4 de agosto 2008 - 00:00

Pérez Celis fue artista exitoso y comprendido

Pérez Celis: se inició precozmente en la pintura y realizó más de 5000 trabajos que se encuentran en museos, galerías, universidades y entidades bancarias.
Pérez Celis: se inició precozmente en la pintura y realizó más de 5000 trabajos que se encuentran en museos, galerías, universidades y entidades bancarias.
Como desenlace de la leucemia que padecía desde hace mucho tiempo, el sábado, los 69 años, murió el artista plástico Pérez Celis. Lo velaron en el club Boca Juniors como al más querido de los hinchas, rodeado por sus propios murales y los de Rómulo Macció, cuya obra admiraba. Pérez Celis fue un pintor exitoso. Aunque lo mimaron los compradores de aquí y de EE.UU., y aunque la suerte lo acompañó, siempre sostuvo que es la pasión y no el dinero ni la gloria lo que mueve a un gran artista.
Durante gran parte de su vida residió en Nueva York en un estupendo loft sobre la calle Broadway, en pleno Soho. Con su personalidad chispeante y sus respuestas agudas, conquistó amigos que supieron valorar su trabajo. Pérez Celis siempre buscó afianzarse en su propia obra, confiaba plenamente en su pintura y en su imparable producción.
Seguro de sí mismo, no reparaba al juzgar con escepticismo y muchas veces con picardía a sus pares y a los críticos de arte, «cuyos criterios pasan, en tanto la obra permanece». «La crítica es un elemento peligroso» -aseguraba-. «Esto no quiere decir que no existan críticos que aclaran el panorama y trabajen para eso, pero la mayoría crea confusión, y no sólo confunden al público sino que la mayor parte de las veces están muy lejos de lo que quiso hacer el artista».
Pérez Celis solía contar que, cuando lo invitaban a exponer en el exterior, siempre convocaba a la Embajada y la colectividad argentina, porque le parecía importante la presencia del país. «Me han dado incluso diplomas, medallas y plaquetas, pero los argentinos no compran», observaba resignado.
Con la misma sinceridad hablaba de sus pares, decía que Carlos Alonso «es el mejor dibujante argentino», que Polesello «tuvo la oportunidad de estar en el camino, pero a veces unos se engolosina demasiado», que Kuitca es «un chico que sabe estar en la onda». Y justamente, al igual que Kuitca, su deseo de exponer sus obras en el Museo de Bellas Artes, nunca se cumplió.
Nacido en San Telmo, donde tenía su casa y su taller, ya a los 17 años mostró sus habilidades artísticas y tuvo entre sus maestros, entre otros, a Leopoldo Presas y Santiago Korn. A lo largo de su trayectoria realizó más de cinco mil obras que se encuentran en museos, galerías, universidades, entidades bancarias, grupos empresariales y colecciones de particulares. Por su obra recibió premios como la «Orden del Sol en grado de Comendador» otorgada por el Perú, fue nombrado Ciudadano Ilustre de la ciudad de Buenos Aires, recibió la llave de la ciudad de Miami y su obra fue declarada de interés cultural por el Senado argentino. Reunió en fiestas inolvidables a intelectuales y artistas que acompañaron su larga trayectoria y ayer fueron a despedirse del artista para siempre.

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