Tandil se renovó para seducir con su movida

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A poco más de 350 kilómetros de la Capital Federal existe el lugar ideal. Ideal, diría, para casi cualquier tipo de actividad que se tenga en la mente cuando se emprende un viaje. Tandil -para mi sorpresa, lo confieso- ofrece una amplia gama de maneras de pasar el tiempo. Hay un espacio para los deportistas, para los estresados que buscan tranquilidad y aire puro, para los que buscan experiencias gastronómicas nuevas, un hermoso paisaje, diversión, y principalmente, un pasaje perfecto para una escapada familiar.
Más allá de que la Piedra Movediza es un símbolo de la ciudad bonaerense, y es la que ha acompañado a Tandil por el mundo, esta maravilla que pesaba alrededor de 300 toneladas y estaba ubicada sobre el cerro del mismo nombre, a 294 metros sobre el nivel del mar y a 116 sobre la ciudad, no es el único atractivo natural que posee Tandil, ni mucho menos. El paisaje serrano, las construcciones de una localidad pujante, la flora y la fauna autóctonas, combinadas con especies exóticas, son un deleite para los ojos y el paseo. La vegetación de la denominada pampa es la estepa o seudoestepa de gramíneas (pastizal pampeano). Aún quedan rastros de bosques nativos (los talares y los caldenes) al este y norte de la provincia, que invitan a conectarse con la naturaleza.
Las opciones para establecer este contacto con la tierra -una actividad excelente si la intención es desconectarse del ajetreo urbano- son muchas. La cabalgata resultó ser mi predilecta -luego me enteré que la mayoría de los visitantes tenía la misma preferen-
cia-. Como si esto fuera poco, Tandil tiene al mejor de los guías para estos avatares: Gabriel Barletta -esto dicho por sus colegas-.
Desde la llegada a su campo, Barletta ofrece una charla amena y amistosa que hace que uno se sienta el invitado más importante de Tandil. La ceremonia de ensillar los caballos es todo un espectáculo de este hombre, que mientras tanto comenta las características de los potros y las yeguas como si fuera un «desfile de modelos». La ansiedad por montar crece, Barletta lo logró de nuevo. Sólo escuchar los comentarios de este tandilense de pura cepa es un festival. A esa altura el caballo es como el mejor anfitrión que pudimos tener.
Así empieza la travesía que ofrece Barletta por las sierras, los valles, los bosques, donde todo tiene una historia para ser contada. No se visitó al mejor Tandil si no se recorre con él, y por supuesto, con sus caballos -dicho sea de paso, protagonistas de la conocida novela argentina «Más allá del horizonte», y la serie «El Zorro», que interpretó Fernando Lúpiz, y donde Barletta fue doble con su caballo Tornado-.
Claro que la Piedra Movediza tiene su protagonismo en un viaje a esta ciudad. Se cayó el 29 de febrero de 1912 y se quebró en tres partes que aún continúan al pie del cerro. Su caída fue producto de las explosiones de las canteras, que la sacaron de su equilibrio de siglos. Su movimiento era imperceptible hacia arriba y abajo. No obstante, ésa es la historia oficial. Circula asimismo otra versión que indica que la piedra fue tirada por los picapedreros que trabajaban en los cerros por aquel entonces. La historia resulta interesante, ya que trae a la realidad conflictos siempre presentes que hablan de las relaciones sociales a lo largo del tiempo.

HISTORIA

Por aquellos años, los picapedreros cobraban por producción, y cuando los turistas visitaban ese atractivo -personas con dinero, las únicas que podían viajar- los trabajadores tenían el día libre para permitir la recorrida de los turistas. Día no trabajado, día que no se cobraba. Hartos de ver interrumpido su ingreso -mínimo, por cierto-, decidieron terminar con el símbolo de la «oligarquía» que representaba el turismo por esos días, y tiraron la famosa Piedra Movediza. La historia no quita el atractivo de la visita, ni el interés por saber más por parte de los visitantes. Es más, despierta curiosidad por conocer el Tandil de aquel tiempo.
Otra de las opciones para recorrer el paisaje tandilense son los cuatriciclos: un recorrido por las laderas serranas, reconociendo la flora y la fauna de la región en un marco de aventura muy interesante. El encargado de la experiencia es Tuto Luján, quien en su parador del cerro El Centinela ofrece excursiones «para toda la familia. No son carreras», aclara, invitando a los más tímidos y miedosos a animarse a subir a un cuatri. Tan comprometido está con esa idea que ofrece el «único lugar en el país con pista de entrenamiento». La intención es que el recorrido sea una experiencia agradable, y seguro que lo es. El propio Diego Maradona lo confirmó, en un recorrido con Tuto hace un mes.
De la misma manera, la aventura está al alcance todo el tiempo en Tandil. Otra de las alternativas que pudimos disfrutar es una caminata que ofrece Kumbres. Durante el recorrido hicimos una pausa justo en el momento en que se pone el sol. Un trance ideal para el relax y el sosiego, y para recargar las pilas por unos minutos, para luego compartir un amistoso fogón al anochecer, con una sugerente vista de la ciudad iluminada.
Pero si hay un lugar que no se puede dejar de visitar es el complejo El Centinela, «donde un día no es suficiente», tal como lo pude comprobar. Además de la piedra que da nombre al cerro -para muchos tandilenses más interesante que la Movediza-, el complejo posee la primera aerosilla de su tipo instalada en las sierras de la provincia de Buenos Aires. Asimismo, este emprendimiento -fruto del exclusivo trabajo de Luis Cerone y su familia- ofrece todo tipo de actividades para estar en contacto con la naturaleza: cabalgatas, rapel, tirolesa, el camino del aventurero, y muchas cosas más. La intención, tal como Cerone me contó, es que «siempre quede algo para hacer». Y aunque intentamos exprimir el tiempo, quedó en el tintero una vuelta a El Centinela, y por supuesto a Tandil.

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