar largamente con su ex pareja María Fernanda Callejón, con quien las relaciones no habían quedado bien después de un embarazo no confirmado. Lejos de estos sociales, se comentaba empresariamente que Mascardi colabora en algunos proyectos de la dupla Maradona-Coppola, con quien hasta el año pasado no tenía buena relación. También triscaba Mauricio Macri, solo, no se sabe si para alguna venta o para alguna compra. Su padre, Franco, sí invierte: susurraban que ha decidido convertirse en ganadero y compró miles de hectáreas en Salta y Jujuy asesorado por el ingeniero Livio Kuhl (curiosidades de la vida de Franco: hombre que se dedicó a la construcción, los autos, alimentos elaborados y computación ahora se inclina por una actividad primaria como la carne).
De improviso, tal vez por estrategia familiar y aguardando otras jugadas, Carlos Menem el domingo 31 hizo convocar al avión de un amigo a La Rioja. Desde allí, junto a Alberto Kohan y Diego Castro Videla, se desplazó a Santiago de Chile a recibir el Año Nuevo en la casa de los padres de Cecilia Bolocco. Hasta se avisó a la policía, razón por la cual en el aeropuerto lo esperó el embajador Daniel Olmos, quien lo escoltó hasta el Hotel Hyatt donde se hospedó antes de ir, a la noche, a la casa en el residencial barrio Las Condes de Don Enzo, el padre de la novia, un reconocido empresario de los electrodomésticos con cadena propia con mejor prestigio que los Rodó o Garbarino de la Argentina. Se anotó en el golf para no perder práctica y jugó con Kohan y Castro Videla en una cancha vecina que le reservó el hotel.
«Todo el mundo en Córdoba», clamó José Manuel de la Sota. Claro, para él hoy es casi imposible trasladarse a otro lugar: está en una silla de ruedas por la fractura de un pie. Así, en esas condiciones, fue a pasar la noche de fin de año frente a las costas del lago San Roque (Carlos Paz), donde otras 5 mil personas aguardaron un festival de 35 minutos con fuegos artificiales. Junto al gobernador, su esposa Olga Riutort, el ministro Carlos Caserio y el intendente Gustavo Dellamaggiore, entusiasmados todos porque la temporada de este año recibirá 20% más de turistas que el año pasado. Toda una novedad en estos tiempos de crisis. Hay que mantener esta vitalidad todos los días, agregó luego en su casa De la Sota, proponiendo invitar a una fiesta a toda la farándula local (los cómicos «Negro» Alvarez, «Sapo» Cativa, «Cacho» Buenaventura, los actores Miguel Iriarte y José Luis Serrano) y a los invitados extranjeros: Graciela Alfano, Mónica Ayos, Tristán, Luis Brandoni y Ricardo Darín, entre otros. «Hay que mover la temporada todos los días», insistió, al tiempo que descartó -no sólo por sus problemas físicos- que vaya a tener alguna aparición en la costa marplatense. «Se podría interpretar como un lanzamiento nacional y éste no es el momento», confesó al tiempo que, siempre fiel a Menem, confirmó que este mes el ex presidente visitará Carlos Paz, alojándose con seguridad en la casa que todavía mantiene su sombra, Armando Gostanian. Quienes rodean al gobernador sueñan con que Menem venga a la ciudad con su novia: «Así tenemos prensa nacional completa», suspiran los operadores que ya sienten un poco chico el traje de Córdoba.
-Carlos Sánchez-, quien además de hacer reír, puso en aprietos a más de un invitado. Tenía prohibidas las bromas sobre senadores, pero incursionó sobre otras figuras: «¿Por qué le dicen corazón de ballena a De la Rúa?», inquirió, para contestarse luego: «Es que es el bobo más grande del mundo». También lo prefirió a Eduardo Duhalde, presente con su esposa «Chiche»: «¿Sabe que a todos los que votaron por usted los mandaron a ver a San Pedro?». Incómodo, el ex gobernador se sonrojó, esperó el replique para salir del atolladero: «No se preocupe, es porque los que votaron a De la Rúa no tienen perdón de Dios». Luego, ya con Duhalde como protagonista, le pidió: «No salga más a pescar, con esa cabeza siempre va a dar vuelta cualquier gomón. Usted tiene que ir en un transatlántico».
No le faltaron, sin embargo, los incondicionales (Ginés González García, Pascual Rampi, Graciela Giannettasio) ni la cantante Adriana Varela, quien el último tango hasta lo cantó sobre la falda del senador. También cantó Víctor Laplace, pero evitó las rodillas de Cafiero. El hijo del senador, casi copiando a su hermano Juampi (quien, obviamente, no estuvo en la reunión, por esas cosas del padre que para ciertas reuniones invita a uno de sus hijos y para otras al del Frepaso), se paseaba por las mesas recogiendo opiniones sobre su investigación en torno a que la deuda externa no es legítima. Parece que vive en el Banco Central en la pesquisa de un informe judicial con fax de hace más de veinte años buscando culpables, entuertos y presuntos delitos. No tuvo suerte en la recorrida. Uno de los que más lo quiere le dijo: «Vas a terminar peor que Duhalde con esto de la deuda externa».
En el clima monacal de la casa inevitablemente se rozó el tema de los presos de La Tablada, sobre todo la intervención de la Iglesia a favor de la liberación de los guerrilleros. Gesto humano, claro, pero olvidándose quizás monseñor Karlic de que en esa violenta refriega participó como autor intelectual un sacerdote, el cura Puigané, quien hoy vive en Europa luego de alguna negociación judicial. También se rozó el caso de Nilda Garré, quien irritó a las Fuerzas Armadas y al ministro de Defensa, Ricardo López Murphy, al oponerse al ascenso de algunos militares como lo pretendía el gobierno. Como lo suyo resultó un fiasco, renunció. Lo absurdo, se sostenía, no es que le hayan rechazado la renuncia, sino que ella igual se hubiera quedado. Casi de machistas, decían que los hombres siempre renuncian en forma indeclinable.
Módico, como corresponde a la época, también tuvo su fin de año el presidente De la Rúa. Fue en Chapadmalal, cumpliendo el rito de todos los que pasan por el Ejecutivo, acompañado por su esposa, la hija y el yerno (su habitual compañero de golf), el «Negro» Gregorio Carreras, el edecán de turno y el pujante Hernán Lombardi, quien a la función de Turismo agrega su conocimiento marplatense. Habló con sus ministros y amigos por teléfono -Rodríguez Giavarini en Italia para ver al Papa, Enrique Olivera en Nueva York para ver a sus hijos-, también con Chrystian Colombo a quien le exige «darle más aire al gobierno». Se comunicó a Chascomús, Raúl Alfonsín lo atendió y luego les transmitió a sus inmediatos del radicalismo: «No hay que irse en enero, el verano será movido». Por lo pronto, De la Rúa vuelve el miércoles, Alfonsín el jueves, ¿pasará algo? En la inmediación presidencial se sostiene que no es momento. Como si supieran los secretos del tiempo.
Si los cariocas saben hacer de su «réveillon» de Año Nuevo un espectáculo casi tan formidable como el Carnaval, la del domingo por la noche tuvo un ingrediente que volvió más llamativa la celebración: una lluvia torrencial sobre Rio de Janeiro en el momento en que estallaron los tradicionales fuegos artificiales. Periodistas del diario asistieron a esa megafiesta, que concentra a más de 3 millones de personas sobre la arena de Copacabana y se repite en cada uno de los lujosos departamentos de la avenida Atlántica, totalmente decorados con luces. Producidos por la misma empresa brasileña que provee a la Disney en los Estados Unidos, la cadena Globo y el hotel Copacabana Palace compitieron por ofrecer el mayor despliegue de pirotecnia: durante media hora ininterrumpida, el cielo de la playa se iluminó «a giorno», con centellas que serían vistas por alguien que eventualmente se encontrara en la Luna. La lluvia, que cayó en torrentes a la medianoche, no consiguió arruinar el espectáculo: la multitud siguió bailando, rigurosamente vestida de blanco como indica la cábala, bajo un cielo envuelto en humo, en el que los fuegos caían más lentamente por efecto del agua pero sin perder brillo. Cerveza y champagne en ríos y cientos de carpas blancas en las que las clásicas bahianas bailan sus danzas rituales para recibir el año. Todo Brasil se preparaba esa noche, además, para el cambio de manos en los gobiernos municipales, aunque el que más llamara la atención fuera el de San Pablo. Allí asumiría Martha Suplicy (Aníbal Ibarra concurrió a la ceremonia), una dirigente del Partido dos Trabalhadores (PT) que se hizo famosa en los '80 como conductora de programas sobre sexología y que ahora se ha propuesto sacar a su partido de la izquierda rabiosa en la que estuvo estacionado en las últimas décadas. Chic y acaudalada, esta ex diputada logró ubicar al PT al frente de una de las tres ciudades más populosas del mundo; para eso no fue obstáculo su magnífica mansión en el barrio más opulento de San Pablo, su odio hacia los jeans, su hijo rockero de pasable éxito en Nueva York y su matrimonio con un Matarazzo, miembro de una de las familias más poderosas de Brasil.
Una copa de champagne bastó para que, si había alguna sombra en la relación entre Chrystian Colombo y Raúl Alfonsín, se disipara rápidamente. Fue en la casa de Enrique Nosiglia, el viernes: «Coti» reunió al jefe de Gabinete y al ex presidente para despedir el año, sin más testigos que el ex diputado Marcelo Bassani. Tal vez ni hiciera falta el encuentro para desmentir las versiones según las cuales «Alfonsín no lanzará su candidatura a senador si Colombo no le pide disculpas por haberlo desautorizado en su postura por el pago de la deuda», como repetían algunos habitués de la casa del jefe radical. Es que Alfonsín se mostró tan entusiasmado con la gestión de Colombo y con el actual trance del gobierno, que todos quedaron allí con la sensación de que se postulará el año que viene para defender al gobierno en la provincia de Buenos Aires. «Te van a decir que estás equivocado pero vos metéle para adelante, que andás muy bien», le recomendó el ex mandatario a quien se afilió al radicalismo y llegó a ser presidente del BANADE en los '80 por su admiración al hombre de Chascomús. Alfonsín, sin embargo, mantuvo en secreto su decisión acerca de la competencia del año próximo y eso facilita algunos movimientos de Fernando de la Rúa. Al parecer, el Presidente ha comenzado a preguntarse si no estaría bien que Federico Storani se postule como senador, no tanto porque lo considere un buen abogado para el gobierno, sino porque quiere darse el gusto de verlo formular alguna crítica a la gestión de Carlos Ruckauf: «Los radicales de la provincia, en general, se quejan más de nuestro gobierno que del peronismo que está instalado en La Plata», suele comenzar De la Rúa, a quien ya en la campaña electoral le resultaba inquietante el exceso de cordialidad de esos hombres de su partido con Eduardo Duhalde.
Finalizamos con un chiste fuerte pero muy bueno, contado por el cómico Miguel Angel Rodríguez en «Polémica en el bar» por «América 2». Un hombre exageradamente corto de vista va a la playa con bolsos, sombrilla y todo el equipamiento de quien quiere aprovechar al máximo el día. Una vez instalado, saca del bolso una muñeca inflable, enrollada, y se encamina al borde del mar. Al llegar a la orilla, con fuertes soplidos infla la muñeca, que comienza a desplegar las piernas, abre sus brazos; empieza a crecer su busto. Azorado, un bañista que estaba al lado le pregunta al corto de vista: «¿Qué hace con esa muñeca inflable?»
-¡¿Cómo?! -dice el ciego.
-Está inflando una muñeca -le repite el bañista.
-¡No me diga que hace dos semanas me estoy encamando con el patito!

