19 de agosto 2008 - 00:00

Para clientes audaces

Para clientes audaces
El legendario Mini creado por Alec Issigonis en el año 1959 se destacaba por su simpleza mecánica, el aprovechamiento del espacio interior y el motor transversal. Nacido como un auto relativamente económico y con un gran dinamismo de conducción nadie iba a imaginar que 42 años después iba a transformarse en todo un emblema de sofisticación compacta de la mano del Grupo BMW.
La segunda generación, creada en 2001, fue otra revolución en la industria del automóvil. Desde 2001 hasta la fecha no existe otro automóvil tan exitoso como el MINI, teniendo en cuenta las ambiciones de venta anunciadas por su fabricante. Es decir, cuando se realizó su lanzamiento mundial la expectativa de la compañía era comercializar alrededor de 100.000 unidades por año. Al poco tiempo del inicio de su fabricación la firma no sabía cómo hacer para aumentar su ritmo de producción para satisfacer la demanda. Inversiones constantes para agrandar la planta han logrado que en la actualidad sean más de 200.000 los MINI que la fábrica de Oxford, Inglaterra, produjo en 2007.
La tercera generación, creada en 2006, ha logrado este récord junto en 2007 con la creación de la versión que acaba de llegar a la Argentina: el Clubman. En nuestro país, a partir del 1 de agosto se abrió un nuevo concesionario en Rosario, de la firma Natalio Automotores. Junto con Bremen Motors en Buenos Aires son los dos concesionarios exclusivos de la marca.
En el año 2006 el MINI tuvo una fabricación de 187.919 unidades y el año pasado rompió la barrera de los 200.000 alcanzando 237.709 vehículos producidos.

Trasplante de motores

Otros aspectos interesantes del modelo son los cambios que ha sufrido en sus motores. La segunda generación creada en 2001 (la primera bajo el mando de la marca alemana), nació con motores nafteros con compresor que se fabricaban en la planta de Tritec Motors, en Brasil. Esta compañía nació mediante un acuerdo entre Chrysler y BMW, cuando la compañía norteamericana no era de Mercedes-Benz. Y el primer diésel era un motor de Toyota (en la Argentina nunca se comercializó con ese motor).
Para la tercera generación, BMW hizo un nuevo acuerdo con Peugeot-Citroën creando motores nafteros con turbo, reemplazando al compresor, y un diésel de 1.6 litro con 110 CV.
El Clubman Cooper S que probamos en exclusivo tiene la versión más potente de esa alianza. Un motor naftero de cuatro cilindros con turbo capaz de proporcionar 175 CV. El mismo impulsor está presente en el Peugeot 207 RC, recién arribado al país, y estará el año próximo en la coupé Citroën C4 VTS. En Europa, acaba de salir el Cooper Works, que ostenta una potencia de 211 CV.

Placer de conducción

Al igual que el Cooper S vigente en el mercado, la nueva versión Clubman se destaca por el placer de conducción. Dirección, frenos, dureza de suspensiones, caja de velocidades, y motor se unen para lograr una marcha inolvidable, fuera de lo común.
El MINI Clubman va siempre por donde uno quiere y otorga una sensación de manejo y control del vehículo similar a un karting.
Además, la mayor distancia entre ejes de esta versión también contribuye al dinamismo y al espacio interior para las plazas traseras, algo beneficiado a la altura de las piernas. En ciudad, en cambio, sigue teniendo las suspensiones duras, pero es el precio que hay que pagar para obtener una firmeza en la ruta que pocos vehículos compactos pueden ofrecer.
La seguridad también es elogiable. Control de tracción y de estabilidad, ABS, sensor de presión de neumáticos, y airbags frontales, laterales y de cabeza forman parte de su equipamiento de serie.
Con el motor de 175 CV logra una velocidad máxima de 223,3 kilómetros por hora y una aceleración de 0 a 100 de 7,6 segundos que nos eximen de mayores comentarios. Además, es económico, especialmente en ruta.
Un punto que sigue siendo mejorable es la insonorización, no tanto por el motor sino por el ruido del viento que invade al habitáculo. El parabrisas casi plano y su coeficiente de resistencia al aire no lo ayudan en este sentido.
La presentación interior y la calidad de materiales está fuera de discusión, pero se deberían reubicar el velocímetro y las teclas de los levantavidrios. El primero, muy lejos de la vista del conductor, aunque una pantalla multifunción ubicada en el medio del cuenta vueltas lo hace más visible, preferimos la información grande a la vista rápidamente. Por su parte, las teclas de los levantavidrios ubicadas en los extremos de la consola central son poco intuitivas y no están al alcance de la mano.
Por último, continúa con dos problemas congénitos del modelo: capacidad del baúl y ausencia de rueda de auxilio.
En suma, el Clubman suma mayor originalidad y audacia al MINI. Los que se sientan identificados ya saben que ahora está disponible en la Argentina.

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