29 de agosto 2008 - 00:00

Un ''aniversario de platino'' que se merecía tal fiesta

La comisión directiva de ALPI, presidida por María Laura E. de Steverlynck, antes del comienzo de la celebración del 65oaniversario
La comisión directiva de ALPI, presidida por María Laura E. de Steverlynck, antes del comienzo de la celebración del 65o aniversario
Estuvimos en la deslumbrante, desde su misma apertura, «Noche Solidaria» con la que el lunes (25 de agosto) ALPI celebró sus 65 años de ayuda a la rehabilitación de discapacitados motores. Esto es lo que vimos y oímos.
Apenas los invitados se habían instalado en sus lugares, 400 personas distribuidas en 40 lujosas mesas, una Big Band de jazz rompió a tocar el famoso «Cheek to cheek», y una notable pareja se lanzó a bailar, como si fueran Fred Astaire y Ginger Rogers en «Sombrero de copa» («Top Hat»).
Mientras un empresario textil le decía a su mujer que le parecía estar en la película de Woody Allen «La rosa púrpura del Cairo», donde se escucha varias veces esa canción de Irving Berlin, y su esposa agregaba «y 'Ginger & Fred' de Fellini», un escribano memorioso de la misma mesa le respondió que para él era un buen comienzo que le hacía recordar el fox-trot que fue leyenda para sus padres «Bailando en el Alvear». Recordó que en 1930 llegó de Estados Unidos Donald Dean McCluskey con la Big Band «Don Dean
y sus estudiantes de Hollywood»,
y como en una de las presentaciones conoció en el Roof Garden del Alvear a la que sería su mujer, Raquel Suárez Howard, creó el tema «Bailando en el Alvear». Y bailar, comer, charlar y hacer aportes solidarios fue parte de la «Noche Solidaria» de ALPI en el Alvear, que fue conducida por la siempre seductora Mariana Arias (ahora con un cambio en su pelo que la ha vuelto una morocha infartante, que se protege con un flequillo de corte divertidamente aniñado), y la profesional solvencia habitual de Eduardo Gálvez, que desde hace varios años es el calificado coordinador de uno de los más clásicos eventos sociales del calendario argentino.
Dado que ALPI festejaba su «aniversario de platino» se eligió con acierto revivir la época dorada de los años 30-40 a través de su música y su moda. Y eso hizo que el jazz, a través del show «Bailando con Ginger y Fred» con la Delfina Oliver Big Band (Delfina Oliver se ha convertido en la nueva voz del jazz argentino, tanto tradicional como de vanguardia).

Entidad para el siglo XXI

Afortunadamente los discursos fueron breves y centrados en una memoria clara de lo actuado por la institución benéfica y los proyectos a desarrollar y concretar. María Laura de Steverlynck, presidenta de ALPI, señaló que «si bien el origen de la entidad remite a la primera epidemia de poliomielitis de 1943 en la Argentina, al haber sido nuestro país el primero en América latina en erradicar ese mal, gracias a las vacunas Salk y Sabin, las acciones desde entonces no se han detenido, ayudando a la rehabilitación de discapacitados motores, y no sólo en lo que tiene que ver con sus problemas físicos sino también dando becas, colaborando en su formación educativa, teniendo ya, por caso» -se enorgulleció merecidamente, recibiendo fuertes aplausos-, «quienes se han licenciado en administración de empresas, y en todos los casos los egresados han conseguido puestos de trabajo. Para mantener esa continuidad que ha sido la marca esencial de ALPI, contamos con el efecto multiplicador de cada acción solidaria que nos sostiene y acompaña, y es así como el año pasado pudimos inaugurar la unidad de Terapia Intensiva y este año tenemos como meta terminar de equiparla y aumentar el fondo de becas formativas».
Se reafirmó en los discursos que ALPI sigue siendo una entidad señera, vital para nuestra sociedad en pleno siglo XXI, ya que se ocupa de la rehabilitación, recuperación y reinserción de personas con discapacidad motora, mejorando su calidad de vida con una especial preocupación por aquellas de bajos recursos económicos.
Luego de esto, por aquel proverbio chino de que una imagen vale más que mil palabras, se proyectó un video mostrando todo lo realizado durante el año anterior por la institución.
Mientras la orquesta ambientaba la reunión con los clásicos de Glenn Miller «Serenata a la luz de la luna», «Patrulla americana», «Chattanooga Choo-Choo» y «Porroncito marrón» (que en muchos momentos hicieron que parejas abandonaran su mesa para lanzarse a bailar) se fue saboreando un excelente menú compuesto por: rolls de masa philo de espinacas, jamón crudo crujiente y portobellos en salsa de crema trufada; roulade de ave rellena en cintura de panceta con salsa de hierbas, quiche de espinacas y gruyere con caviar de berenjenas
en cintura de tomates semisecos; mousse de chocolate y caramelo con helados de noisina y coulis de cítricos. Todo esto regado por gustosos Malbec, Chardonnay y champán extra brut. No faltaron para el gran cierre ni el café con los históricamente deliciosos petit fours del «the Buenos Aires luxury hotel» Alvear, ni el whisky etiqueta negra.
Durante el momento de las contribuciones, realizadas a través de la participación en una rifa de joyas, viajes, ropas y accesorios de moda (que alcanzó el objetivo económico buscado para concretar los proyectos), se observó la activa colaboración, sin distinción de sexo, aunque se podría sospechar que hubo un mayor apoyo femenino (ALPI tiene en su invalorable comisión directiva una clara preponderancia de mujeres), de empresarios, profesionales y personalidades del jet set local.

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