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Prometen desgravaciones para que no pare la actividad petrolera
Para las empresas productoras, los programas Petróleo Plus y Refinación Plus son «buenos estímulos» pero requieren ser acompañados de una suba de u$s 6 a u$s 8 en el precio interno del petróleo.
-el West Texas Intermediate en la Bolsa de Nueva York- la diferencia por calidad y la incidencia de las retenciones a la exportación, que se utilizan no sólo como mecanismo de recaudación, sino también como límite al precio interno. Por lo menos teóricamente, el productor debe recibir en el mercado local lo mismo que recibiría en caso de exportar.
La propuesta empresarial es llevar el valor a partir de este mes a la franja de u$s 50 y u$s 55, con lo cual el precio del crudo en la plaza argentina termina por ahora siendo más caro que en Nueva York y en Londres.
El aumento tiene de hecho un límite: no puede llevarse el precio local más allá del valor de importación del producto, porque a menos que alguien piense en aranceles a la compra externa de crudo, las refinerías que no tienen petróleo propio (Esso, Shell, y parcialmente Petrobras) terminarían comprando en el exterior.
Considerando la importancia de no perder el autoabastecimiento y el impacto de la actividad petrolera en varias provincias donde es la principal fuente de ingresos, hay quienes creen que la crisis internacional y local y la energética en particular, ameritarían un combo de medidas.
Según esta opinión, el gobierno debería instrumentar, junto con los programas de incentivos, una reducción en las retenciones a la exportación de petróleo y de combustibles. Pero esto choca con las necesidades de recaudación y también con cierta tendencia del gobierno, que se advierte desde el invierno de 2007, de privilegiar el mantenimiento de las reservas en el subsuelo con vistas a necesidades internas futuras más que a fomentar la exportación, sobre todo en el caso del gas.
Según algunos analistas que apoyan a las empresas, una salida sería permitir la suba interna del petróleo y manejar el esquema de retenciones de modo que haya rentabilidad «razonable» para todas las partes.
Dicho de otra forma, se permite que suba el precio del petróleo para que mejore la ganancia de las productoras y al mismo tiempo se bajan las retenciones a la exportación de determinados combustibles que no se consumen en el país, para mantener el margen de la refinación.
Este razonamiento choca, sin embargo, con la opinión de un sector del gobierno según la cual en el último año los precios de los combustibles subieron entre 25% y 30% , por lo cual «las refinerías obtienen un margen superior al que perciben en otros países».
Si esto termina imponiéndose como criterio definitivo, habrá nuevas presiones sobre los precios internos de los combustibles y más conflictividad con las refinerías sin petróleo propio, Shell y Esso, en un momento en que cae la demanda de combustibles, tanto de gasoil como de naftas.
Si se escucha a productoras y refinadoras, todas afirman que desde 2002 la Argentina vivió en «una burbuja» con precios baratos del petróleo y los combustibles, mientras en el mundo las cotizaciones se incrementaron incesantemente desde la invasión a Irak hasta julio de este año.
Esta idea justificaría, según las dos partes, que ahora los precios suban en el mercado interno mientras bajan en el mundo. Las productoras, en particular, dicen que son las que realizaron inversiones para mantener el autoabastecimiento, mientras desde mediados de 2003 pagan una retención de 45% a la exportación que, afirman, recién se hizo extensiva a los combustibles en diciembre de 2007 (antes pagaban 5%).
Los programas Petróleo Plus y Refinación Plus prevén incentivos fiscales por u$s 8.570 millones, con los que se espera, entre otras cosas, aumentar 13% la producción de petróleo en cinco años. Del total, u$s 3.850 se destinarán a desarrollo en yacimientos marginales y u$s 2.500 a exploración en el mar. Todavía falta que se publiquen los decretos y sobre todo que se dicte la reglamentación para conocer los criterios según los que se seleccionarán los proyectos a respaldar y el incentivo fiscal que le corresponderá a cada uno.
Sin embargo, en algunas productoras sostienen que ya desde el primer trimestre del año próximo, si la producción es superior a la de igual período de este año, la empresa será inmediatamente acreedora a un crédito fiscal.
Es por eso, se asegura, que la presidente Kirchner aseguró que «se verán los resultados antes de que se otorgue el incentivo». Los programas prevén certificados de crédito fiscal que podrán ser utilizados para la cancelación de retenciones a la exportación.
Para los planes de exploración off shore y los reservorios no convencionales se prevén facilidades más amplias, al enmarcarlos en la Ley 26.360 como proyectos de infraestructura crítica, lo que incluye devolución del IVA y amortización acelerada.
En opinión del ministro Julio De Vido, los incentivos fiscales que se otorguen se van a recuperar con el aumento de las exportaciones de crudo y derivados, la reducción de importaciones de gasoil y fueloil y la disminución de los subsidios.
Los programas anunciados siguen la misma línea de Energía Plus y Gas Plus: se promete mejor precio para la producción adicional. Hasta ahora, el que más respuesta tuvo fue el de energía eléctrica, porque algunas empresas destinaron fondos a ampliar centrales ya existentes y pactaron precios en forma prácticamente libre con los interesados.
En el caso del petróleo, se unirían incentivos fiscales y aumento de precio, lo que en principio garantizará por lo menos un nivel de producción semejante al de este año en los primeros meses.
Con eso, aunque no es seguro, podría evitarse que la baja en el precio internacional lleve al cierre de yacimientos de mayores costos, como los del Golfo San Jorge, que impactarían negativamente en el nivel de empleo de Río Negro sur y Santa Cruz norte.


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