10 de julio 2001 - 00:00

Cuerpos a elección

Cuerpos a elección
Sandy M. Fernández
Trabajando día y noche, los proveedores pudieron satisfacer la demanda a corto plazo. Pero esto sirvió de advertencia a Brasil y al resto de América Latina. A las mujeres les ha entrado la fiebre de los retoques. Montones de mujeres y, en menor grado, de hombres apasionados de la cirugía estética de senos, narices, caderas, ojos, nalgas, y todo lo que se le parezca han invadido las clínicas de cirugía plástica de toda la región. Desde los áridos pueblos fronterizos de México hasta las capitales del Cono Sur, hay largas colas de pacientes de todos los estratos sociales, impacientes por cambiar de imagen y mejorar su autoestima gracias a las manos de los escultores del cuerpo.
Este frenesí ha llegado a todos los niveles de la población. Contagió no sólo a la minoría de mujeres de mediana edad y clase alta que siempre han recurrido a la cirugía plástica, sino a sus hijas, sus vecinas de clase media e incluso a sus empleadas domésticas, que hacen cola en las clínicas de vecindarios modestos para acceder al bisturí a módicos precios. La era de la producción en masa de la imagen está al alcance de todo el mundo, y América Latina la recibe con una sonrisa (con o sin peeling químico) y los brazos abiertos.


Como muchos fenómenos de la cultura de masas, la moda por la cirugía tiene reminiscencias del show business americano. Las mujeres latinas de diferentes etnias y razas eligen el mismo modelo a la hora de cambiar de imagen: la tradicional chica de California, pero con senos grandes y nariz pequeña. Muñecas Barbie , confirma la asesora venezolana de reinas de belleza Giselle Reyes, parte del equipo que prepara a las futuras Miss Universo de Venezuela. Es la moda de Vigilantes de la playa, afirma Jorge Panaté el cirujano de las estrellas argentinas. Una fantasía nór ica trasplantada al hemisferio sur.
Para Roberto Briceño León, un soció-logo al frente del Centro de Investigación del Laboratorio de Ciencias Sociales de Caracas se trata de una colonización cultural. Es una degradación de nosotros mismos. Se da más importancia a la apariencia externa , asegura. Pero a las mujeres les importa más la reconstrucción de su apariencia que cualquier explicación deconstruida. Era lisa como una tabla sin ese atributo femenino que tanto ansiaba , dice Florencia Gómez, una modelo argentina de 21 años, con el busto aumentado, y que antes de entrarle la fiebre de los implantes, tenía la figura sumamente estilizada, perfecta, que tanto gustaba a los porteños. Gómez se operó el año pasado. Ahora soy muy feliz , dice.
Para alegría de muchos y alarma de otros, la tendencia a remodelar el cuerpo continua en auge, y Brasil se lleva la palma. Allí nació y vive uno de los mejores y más conocidos cirujanos plásticos del mundo, el pionero de los años 60 Ivo Pitanguy. Brasil ha sido durante décadas la meca de la jet set internacional que iba en busca de un retoque. Pero ahora, según la Asociación Brasileña de Cirujanos Plásticos, algo está cambiando de manera ostensible. Entre 1996 y 1999, el número de operaciones de cirugía plástica alcanzó la cifra de 300.000, registrando un aumento del 50%. Y mien-tras en Estados Unidos dos tercios aproximadamente de las operaciones de cirugía plástica son reparadoras, como consecuencia de accidentes y otros percances similares, en Brasil el 60% es sólo para cambiar la imagen.

Los medios de comunicación también son partícipes de esta locura. ¡Nuevo cabello! ¡Nariz nueva! ¡Nuevos senos! ¡Nuevo pecho! ¡Nuevo trasero! ¡No se pierda la nueva imagen de Carla Perez!, afirmaba en grandes titulares la portada de la edición brasileña de Playboy el pasado diciembre. Fue la segunda vez que la cantante y presentadora de televisión aparecía en la portada de la revista, y la segunda tapa consecutiva de Playboy en celebrar el debut e un busto aumentado. En la portada de noviembre aparecía la bailarina Scheila Carvalho, quien le dijo al reportero que sus nuevos senos eran como dos gemelos recién nacidos; nunca me canso de mirarlos . En la televisión todo el mundo habla abiertamente de sus operaciones de cirugía estética, desde la superestrella Xuxa hasta la veterana actriz de telenovelas Vera Fischer.

Los quioscos están repletos de nuevas revistas, con nombres como Plástica y Belle-za, dedicadas a las maravillas de la cirugía plástica. Con razón Juliana Borges, la actual Miss Brasil, causó un pequeño revuelo internacional al revelar que se había hecho 24 operaciones de cirugía estética liposucción, implantes de seno, eliminación de lunares, etc. Lo único que hice fue mejorarme un poco , le explicó al noticiero de la cadena estadounidense ABC. Muchas chicas lo hacen .

Y así es en realidad. E igual de importante es que las brasileñas están optando por cuerpos con siluetas radicalmente distintas. Antes, la figura femenina ideal era del tipo Sonia Braga, en forma de guitarra con caderas acentuadas y un busto más pequeño. Llamémosle el look Garota de Ipanema. Pero ahora más de un tercio de todas las operaciones de cirugía estética son para aumentar los senos, que transforma la guitarra en un alargado reloj de arena, al estilo Pamela Anderson. Los implantes se pusieron de moda hace apenas dos años , explicó Margaret Figueiredo, irectora comercial de Silimed Silicone e Instrumental Medico Cirurgico e Hospitalar, la filial brasileña de una empresa estadounidense fabricante de implantes. Silimed es la única fabricante de implantes de América Latina, y produce dos tercios de las siliconas que rellenan los senos brasileños. El resto son importadas. El negocio no podría ir mejor. Silimed vendió 18.000 pares de implantes en 1999 y esperaba fabricar 22.000 en 2000. Sin embargo, la demanda fue tal que la firma fabricó 28.000, un incremento del 55%, y espera aumentar la producción un 40% más este año.
Según Figueiredo, el frenesí del aumento de senos comenzó en noviembre de 1998, cuando la prestigiosa revista médica
New England Journal of Medicine publicó un esperado artículo que decía que los implantes de silicona no ponían en riesgo la salud. Se eliminaba así uno e los grandes obstáculos para el cambio. Pero no es fácil deslindar ese acontecimiento e la fama repentina y explosiva que adquirió la super-modelo Gisele Bundchen al año siguiente.

Nacida y educada en la pequeña ciudad de Horizontina, a unos 400 kilómetros al noroeste de Porto Alegre, la sinuosidad de Gisele no encajaba en el estereotipo tradicional de la figura de una modelo. Al principio, incluso diseñadores de moda de EE.UU. la habían rechazado porque tenía unos senos demasiado prominentes para lucir sus prendas. Pero dos años después de instalarse en Nueva York, Gisele había revolucionado la estética de las pasarelas del mundo de la moda. Tras conquistar Manhattan, Londres, Milán y París en 1999, Gisele era la modelo más cotizada, y estaban de moda las curvas.
En Brasil, sus compatriotas, orgullosos del éxito de Gisele, tomaron nota y comenzaron a pedir hora a los doctores. Para marzo de 2000, el cambio ya se veía venir. El
look de la serie de televisión Vigilantes de la playa primaba en las escuelas de samba de Río, conocido ese año como el Carnaval de las siliconas . Una de las estrellas del desfile fue Angela Bismarchi, de 27 años y esposa de un cirujano plástico que exhibió la extensa labor de su marido pintando sus senos aumentados y su abdomen liposuccionado con los colores de la bandera brasileña. ¡Mamas mías! La carrera a las clínicas había comenzado.
La crisis económica quizá tenga que ver con el nuevo gusto por el cambio físico. En EE.UU., el número de operaciones menores de cirugía plástica realizadas en profesionales de mediana edad aumentó durante la recesión de principios de los años 90. En América Latina, cuyas economías son más volátiles, los currículum vitae suelen incluir la fotografía de los aspirantes a empleo, y los anuncios por palabras exigen buena apariencia , tanto para secretarias como contables. Los retoques parecen, pues, más necesario en tiempos de incertidumbre. Me estiré la piel cuando cumplí los 50, porque mi trabajo lo exige , cuenta la editora de una revista femenina mexicana de 70 años de edad. Creo que nadie se percató de ello .

También hubo avances médicos que alimentaron el frenesí. El doctor Pablo Hidalgo Monroy, que ejerce en la Ciudad de-México desde hace 10 años, atribuye la demanda de operaciones de cirugía estética a la creciente popularidad de procedimientos cosméticos médicos de los años 90, como la limpiadora dermabrasión y las dosis de Botox, que elimina las arrugas al paralizar temporalmente los músculos faciales responsables de fruncir el ceño, entre otros. Esos procedimientos hacen que la cirugía plástica sea menos ajena, más cotidiana , dice. Y una vez que la paciente está en la consulta para que le hagan un
peeling químico se siente más tranquila cuando me pregunta ¿doctor, qué puedo hacer con esta papada?
Los artículos sobre los procedimientos super rápidos inundaron las revistas femeninas y llevaron a grupos cada vez más jóvenes de mujeres a las clínicas para hacerse un retoque. Hace unos años, la gente se hacía cirugía plástica par no ser tan feos o aparentar menos ños. Ahor es par mantenerse jóvenes y vibr ntes , explica Raúl López Infante, conocido cirujano perteneciente l Hospital Angeles del Pedregal, el no va más de la cirugía plástica en la Ciudad de México.

Los procedimientos menos invasores atr jeron al negocio a médicos en busca de nuev s fuentes de ingresos. Legalmente, casi cualquier especialista médico puede estar capacitado en cuestión de días par hacer operaciones de cirugía estética, y los pacientes suelen pagar en efectivo. Una se-ñal del mayor número de clínicas es el descenso en los precios. En 1980, por ejemplo, las argentinas pag ban proximadamente
30.000 dólares por un estir miento facial, el precio de un apartamento pequeño en Buenos Aires. Hoy, la misma operación costaría 4.000 dólares o menos, de los cuales l mitad son g nancias del cirujano, descontando los gastos. En comparación, extraer un apéndice sólo generaría unos 300 dólares, y el cirujano quizá tendría que esperar meses antes de recibir la suma de la segur dor del paciente.
No obstante, 4.000 dólares sigue siendo un precio consider ble para la mayoría de los latinoamericanos, y algunos médicos hallaron la forma de reducir el costo aun más. En la jetreada avenida Pachacutec, de San Juan de Miraflores, un distrito de bajos ingresos de Lima, bundan las oficinas de médicos y dentistas que realizan procedimientos de cirugía plástica precios bajos.

El Dr. Julio Daniel Kirschbaum, presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica, Reconstructiva y Cosmética de Perú, firma que la oferta bajo costo no significa necesariamente menor calidad. Si usted trabaja en San Juan de Miraflores tiene g stos mucho menores que en otr s zonas , dice Kirschbaum, quien dirige un exclusivo centro de cirugía en el distrito San Borja, de Lima. Mucha gente confunde el precio con la calidad, y en realidad tienen poco que ver uno con la otr . Eso es lo que descubrieron los pacientes adinerados. En Río de Janeiro, donde Pitanguy aún en ejercicio a los 74 ños y sus lumnos ofrecen cirugía cosmética a bajo costo o gr tuita en el Hospital Gener l de la Santa Casa de la Misericordia, el personal médico en ocasiones descubre pacientes de clase media que quieren pasar desapercibidos, con la esperanza de recibir un buen trabajo por poco dinero.
P r el paciente más pudiente, la cirugía plástica moderna ofrece procedimientos más seguros y menos inv sores con mejores resultados y menos cicatrices. Ahor el médico puede estir r los glúteos una paciente y hasta colocarle implantes y dejar una cicatriz tan pequeña que incluso puede quedar disimulada por un tanga. Hace 10 ños, los implantes de seno oblig ban la paciente dormir boca arriba durante semanas. Ahor la cirugía exige sólo de siete a 14 días de recuperación par retir r los puntos. Y los médicos latinoamericanos han estado la v nguardia de los avances quirúrgicos. Muchas técnicas que se ven en Estados Unidos, especialmente par reducir las cicatrices producto de las operaciones, provienen originalmente de América L tina , explicó el Dr. Thomas Biggs, cirujano plástico de Houston y presidente de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética.

Un ejemplo es la técnica yensie, que utiliza los músculos de la paciente para estir r los senos sin el uso de implantes. El inventor de esta técnica es el Dr. M nuel Enrique Chacón, presidente de la Asociación de Cirugí Plástic de Cost Ric . En l convención nual de la Sociedad Estadounidense de Cirugía Plástica Estética (ASAPS) celebr da en mayo, un salón lleno de médicos de un hotel de Manhattan guardó silencio mientr s un especialista describía una técnica de estir miento facial que sólo dejó unas pequeñas cicatrices en el cuero cabelludo de la paciente. Los cirujanos latinoamericanos consider n la cirugía como una forma de arte , cuenta Renato Saltz, cirujano br sileño que fue educado y ejerce en Utah, pero que visita periódicamente a sus colegas en Brasil. Este ño presidió la primer convención de la ASAPS dedicada exclusivamente la labor realizada fuer de Estados Unidos, y casi la mitad de los tr bajos presentados fueron de latinoamericanos. Creo que quizá sean más creativos que sus colegas de EE.UU. o Europa , opina Saltz. Están menos coaccionados por las demandas judiciales .

Pero la misma libertad que puede conducir la creatividad de un buen cirujano puede ser mortal en las manos de uno mediocre. En América L tina los pacientes tienen pocos recursos par exigir compensación por un trabajo mal hecho y la supervisión profesional es poco frecuente. El director de inspección de recur-sos de salud del Ministerio de Salud de Argentina, Dr. Jorge Antoniak, se queja de que sólo cuenta con 26 inspectores sanitarios de dedicación total para supervisar
1.300 cirujanos que realizan operaciones de cirugía plástica, muchos de ellos capacitados inicialmente para otr s especialidades. En Argentina no hace falta que los médicos teng n un título o utorización especial par ejercer la cirugía plástica , dice. Cualquier médico puede realizarla legalmente . Antoniak también se siente frustrado por la falta de interés del sistema jurídico argentino con respecto a la práctica ileg l y el fr ude. Mi oficina intentó atr par a v rias clínicas de cirugía plástica que nunciaban resultados imposibles, pero no pudimos obtener una sola condena de los tribunales , relató. Eso a pesar de casos muy publicitados como el de la modelo argentina Raquel M ncini, que entró en coma durante una liposucción en una clínica sin licencia en 1996 y a pesar de recuper rse, su carrer no volvió a ser la misma.

El tema está mejor resuelto en México, donde 1.038 médicos están autorizados par realizar operaciones de cirugía plástica y existe una mplia reglamentación sobre la materia. Pero los problemas persisten, según el Dr. Héctor Arámbula, presidente del Consejo Mexicano de Cirugía Plástica, Estética y Repar dor . Principalmente son causados por especialistas ajenos la cirugía plástica: ginecólogos, otorrinolaringólogos, incluso dentistas y dermatólogos .
Los problemas son más graves en los salones de belleza del continente, que veces actúan como clínicas clandestinas. En Lima, una madre y su hija murieron en 1999 cuando un peluquero les inyectó gel de siliconas directamente en los senos. El hombre fue procesado por homicidio.
Pero esas tragedias no han desanimado a los consumidores. Una reciente encuesta ha demostrado que uno de los mayores temores que infunde la cirugía plástica a los estadounidenses es la de morir en la mesa de operaciones, mientras en América L tina es de no obtener los resultados deseados. A pesar de las objeciones del sociólogo Briceño León, ningún partido político se ha convertido en estandarte contra la cirugía, y no existe un debate en profundidad sobre esta especialidad.
En general, la gente se conforma con los resultados. Incluso cirujanos como la br sileña Celia Accursio consider n que los recortes, estir mientos y agrandamientos son sólo una moda. Hoy en día hacerse un implante no es nada. Es como si las mujeres fuer n a la peluquería a hacerse un peinado nuevo . Y el último grito es algo con mucho, mucho cuerpo.
—nformes de Lucien Chauvin/Lima, Andrew Downie/Río de Janeiro, Uki Goñi/Buenos Aires, Christina Hoag/Caracas y DollyMascareñas/Ciudad México