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''El puro es como una mujer muy exigente''

José Bastida: Es experimentar una sensación muy agradable, la que permite apreciar a pleno los matices del puro tabaco, y ese sabor se absorbe por las glándulas gustativas. Además, es un símbolo de refinamiento, de conocimiento y de estatus. Más allá de la imagen que se busque proyectar, para el conocedor fumar un puro es un rito, no algo corriente. Un puro hay que saberlo fumar y degustarlo. Para poder paladearlo hay que hacer un aprendizaje, una serie de experiencias, y así alcanzar el mayor placer. El puro es como una mujer muy exigente, hasta diría que bastante celosa. Si no se le presta atención y no se le da una pitada cada tanto, se tiende a apagar.
J.B.: A mí me encanta saborear un puro con un buen coñac. Lo que provoca es algo difícil de expresar, causa un placer muy exquisito. También se lleva degustarlo con un buen vino -pregunte en la Argentina cuál es el varietal que mejor le corresponde-, un champagne francés, un buen tequila o un whisky de, por lo bajo, veinte años.
J.B.: No le pide nada a ningún tabaco del mundo, siempre y cuando esté fermentado y añejado correctamente. Las condiciones climatológicas de la región de Los Tuxtlas son las ideales para entregar un tabaco de calidad.
P.: ¿Ese tabaco se ha difundido por el mundo?
J.B.: De forma clara en algunos casos y otras muy menos dichas. En Los Tuxtlas hay una empresa que comercializa ampliamente el tabaco en rama, y en muchas partes del mundo donde se hacen puros le ponen el tabaco mexicano, nada más que no lo dicen. Un caso son los puros Davidoff, que su liga tiene Negro de San Andrés, que es el tabaco mexicano que se cultiva en Los Tuxtlas.
P.: ¿Qué es la liga?
J.B.: Cuántas hojas y qué tipo de hojas lleva el puro.
P.: ¿Cómo es la de sus puros?
J.B.: Término medio, ni muy suave ni muy fuerte. Lleva tres tipos de hoja de la misma planta de Negro de San Andrés, pero nosotros lo cultivamos, vemos el proceso y seleccionamos la de más alta calidad para que nuestros puros puedan competir con cualquiera de los muy buenos del mundo.
P.: ¿No es un autoelogio excesivo?
J.B.: Tengo la fortuna de vender en forma directa a fumadores, y mis clientes son conocedores de puros, acostumbrados a los mejores, y están contentos con los que yo les ofrezco. Hasta ahora mi mercado era nacional, pero gracias a un caja de puros que se llevaron de aquí, acabo de firmar un acuerdo para que sean comercializados por una empresa alemana. Los puros no fueron, como creí, a un fumador sino a una cata por expertos. Me pidieron que modificara la liga y los hiciera más suaves. Le eliminé el tabaco negro, que es lo que les da fortaleza a los puros. Están encantados.
P.: ¿Qué nivel de producción tiene de los puros Sihuapan?
J.B.: El buen puro tiene un pleno artesanal. Está hecho a mano y sólo los conocedores distinguen al tacto la textura y el color de cada tabaco, que combinan hasta formar la tripa. Los maestros torcedores tiene en sus manos el tacto para saber qué cantidad de tabaco lleva cada medida. Para mí torcer, enrollar y pegar es trabajo de todos los días. Y me encanta. Mi empresa es familiar, produzco 12.500 puros por mes. Tengo estructura para crecer al doble.
P.: ¿Por qué se dedicó a fabricar cigarros?
J.B.: Soy ingeniero en transportes y hasta hace unos años era gerente de Operaciones de la mayor empresa de transportes de México. Yo nunca había fumado puros, hasta que hace 15 años empecé a hacerlo y me gustó. Mi esposa es veracruzana, de esta región, y viendo el mercado del tabaco y lo que podía aportar, decidí realizar una inversión en el sector. No sabía en lo que me metía, la comercialización es un poco difícil, salvo que se vaya entrando en la red mundial de conocedores de puros. En la siembra, cosecha, selección y cuidado no hay mucho problema, hay literatura y gente experimentada. Haber logrado entrar, con una producción pequeña, en un mercado tan selectivo me provoca una gran felicidad.
P.: ¿Cómo ve el futuro de los habanos de México?
J.B.: Los de México no son habanos, son puros. El término «habanos» proviene de la variedad de tabaco que se da en Cuba. En ningún lado, por lo tanto, se hacen habanos, salvo en Cuba. La variedad de tabaco de los puros mexicanos es el Negro San Andrés y Sumatra, el de esta región.
P.: ¿Cuáles son para usted los mejores puros que se producen en el mundo?
J.B.: Yo reconozco que el puro cubano es el de más alta calidad. Es muy rico, aunque esto es cuestión de gustos. A mí el Cohiba no me gusta, pero me encanta el Romeo y Julieta. El Cohiba lo siento muy agresivo. El puro tiene que ver, como en todo, con el gusto de cada uno. He probado puros dominicanos que son una exquisitez. Cada región tabacalera en los diversos países productores, aunque sean semillas de otro lado, le imprime un sabor propio, un aroma propio. Si yo llevara las semillas del tabaco de Los Tuxtlas a la República Dominicana, va a saber igual que el Negro de San Andrés pero de allí, esto es: bien distinto, y si yo me trajera semillas de habanos y las sembrara en Veracruz, no obtendría el mismo sabor que en Cuba. Cada región da un sabor y un aroma que le son específicos. Ese toque que cada región imprime a su tabaco hace que los expertos puedan elegir el de su preferencia.
