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Diez años de gestión económica de la familia Kirchner
Claudio M. Loser
Los Kirchner recibieron un país aún no recuperado de la peor crisis financiera de las últimas tres generaciones, pero que en medida importante había sido rescatado del colapso por las acciones del gobierno legítimo que los precedió. Ayudó en ese momento una política financiera moderada, una profunda devaluación de la moneda, con inflación medianamente alta pero controlada, y el legado de diez años de modernización, aunque controversial e incompleto.
La crisis del 2001-02 fue en parte consecuencia de un sistema cambiario y fiscal que ya no resistía, y un deterioro de términos de intercambio (los precios de las exportaciones respecto de las importaciones) que alcanzaron niveles muy bajos. La recuperación fue consecuencia de una infraestructura económica que se había modernizado en los 1990s, y de un sostenido crecimiento en esos términos de intercambio hasta alcanzar niveles record en 2011. Tal como los mide prudentemente CEPAL, mejoraron en 30 por ciento en 10 años. Sin entrar en detalles técnicos, quizás una cuarta parte del crecimiento del PIB desde 2002 es explicada por esos altos precios. El crecimiento generado internamente fue menos del 4% anual, cifra respetable pero no inusual.
La política macroeconómica se benefició desde 2002 a 2005 por una bonanza impositiva y fiscal, gracias a la devaluación, más el efecto de precios internacionales. Desde entonces hasta 2012 la posición fiscal primaria (sin incluir interés) se deterioró en 5 por ciento del PIB aun con crecimiento. Ello sin tener en cuenta el ahorro de caja que el gobierno argentino tuvo cuando, después de un dramático default, arbitrariamente confiscó una gran parte de la deuda externa, y los fondos de pensión, y está en serios atrasos con el Club de Paris.
El deterioro fiscal, se sumó a una política monetaria fuertemente expansiva, con una inflación que estuvo entre 25 y 30 porciento, de acuerdo a fuentes no oficiales. Se han perdido reservas en forma sostenida y el sistema cambiario y comercial es tortuosamente restrictivo, con un tipo de cambio blue para el dólar que se cotiza al doble que en el mercado oficial. Puede predecirse que todo empeorará aún más al estancarse o caer los precios de las exportaciones, un evento inevitable.
A esto debe sumarse la abrumadora situación en las relaciones financieras externas. Las estimaciones indican que las salidas de capital a todo nivel han sido de 50 a 60 mil millones de dólares en los últimos 7 años; ha caído precipitosamente la inversión extranjera; y el FMI, representando los votos de la mayoría de los países miembros, ha aprobado una moción de censura por la información equivoca por parte del gobierno. Debido a su gestión unilateral y arbitraria respecto de la deuda externa, Argentina no tiene acceso a los mercados internacionales de capital- con algunas excepciones no transparentes y costosas (léase Venezuela y Chevron). La falta de respeto a los principios internacionales de derecho, en relación a los holdouts en la deuda externa, llevará casi con seguridad a otra crisis de deuda.
Los Kirchner no han gobernado con violencia física oficial, pero han reprimido por coerción económica a sus opositores. El salario real, prácticamente no ha variado últimamente aunque se ha recuperado de los niveles catastróficos de 2001-02. Las cifras de pobreza y distribución de ingreso reales son peores de lo que anuncia el gobierno. La pregunta es quien se ha quedado con los beneficios del crecimiento y del gasto de gobierno, y si podrá seguir creciendo el país como resultado directo de las acciones políticas y de política del gobierno. De la respuesta a estas preguntas que se sugiere aquí debe concluirse, con tristeza, que el balance de los diez años de los Kirchners ha sido fuertemente negativo.

