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De Zuviría: desde lo estático a lo animado
«Peatones en Retiro», de la muestra «Acerca de Buenos Aires» de Facundo de Zuviría.
La mirada de De Zuviría percibe los ritmos de la agitación urbana, que contrasta con la densa calma de una ciudad casi abstracta. En «Peatones en Retiro» el tiempo cobra su verdadero espesor. La sensación de movimiento y la quietud son protagonistas de la escena, situaciones antagónicas subrayadas y a la vez definidas por la luz que se confronta con la sombra.
En primer plano se recortan las siluetas de cinco personajes oscuros, tomados a contraluz, que ensimismados en su trajín, cruzan la Avenida Leandro Alem en distintas direcciones. En un segundo plano, inmóviles, están las hileras cargadas de autos y colectivos bañadas por el sol de la siesta, que esperan el inminente cambio de los semáforos para reiniciar la marcha.
La acción que está por acontecer genera cierto suspenso y le brinda a algunas fotografías una cualidad cinematográfica, condición que se advierte en «Estación Retiro», que reúne en una sola toma el carácter animado de la imagen de cine y la naturaleza estática de la fotografía. Desde un andén solitario un hombre en actitud meditativa mira la multitud que se desplaza por el andén de enfrente; observa, inmutable, desde su posición distanciada, el simple transcurrir de la vida.
En los sencillos paisajes de unas medianeras que se recortan contra el cielo, o en las imágenes de las casas bajas de los barrios suburbanos, se percibe una ciudad idealizada. De Zuviría descubre en muchas de sus imágenes una ciudad metafísica, que impone una pausa al dinamismo urbano para revelar, una y otra vez con sosegada insistencia, los misterios visuales que se esconden bajo la luz plena del día.
Las calles, los peatones, los edificios, los rincones más irrelevantes, aparecen como objetos estéticos que, ajenos a su función práctica y a su realidad intrínseca, muestran la armonía de sus formas y, en ocasiones, su perfil poético. Las curvas y contracurvas de las columnas frontales de la iglesia de San Ignacio, cuyo dibujo se duplica en las sombras que proyectan, configura una imagen tan franca y desprejuiciadamente ornamental, que su belleza resulta provocativa.
«Buenos Aires es muy fotogénica, tiene una arquitectura y una luz especial», observa De Zuviría. Y encuentra una bella construcción geométrica en los despojos de una casa «tomada» de San Telmo, una pintura de De Chirico en una plazoleta de Barracas, un mundo representativo de la desolación en el Depósito Municipal de Esculturas, una obra surrealista en la vidriera de una casa de muñecas, y una escena del más puro neorrealismo italiano en las figuras que caminan sobre las vías del ferrocarril rumbo a la cancha de Boca.
De Zuviría explica que antes de de ver «qué es» lo que va a fotografiar, lo atraen las formas. Es decir, antes de pensar en el contenido, observa «cómo es» la forma que está frente a su lente. Así, en la imagen de los billares del Club Español, se adivinan las líneas geométricas del punto de fuga, mientras la claraboya del Museo de la Ciudad se asemeja a una pintura abstracta.
Si bien en la muestra predomina un espíritu que se pude definir como metafísico, hay fotos como «El ciudadano», donde la ciudad se diluye en engañosos reflejos y resplandores. «La fotografía es mi camino al conocimiento, deriva de una serie de procesos mentales», señala el artista, autor de algunas imágenes porteñas que ya se han vuelto emblemáticas, como la foto de La Recova que ilustra la tapa del breve catálogo. «Buenos Aires es lo que he fotografiado toda mi vida», concluye. La muestra, curada por la fotógrafa Cristina Fraire, es la más extensa que De Zuviría presenta en esta última década y se exhibirá en México el año próximo.


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