Ilan Goldfajn y Argentina pronto se cruzarán nuevamente. Y otra vez el brasileño deberá concentrarse en una especie de karma que lo persigue: analizar la economía criolla. Y, de nuevo, en un puesto que lo pondrá en situación de autoridad por sobre el país. Ahora será bajo su flamante rol de presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cargo que asumirá el 19 de diciembre, unos días antes que el directorio de la entidad tenga que resolver si le amplía al país en unos u$s500 millones la línea de créditos de libre disponibilidad que en su momento Sergio Massa negoció con Mauricio Claver-Carone.
A días de llegar al BID, Goldfajn deberá resolver un crédito clave para el país
El brasileño deberá cruzarse nuevamente con una especie de karma que lo persigue: analizar la economía criolla. Y en ese caso el foco estará en unos u$s500 millones la línea de créditos de libre disponibilidad.
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El ministro de Economía se encontró en septiembre pasado con el norteamericano en Washington, mientras este aún controlaba el BID. En ese momento, Massa cerró la promesa de Claver-Carone de normalizar la relación con la institución, y abrir una línea de dólares que, a diferencia de los créditos normales del BID, tendría la característica de permitirle a la Argentina usar el dinero de manera flexible. La promesa de Massa fue que los dólares se usarían para financiar importaciones de insumos para la industria, ante la falta de divisas que ya atormentaba a las reservas del Banco Central. Carone aceptó y la línea se pactó en dos partes: una primera en octubre que ya se liquidó (y quizá también se gastó), y otra de u$s500 millones para el primer trimestre de 2023, que se debería aprobar en la última reunión del BID del año.
Se descuenta que no habrá problemas para su aprobación, ni se espera que el brasileño ponga inquietudes negativas. En definitiva, el ya ex director gerente para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI) llegó a su nuevo cargo con el apoyo de la Argentina, que hasta quitó rápidamente la candidatura de Cecilia Todesca Bocco para liberar el camino de Goldfajn a la conducción del BID. Sabe además el ex presidente del Banco Central de Brasil que quien comandó la estrategia desde Buenos Aires fue Massa. Por todo esto, lo más seguro es que el país disponga de los u$s500 millones para fin de año o comienzos de 2023.
Para que la línea se amplíe a los u$s1.200 millones que se negociaron entre Massa y Claver-Carone, Argentina tiene que cumplir una promesa no escrita: utilizar el dinero que giró el BID para fines de política activa; fundamentalmente financiar importaciones industriales para rubros y sectores con potencial exportador y que hoy tienen restricciones para acceder a las divisas. La idea es que el dinero que sale del Central sirva para que actividades como la energética, petrolera, automotriz, química, alimentos y bebidas, agro y un puñado más, no sientan la escasez de divisas y puedan sostener su ritmo de producción y ventas al exterior. Y así, según cálculos básicos, repagar los dólares que salen con dólares que se liquiden por exportaciones.
Este problema de cuello de botella de divisas fue lo que Massa le explicó a Claver-Carone en las jornadas de comienzos de septiembre donde hubo reconciliación entre Argentina y el BID, y explicaciones mutuas ante los problemas de divisas que tenía el país para poder abastecer su estructura productiva. Como no había líneas del banco habilitadas para este fin, el norteamericano de origen cubano y el tigrense, idearon la alternativa de una fuente de financiamiento sin especificación concreta y de “Libre Disponibilidad”; pero bajo la condición que esos dólares no se utilicen para política cambiaria. Dicho de otra manera, que las divisas no se gasten queriendo sostener el tipo de cambio oficial ante una eventual corrida, y se terminen licuando en una salida de dólares del sistema en alguna de las habituales batallas históricas entre los funcionarios y el mercado. De esas que siempre se terminan perdiendo desde los eventuales oficialismos. Massa se comprometió a que esto no ocurriría y que el dinero iría directamente al financiamiento de importaciones. Desde el palacio de Hacienda incluso se garantizó que la información sobre los movimientos del dinero sería constante, y que el BID estaría plenamente al tanto del destino de los u$s700 millones girados.
Obviamente hay una realidad. El dinero es fungible, y nadie puede garantizar que precisamente los dólares del BID se destinen a abastecer de dólares a las industrias necesitadas. Sin embargo, para la entidad financiera internacional, sólo con mostrar transferencias equivalentes alcanza. La novedad del caso es que esos montos girados en octubre fue la primera vez en la historia de la relación entre Argentina y el BID en que los fondos no tienen un destino específico y mensurable, sino que están destinados a que un gobierno ejecute política económica, cambiaria y comercial. Según explicaba el propio banco “contribuirá a fortalecer las finanzas públicas, asistirá los esfuerzos encaminados a la estabilidad de precios, y apoyará el fortalecimiento de la balanza de pagos”.



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