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Maquinaria agrícola: una caída que aún no encuentra su piso

Esta situación es generalizada y homogénea para el sector como conjunto, desde las 200 fábricas formales, consideradas «terminales», hasta las 500 restantes pymes o, simplemente, talleres que constituyen el actual universo de la maquinaria agrícola, algunas como autopartistas y otras para producto final, en algunas de las más de 70 máquinas e implementos que se elaboran actualmente en el país.
Esta heterogeneidad fue la que facilitó la gran adaptación y el crecimiento que mostró el sector desde mediados de los 90, y que le permitió sortear los altibajos que se vienen alternando cada 4-5 años.
Capacidad ociosa
Con el 70%-80% de capacidad ociosa instalada, sólo están creciendo «los que trabajan para fabricar implementos para los chorizos», señaló un industrial, en referencia a las picadoras, embutidoras, etc., con las que los productores almacenan parte de la cosecha en los silos-bolsa.
También la parte de repuestos se mueve bastante, en proporción directamente inversa a la cantidad de operaciones con maquinaria nueva. El que no puede renovar, al menos reacondiciona.
Esto no alcanza para sostener al centenar de metalmecánicas y a los más de 100.000 empleados y obreros que involucra esta cadena. De ahí la afanosa búsqueda de alternativas que permitan paliar, aunque sea parcialmente, la situación, básicamente recomponiendo ventas. Sin embargo, ni los viejos ni los nuevos esquemas están dando resultado, y por distintas razones. Por caso, se comenta que los créditos del Banco Nación, a 5 años, con cobertura del 80% de la inversión y a tasa fija del 8% son muy buenos, pero sólo se habrían hecho hasta ahora unas 200 operaciones por alrededor de $ 100 millones. Tal vez las exigencias, que implican que la fábrica de maquinaria se «compromete» a no echar a nadie, entre otras cosas, le estén restando posibilidades.
Algo similar estaría ocurriendo con plata de la ANSES al 11% por el 70% del monto de la operación, que se les está ofreciendo a estas empresas. Sin embargo, el fabricante pasa a ser «codeudor», junto con el tomador.
Tampoco los otrora exitosos planes canje están teniendo resultados. Se lo atribuye a la caída de la cosecha (hay menos granos), aunque también se menciona el enrarecimiento que se produjo en la operatoria comercial con estos productos, la irrupción del impuesto a los Ingresos Brutos en este tipo de operaciones, etc., como causantes del escaso entusiasmo.
Así, las opciones hasta ahora se limitan a lo mencionado, y algo de financiación propia de las empresas (las que no quieren comprometerse formalmente con el Gobierno), pero que no excede los seis meses.
De tal forma, las expectativas de los industriales se asientan hoy en tres únicos factores: que el Gobierno les dé una respuesta positiva a la realización de operaciones con granos tomados al 100% de su valor (o sea, sin retenciones); a que el clima mejore en forma significativa; y, fundamentalmente, a que haya un cambio de humor entre los productores. Ninguna de estas opciones parece cerca de cumplirse.


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