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Alberto Fernández desinfla llamado a un "Moncloa" criollo

Tanto el "Contrato Social" lanzado por CFK como los "10 puntos" del macrismo, entran ahora en crisis. Para el exjefe de Gabinete, se debe avanzar en negociaciones concretas como "Vaca Muerta".

El “Contrato Social de Ciudadanía Responsable” al que llamó Cristina Fernández de Kirchner y el “Acuerdo de Gobernabilidad de 10 Puntos” del oficialismo, serán las primeras víctimas del encumbramiento de Alberto Fernández como candidato a la presidencia por el principal frente opositor. La razón es simple: el exjefe de Gabinete descree de este tipo de iniciativas. Y más en tiempos electorales. En cambio considera como actos de gobierno fundamentales los acuerdos puntuales con nombre y apellido en sectores puntuales y concretos; donde empresarios y sindicatos con la conducción del Estado, puedan ponerse de acuerdo y establecer reglas de largo plazo. El ejemplo que Alberto Fernández tiene en mente si eventualmente es elegido jefe de Estado, es el de Vaca Muerta. Como la responsabilidad de llevar al kirchnerismo al llamado oficial a esa mesa de negociaciones es ahora de Alberto Fernández; la posibilidad de avanzar en un acuerdo de este tipo, al menos hasta después de las elecciones, se desvanece.

La definición de no avalar negociaciones ni perder energías en tratativas de mega acuerdos políticos tipo “Moncloa”, es una convicción del ahora candidato desde hace años. Y ratificó su posición en los debates con Cristina Fernández de Kirchner en los días previos al jueves 9 de mayo, cuando la expresidenta presentó “Sinceramente” en la Feria del Libro de Buenos Aires. La posición de Alberto Fernández era la de concentrarse en la elaboración de un mensaje político y económico opositor, sin contestar al llamado que días antes había hecho Mauricio Macri de abrir una discusión general a todos los partidos y referentes para una ronda de discusiones para un eventual acuerdo general. Para el ahora candidato, estos llamados no tienen sentido en Argentina, por lo generalistas y poco profundos. Cree además, que no resuelven ningún problema concreto de corto, mediano o largo plazo. Pero además, en el caso de la propuesta de Macri, el ex jefe de Gabinete le tenía particular desconfianza, al considerar que había sido diseñada para cuestionar al kirchnerismo. Particular resquemor le creaba la inclusión de puntos referidos a la declaración jurada de contener la moneda, respetar las deudas y buscar el equilibrio fiscal. Para Fernández los conceptos propuestos por Macri eran tan básicos y generales que ningún político razonable podría no reconocerlos. Y que el jefe de Estado los planteaba públicamente para humillar al kirchnerismo y ponerlo en el escenario de tener que explicar que no eran el antisistema.

Cristina Fernández de Kirchner tenía otra idea. Consideraba que el llamado del oficialismo era lo suficientemente público como para no ignorarlo; pero que se debía plantear algo superador y “Justicialista”. Y lejano a los conceptos del “Consenso de Washington” que “destilaba” el llamado de Macri, según las propias palabras de la ahora candidata a la vicepresidencia. Surgió así la idea de un llamado a un acuerdo propio, trayendo del pasado la experiencia fallida del “Pacto Social” de José Ber Gelbard en 1973, bendecido por Juan Domingo Perón y que con el tiempo derivó en el “Rodrigazo”. Se lo bautizó como “Contrato Social de Ciudadanía Responsable” y se lo presentó en la Feria del Libro como propuesta superadora a los 10 puntos de Macri y con la característica de ser una convocatoria a actores sociales. Una vez negociado, la clase política se debiera sumar sin importar sus opiniones. Y, lo más importante para Cristina Fernández de Kirchner, sin necesidad de negociar con otros políticos. Era una manera de saltar por encima del laberinto al llamado de Macri, con una idea superadora que el Presidente nunca aceptaría.

El ahora candidato defendió públicamente la propuesta, con matices. No le gustaba la argumentación de explicar el fracaso de la experiencia de Gelbard relacionada, únicamente, con la muerte de Perón. Consideraba que aquel “Pacto Social” ya había fracasado a meses de haber comenzado y que era de todo menos un ejemplo. En declaraciones posteriores explicaba que en realidad lo importante de aquel llamado era la amplitud y la idea de una mesa de negociaciones común. Un contenido mucho más light que la propuesta que la expresidenta había hecho en la presentación de su libro. La idea finalmente quedó paralizada la semana pasada, ante el estallido del conflicto judicial con la Corte Suprema de Justicia por la presentación en Tribunales y, ahora se sabe, por el llamado que la expresidenta le hizo para diseñar la nueva fórmula con él como candidato a jefe de Estado.

Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner no hablaron en esos días sobre el contenido del plan económico a ejecutar. Para el exjefe de Gabinete quedó en claro que, en líneas generales, serán sus ideas elaboradas con sus equipos las que se aplicarán; y que, eventualmente, habrá consultas a la expresidenta. Bajo este augurio es que el candidato no avalará la idea del mega pacto político y que buscará su propia fórmula: acuerdos sectoriales en cuestiones concretas. Y, según su visión, útiles. El ejemplo que tiene en mente es una negociación por la explotación del yacimiento neuquino de Vaca Muerta, donde se le dé previsión de largo plazo (10 años promedio) a las empresas que inviertan en el lugar, y donde participen los sindicatos y la gobernación de Neuquén. Y que las reglas fijadas no se alteren por nada del mundo. Pone como ejemplo el caso del actual Gobierno, donde se ingresó en conflicto con varias empresas por las alteraciones en la política de subsidios a la producción en el lugar.

Según la visión de Fernández, cuando este tipo de acuerdos se multipliquen; la credibilidad de su gestión crecerá y será recién allí el momento de negociar cuestiones más estructurales. Pero todas vinculadas con la previsibilidad de largo plazo para las inversiones, vinculadas con la estabilidad laboral y las obligaciones empresarias de apuestas de capital. Y que la prioridad para este tipo de iniciativas son los rubros donde se necesitan inversiones de años y aquellos que se consideran fundamentales para sostener el mercado interno.

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