27 de noviembre 2008 - 00:00

Preocupa el futuro de YPF por la incierta situación de Repsol

Primero, el vicepresidente ruso, Alexei Zhukov, dijo que Gazprom, la empresa que suministra gas a media Europa, estaba interesada en comprar 20% de las acciones de la española Repsol, que tiene en su poder la constructora Sacyr, fuertemente endeudada. Lo dijo en Madrid, luego de reunirse con José Luis Rodríguez Zapatero.
La afirmación causó inmediata reacción en contra de la oposición española y de la Comisión Europea por tratarse de una empresa que está controlada por el Estado ruso y por su condición de proveedora de gas.
A la semana, otra rusa, la petrolera Lukoil, apareció como interesada, pero curiosamente de la mano de La Caixa, el segundo accionista individual después de Sacyr, a través de Criteria y Repinvest. Recién en ese momento quedó claro que no sólo la constructora quiere desinvertir en Repsol, sino que también quiere hacerlo La Caixa.
Esta entidad financiera catalana vinculada al PSOE y a Zapatero, dos años atrás buscó un socio local -Sacyr en el momento de la burbuja inmobiliaria- para evitar una oferta hostil sobre la petrolera por parte de una empresa extranjera.
Al cierre de esta edición, queda claro que Sacyr y La Caixa quieren vender 29,9% de Repsol a unos 29 euros la acción, cuando la cotización en la Bolsa de Madrid ronda 14 euros. La intención de vender sólo esa parte, para que Lukoil o quien sea no se vea obligada a presentar una oferta pública por el total, provocó la reacción de los otros accionistas que también quieren vender al doble del valor real.
También puede deducirse de los diarios españoles que la situación de Sacyr con una deuda de 18 mil millones de euros, de los cuales entre 5.000 y 6.000 corresponden a la compra de 20% de Repsol, es muy peligrosa. No sólo por la deuda, sino porque su balance arroja pérdida debido a la caída de la actividad de la construcción y de la venta de inmuebles en España.
Si Sacyr se cae, con ella entrarían por lo menos en dificultades los bancos acreedores, entre ellos, el Santander y la Caja Madrid, lo que abre un escenario complicado para la economía española. La situación de La Caixa no sería mejor, como lo demuestra el hecho de que esta semana bajó la calificación de todos los bancos hispanos por la importante participación de constructoras en sus carteras de préstamos. Otro hecho llamativo es que La Caixa no cedió el management de Repsol, después de la entrada de Sacyr, y el presidente de la petrolera, Antoni Brufau, proviene de sus filas.
En ese contexto, aparece Rusia, afianzándose las posibilidades de Lukoil porque al no tener gasoductos ni ser proveedora, no puede ser objetada por la Comisión Europea. Pero Lukoil no quiere, en apariencia, cumplir con las exigencias de garantías del sindicato de bancos que le prestó a Sacyr, no tiene calificación crediticia y posee un endeudamiento que tendría que refinanciar para poder cumplir.
Los rumores en España apuntan al rey Juan Carlos como el que convenció a Zapatero para el ingreso de Lukoil. Pero el jefe de Estado parece no encontrar otra salida o está muy convencido. Incluso defendió públicamente que Lukoil no es estatal y parte de su paquete está en manos de ConocoPhillips, de EE.UU.
Presionado por la oposición, parte del PSOE y miembros de su gabinete, Zapatero salió una segunda vez a hablar y descartó «absolutamente» que vaya a producirse una intervención pública o una toma de participaciones en Repsol o en la constructora Sacyr para evitar la entrada de Lukoil.
Insistió en que Repsol y sus accionistas de referencia son empresas privadas y que, si tienen problemas o hay cambios, la respuesta debe ser también empresarial.
Consultado sobre el rechazo del líder del opositor Partido Popular, Mariano Rajoy, a la operación, Zapatero ironizó calificando de «sublimes» sus palabras de que «de ninguna manera se puede poner el petróleo, el gas y la energía en manos de los rusos», y recordó que el petróleo y el gas de Repsol están en países como Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador o Brasil.
También es curioso que Zapatero haya hecho esas declaraciones el mismo día en que las negociaciones entre Lukoil, La Caixa y los bancos acreedores parecieron empantanarse. Esta incierta situación de Repsol, por lo menos en el corto plazo, trae dudas serias sobre el futuro de YPF, aunque ésta está gerenciada actualmente por la familia local Eskenazi.
No se sabe si esa condición pactada con los españoles de La Caixa se mantendrá si Lukoil asume el gerenciamiento de Repsol. Tampoco cuál sería la política de dividendos y de inversiones de la empresa rusa, siendo que YPF representa más de la mitad de las ganancias de la española.
Además el gobierno, en el caso de que quisiera parar la operación, no tiene instrumentos para hacerlo porque el poder de veto del Estado nacional en YPF no incluye que parte del capital social del accionista mayoritario cambie de manos.

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