17 de marzo 2006 - 00:00

‘‘Se nota en el Malbec que la Argentina está de moda’’

Don Antonio Pulenta, con sus tres hijos, Eduardo, Hugo y Carlos.
Don Antonio Pulenta, con sus tres hijos, Eduardo, Hugo y Carlos.
A muchas personalidades del espectro vitivinícola argentino se les puede atribuir una suerte de paternidad de algún aspecto de la industria. Sin embargo, sobran los dedos de una mano para contar a aquellos que se pueden considerar los abuelos de la enología nacional. Don Antonio Pulenta nos aclara que no se ofende para nada por tal adjetivo, ya que, en la práctica, a los 88 años y 70 cosechas que cumplirá en abril, es además bisabuelo. Tuvimos el privilegio de entrevistarlo junto con su hijo Eduardo, factótum de Pulenta Estate, bodega ícono del despegue exportador de nuestros vinos premium hacia el mundo.

Periodista: ¿El futuro del vino se inclina más hacia el corte o por el varietal?

Antonio Pulenta: Cada empresa resume su programa de venta de acuerdo con lo que cree que le conviene; no es una línea recta, pero debería el varietal ser más distinguido por ser el producto directo de una variedad de uva. Asimismo, ciertos cortes les dan a muchos vinos una terminación impecable, por lo que ambos tienen futuro. Lo que se debe lograr en definitiva es un producto que guste, ya sea de corte o varietal. A veces, el corte puede estar mal hecho, y otras muy bien hecho y, además, darle una identidad única a la bodega, ya que realiza un tipo de corte diferente del de otras.

P.: Con el cambio de la industria en los últimos años, y el paso del segmento del «vino de mesa» al «vino fino», y de las bodegas de querer tener su propia viña, ¿cómo se hace para evitar que el viñatero tradicional que ha trabajado su tierra por generaciones se quede sin trabajo?

A.P.: El vino de mesa también es un vino bueno, sin la prolijidad de terminación de los caros que implican costos naturalmente mayores, por lo que no creo que esa gente se quede sin trabajo. Hoy, dentro del consumo interno todavía se mantiene por lo menos 70% de vino común, pero de ese porcentaje cada vez hay vino mejor, siempre hablando de vinos por debajo de los 10 pesos, y especialmente en el segmento de 4 o 5 pesos.

Eduardo Pulenta: Los chilenos nos han demostrado que debemos hacer el esfuerzo por conservar los casi 30 litros per cápita de consumo actual, ya que saben que la franja de sustentación de la industria no está dada por los vinos de alta gama; es muy poca la franja de público que los puede pagar. Ellos perdieron su consumo y hoy están en 10 litros per cápita, cosa que no ha ocurrido en Francia, Italia, España ni Portugal.

P.: ¿A qué se debe esa caída en nuestros países comparada con la Europa latina?

E.P.: Muchos allí al mediodía siguen comiendo con vino, costumbre que los argentinos en general hemos perdido. Un ejemplo claro podría ser el de los obreros de la construcción, que se hacían el tradicional asadito con vino, cosa que las empresas han prohibido.

A.P.: Además, incidió la publicidad de jugos de fruta, gaseosas y cerveza que ahora se toman desde niños, se acostumbran y a los 20 años las siguen tomando. En mi época, estoy hablando de 60 años atrás, las mesas tenían sólo agua y vino. A los niños de cierta edad le agregaban un poquito de vino al agua de forma que a los 20 ya tenían el vino incorporado a sus costumbres. Ahora los adolescentes toman mayoritariamente cerveza.

EXPORTACIONES

P.: ¿Cómo ven el futuro de las exportaciones de vino premium con la explosión de bodegas nuevas y la aplicación de conceptos de marketing?

A.P.: La situación actual es ideal para la exportación. Tenemos muchísimos viñedos de uva fina en producción que pocos años atrás no existían. Están las condiciones para ser un país marcadamente exportador, ya que nuestros costos son más bajos, incluso comparados con la competencia del llamado Nuevo Mundo, lo cual debería ir permitiendo aumentar las exportaciones año tras año.

E.P: Tenemos que aprovechar en los próximos tres o cuatro años que la Argentina está de moda, y eso se nota en las exportaciones de Malbec, un vino que nadie puede hacer en el mundo en la misma relación precio calidad, lo que ha significado que hoy esté incluso faltando uva de esta cepa, pero por suerte se sigue plantando. Además, en el contenedor se agregan las otras variedades que nuestro país exporta.

P.: ¿Cómo hacer para que esa moda se transforme en una tendencia tanto en el exterior como en el mercado interno?

A.P.: Haciendo cada vez mejores productos y publicitándolos para llegar cada vez a más gente.

E.P.: El ejemplo lo da Chile, que, a pesar de los 1.000 millones dólares que exporta, aún el gobierno premia con un dólar por caja al exportador. A nosotros, en cambio, nos hacen retenciones, aunque luego las devuelvan. Tenemos un organismo impulsador de exportaciones -Pro Mendoza-, que es un poco la copia de Pro Chile, que recibirá del Estado 20 millones de dólares en 2006, por el beneficio que recibe no sólo la industria, sino también el país mismo. Deberíamos copiar eso justamente para no bajar de los 30 litros per cápita anuales.

P.: ¿Conviene gran dispersión de estilos y marcas en un mismo varietal de exportación o un estilo único y pocas marcas que identifiquen el país?

A.P.: La competencia siempre es buena para mejorar la calidad y el precio, aunque ciertamente hoy tengamos demasiadas marcas.

E.P.: Es inevitable tener varios estilos en una misma variedad, en función de los distintos terroirs que tenemos. Y en el contexto de la globalización, no es necesario tener un único estilo; cada cliente quiere probar un producto diferente, pero siempre bajo la premisa de que quien pague un vino argentino no se desilusione. Si uno mira los ciclos de la industria, creo que no volveremos a tener tan pocas marcas como en períodos anteriores, pero también que va a haber una depuración porque no somos tantos habitantes. Sin duda, no será fácil mantenerse en carrera, particularmente para las empresas más chicas.

CONSEJOS

P.: ¿Qué les aconseja a los jóvenes que se inician en este rubro, con la autoridad que le dan sus 70 vendimias?

A.P.: Fundamentalmente, se debe ser constante tanto en lo comercial como en la calidad, porque si el cliente se encuentra con un vino cuya calidad ha decaído, no lo volverá a comprar.

E.P.: Yo, orgullosamente, ya que es mi padre, sé que su secreto se resume en el «equilibrio». La mejor prueba es que, en un país económicamente complejo, nunca se fue y siempre creció.