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15 de mayo 2026 - 13:04

Megaconstelaciones y contaminación espacial: el hollín de los satélites ya representa el 42% del impacto climático del sector

Un informe del University College de Londres alertó que la contaminación generada por lanzamientos y reentradas de satélites se acumula rápidamente en la atmósfera superior. Los desafíos crecen en una industria en franco crecimiento, con el impulso de las telecomunicaciones y la investigación espacial.

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Archivo. Los lanzamientos de cohetes casi se triplicaron en apenas cinco años: pasaron de 114 en 2020 a 329 en 2025.

La expansión acelerada de las megaconstelaciones de satélites comenzó a abrir un nuevo frente de preocupación ambiental para la industria espacial. Un estudio publicado este jueves advirtió que la contaminación por hollín generada por lanzamientos y reentradas de satélites ya representa el 42% del impacto climático total del sector y continúa creciendo rápidamente en la atmósfera superior.

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La investigación fue elaborada por científicos del University College de Londres y difundida en la revista Earth’s Future. El trabajo analiza la contaminación producida tanto por los lanzamientos de cohetes como por el regreso a la Tierra de satélites fuera de servicio y etapas descartadas de los propios vehículos espaciales.

Según los investigadores, el carbono negro —también conocido como hollín— liberado por estas operaciones permanece durante años en las capas altas de la atmósfera, a diferencia de las emisiones generadas cerca de la superficie terrestre, que suelen disiparse con fenómenos climáticos como la lluvia.

Esa permanencia prolongada multiplica su impacto climático. Los autores sostienen que el hollín espacial es unas 540 veces más efectivo alterando el clima que el emitido por fuentes tradicionales como automóviles o centrales eléctricas.

El efecto de las megaconstelaciones

El estudio tomó como base datos de lanzamientos y despliegues de satélites realizados entre 2020 y 2022 para modelar las emisiones de los principales contaminantes vinculados al sector espacial. A partir de allí, proyectó la evolución del problema hacia el final de la década.

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Archivo. Las nuevas misiones a la Luna y la prueba de cohetes también suman un actor más a la problemática.

Los resultados muestran que las megaconstelaciones representaban alrededor del 35% del impacto climático total de la industria espacial en 2020, pero esa participación treparía hasta el 42% en 2029.

Además del hollín, los investigadores advirtieron que los lanzamientos también liberan compuestos químicos como cloro, capaces de degradar la capa de ozono.

La acumulación de partículas en la atmósfera superior incluso podría llegar a bloquear parte de la radiación solar, generando un efecto comparable al de algunas técnicas de geoingeniería propuestas para enfriar el planeta mediante la inyección artificial de partículas atmosféricas.

Sin embargo, los autores remarcaron que ese eventual efecto sería “mínimo en comparación con el aumento de la temperatura del planeta previsto para ese periodo”.

Elon Musk, Starlink y el boom de lanzamientos

El informe elaborado por la universidad identifica a Starlink, el sistema de internet satelital de SpaceX, como la megaconstelación más relevante de la actualidad, con cerca de 12.000 satélites en órbita.

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Musk, el empresario detrás de las megaconstelaciones actuales.

No obstante, los investigadores remarcan que otros competidores también avanzan rápidamente con el despliegue de cientos de satélites adicionales y que las proyecciones previas sobre el crecimiento del sector ya quedaron desactualizadas. En detalle, las estimaciones anteriores contemplaban el lanzamiento de otros 65.000 satélites hacia fines de la década, aunque el ritmo actual de expansión podría superar ampliamente esas previsiones.

Ese crecimiento disparó también la actividad espacial. Los lanzamientos de cohetes casi se triplicaron en apenas cinco años: pasaron de 114 en 2020 a 329 en 2025.

Gran parte de esa expansión está vinculada a los Falcon 9 de SpaceX, que utilizan combustible derivado del queroseno y liberan partículas de hollín directamente en la atmósfera superior durante el despegue.

Los autores del estudio advirtieron además que sus proyecciones probablemente sean conservadoras, ya que el período utilizado para construir el modelo incluyó menos lanzamientos que los registrados posteriormente entre 2023 y 2025, además de un volumen menor al esperado para los próximos años.

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