Charlas de quincho

Secciones Especiales

Tras el fin de semana XL anterior, debido a los feriados de Carnaval que a esta altura y en medio de la pandemia ya no tienen justificación alguna, los últimos días depararon otro tipo de eventos, y no de los climáticos justamente. Y en medio quedaron el cumpleaños de la vicepresidenta Cristina de Kirchner, los ecos de la muerte del expresidente Carlos Menem y la iniciación, tras muchas marchas y contramarchas, de las clases después de casi un año sin asistencia presencial a las aulas. Al menos, los gremios se acallaron bastante pero, mientras Alberto Fernández preparaba su viaje a México, recrudeció el tema de las vacunas con el escándalo que terminó costándole el cargo al ministro de Salud, Ginés González García, y derivaciones que aún no terminan. La puesta en marcha acelerada del Impuesto a la Riqueza, la nueva Ley de Alquileres, y el lanzamiento del Consejo Económico y Social con muchos espacios vacíos (según las quejas que se escuchan) constituyeron otros de los temas centrales que se escucharon en la mayoría de los Quinchos, a ambos lados del Río de la Plata, nuevamente muy soleados. Veamos:

Cambios no tan imprevistos. Sin duda, la baja de Ginés González García, ahora ex ministro de Salud del Gabinete nacional, aunque se preveía desde hace meses, nunca se sospechó que podía darse en medio de un escándalo de la magnitud del que sucedió, y con derivaciones aún insospechadas, por lo que ocupó las charlas de todos los asados y comidas del fin de semana en countries y playas, y se transformó en el festín de las redes sociales. Por supuesto que el primero que esperaba irse de otra forma era el propio Gonzalez García, amigo de Alberto Fernández y uno de los que constituyó la base del Gabinete inicial hace un año y medio atrás, aún antes de las elecciones de octubre del ´19. Ahora, la danza de nombres involucrados, y las carambolas que se sucedieron (a varias bandas), que todavía no terminan e incluyen a sindicalistas, políticos de varios partidos, artistas, y hasta jovencísimos militantes que se anotaron en lo que ya dio en llamarse el “Sputnik Gate” (por el nombre de la vacuna rusa, eje del desmanejo), amenaza con tener varios capítulos adicionales. Y esto, a pesar de la muy rápida reacción oficial que colocó a la previsible, hasta entonces viceministro, Carla Vizzotti en el sillón del saliente . Pero tantas fueron las desprolijidades que en más de un quincho se elucubraba con una “cama” al funcionario saliente, más que la sumatoria de simples “torpezas” encadenadas, como arguyó alguno. Está claro que esas sospechas sobre las declaraciones de Horacio Verbitsky que detonaron el conflicto por las vacunas seguirán estando por mucho tiempo en el centro de la escena. Y también la incomprensible actitud del Gobierno en no declarar al principio del plan de vacunación la necesidad que algunos integrantes del Gobierno, como el propio Presidente de la Nación, estuvieran en la primera lista de prioritarios a vacunar debido a su exposición al riesgo. Incomprensible, se repite, que otra vez un gobierno en Argentina no plantee de frente cuestiones que hasta pueden ser lógicas y luego pague el costo de los excesos.

Segundo plano. Por supuesto que el asunto, explosivo en la opinión pública, enmascaró y puso en segundo y tercer plano casi todo lo que venía ocurriendo hasta ese momento, desde el cumpleaños 68 de la vicepresidente Cristina de Kirchner, que mereció festejos especialmente en las redes sociales, hasta el “silencioso” recambio de dos funcionarios clave en Agricultura, y no por decisión del ministro a cargo de la cartera, Luis Basterra. Así, en medio del escándalo en Salud, de las alternativas de la Sputnik, y con la sociedad local particularmente sensibilizada por la disponibilidad de vacunas, la “salida” del viceministro, Julián Echezarreta, y más aún la del titular de la estratégica Oficina de Control Comercial, Marcelo Rossi, en la que se desempeñaba por segundo vez, desde 2016, y lugar que en su momento ocupó el poderoso Ricardo Echegaray, fueron interpretadas como muy malas señales por el sector agroindustrial, y por razones de lo más variadas. En todo caso, y lejos de muchos de los trascendidos, el golpe de timón estuvo a cargo, en realidad, de la jefe de gabinete, Diana Guillén, una histórica del área (hizo toda su carrera en el Senasa), muy cercana al Instituto Patria y a su máxima conducción, y que es a quién le asignan el verdadero manejo de la cartera. A su vez, la equidistancia profesional de Rossi parece que no alcanzó para neutralizar su origen radical, colocando ahora en ese cargo al cordobés Luciano Zarich, que aunque fue nombrado el año pasado subinterventor de Vicentín, no pudo ingresar a la empresa santafesina por el rechazo de la gente de Reconquista y Avellaneda, y algunos dicen que su pasado como director nacional de Matriculación y Fiscalización en la cartera agropecuaria, tuvo bastante que ver con esa actitud. En todo caso, ni Zarich, y mucho menos Solmi, hombre del massismo, le aportan demasiado a Basterra, en especial, por el rol federado de este último, enfrentado en las internas al actual titular de la Federación Agraria, el moderado Carlos Achetony, y con el rechazo generalizado de todas las entidades del campo a repetir la presencia en cargos altos del Ejecutivo, de dirigentes de sus entidades, tras la demoledora experiencia con Luis Miguel Etchevehere de la Rural durante el Gobierno de Macri. Por su parte, la salida de Echazarreta, proveniente de ACA, una de las principales cooperativas y exportadoras del país, y con vasta experiencia en el sector comercial agrícola, se habría dado por su respaldo a Rossi, y no por su desempeño. Seguramente en los próximos días también aquí habrá más reacomodamientos, algunos muy necesarios, aunque podrían ser bastante menos tranquilos, según interpretaron dirigentes de las entidades involucradas muy conocedores tanto de los personajes salientes, como más especialmente de los entrantes, y mientras especulaban sobre si los cambios muy callados en Agricultura habían sido casualidad o una coincidencia forzada.

Siempre los bancos. Mientras el inicio finalmente de las clases presenciales está obligando a cantidad de ajustes que no habían sido considerados a pesar del tiempo transcurrido de casi un año sin clases en las escuelas, el rápido llamado a silencio gremial sigue siendo motivo de comentario en las mesas. “Es que los sindicatos están perdiendo afiliados a montones. A esta altura hay más hinchas de Racing que trabajadores sindicalizados”, comentaba irónico el CEO de una metalúrgica, tocando un tema sensible que se viene dando en muchos países, a partir de los abruptos cambios de sistema de trabajo que impuso la pandemia y, peor aún, de la evidencia de que hay formas de trabajo que son perfectamente sustituibles, aunque no toda la gente fue preparada para llevarla adelante, tema que desvela a los gremialistas más jóvenes y avanzados. Otro caso que seguramente va a dar que hablar en breve, es el de los bancos que siguen trabajando con “turnos” después de 11 meses de restricciones y, si bien dejó en claro varias costosas ineficiencia anteriores (al punto que varios de los principales bancos privados ya están vaciando y hasta alquilando, o poniendo en venta algunos de sus edificios) la falta de actividad regular complica, y encarece, adicionalmente el trabajo de las empresas. Sobre todo porque, además, esta baja en el trabajo presencial de los bancos no frenó para nada la suba de las comisiones que cobran a sus clientes y que este enero volvieron a ser evidentes. El tema es especialmente complejo en la banca oficial donde en las últimas semanas llegaron a registrarse demoras de hasta más de 20 días (¡), para las cajas de seguridad y, aunque las sedes lucen prácticamente vacías, cuesta conseguir los turnos, situación mucho más fluida en la banca privada.

Todos vuelven. Mientras todos los empresarios coincidían en estas cuestiones operativas, otros más cercanos a los rubros masivos daban cuenta de la reaparición, y en modelo crítico, de algunos personajes muy mediáticos como el discutido Alberto Samid (tema carne), y también el ex secretario de Comercio de las primeras administraciones kirchneristas, Guillermo Moreno, haciéndose eco más de las quejas del sector alimentario y criticando algunas medidas oficiales, que respaldando a los actuales funcionarios. A su vez, la andanada de temas de alto impacto dejó flotando, sin respuestas, preguntas tales como que pasó con el conflicto de la policía bonaerense, o porqué el nuevo Consejo Económico y Social, que implica la reentré del Secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz a los primeros planos, solo incluye junto al Gobierno, a empresarios, movimientos sociales y sindicalistas, y no a otras fuerzas políticas como ocurrió en otras ocasiones.”Ojalá que Gustavo tenga más suerte con esto que Arroyo con su Mesa del Hambre. Ya del vamos, la Sputnik le aguó la fiesta y le robó todos los títulos”, decía un legislador (MC) del partido gobernante al analizar los últimos movimientos, y algunos superpuestos, ya que varios de los que intervienen son los mismos personajes, tanto de las empresas, como de los gremios y de los movimientos sociales.

Vamos a terminar con un chiste médico:

Un hombre va al consultorio de su urólogo, y le dice:

- Doctor, quiero hacerme una vasectomía.

El médico lo mira con asombro, reflexiona unos instantes, y le responde:

- Mire, señor, que se trata de una decisión compleja, muy grande, crucial para la vida de todo hombre...

- Lo sé, doctor

- Sabrá usted que esa operación es definitiva, que no hay marcha atrás.

- También lo sé, doctor. Lo he reflexionado mucho.

- Dígame: ¿lo consultó al menos con su esposa y sus hijos?

- Sí, doctor... 15 aprobaron mi decisión y sólo 2 se mostraron en contra.

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