«Estamos estudiando cómo comenzar a poner todo en orden para volver a producir cuanto antes. El daño ha sido inmenso, no sólo por las roturas sino por el tiempo que estuvimos paralizados por el bloqueo», indicó ayer el gerente de una de las pesqueras damnificadas. «Hubo roturas de máquinas, de vidrios y marcos de ventanas y de todo el equipamiento informático», indicó al respecto la fuente local. En respuesta, desde el sector gremial aseguran que «las plantas de proceso no se tocaron» y que «sólo se rompió mobiliario y algunos vidrios, nada que un poco de limpieza y reemplazo no pueda solucionar», según declaró Mauro Paillaqueo, representante de la Agrupación de Marineros Santacruceños. Pero la versión empresarial está muy lejos de la gremial. «Lo peor es la pérdida de mercados, ya que no pudimos cumplir con los acuerdos comerciales», aseguraron desde el Parque Industrial los responsables de las empresas, que justamente ahora son convocados por el gobierno santacruceño de Daniel Peralta para negociar este miércoles en el marco de una mesa de diálogo junto a los gremios (ver aparte). En sintonía con la preocupación empresarial surgió un contrapunto diplomático con España, ya que seis de las pesqueras ubicadas en Puerto Deseado son de capitales ibéricos: Arbumasa, Argenova, Empesur, Pescargén, Santa Cruz y Vieira. A ellas se les suma Pezpasa, de capitales japoneses y suizos. Las restantes -Santa Elena y Carsa- son de bandera argentina. Por lo pronto, el canciller, Jorge Taiana, debió salir a prometer seguridad a los empresarios radicados en esta región patagónica que abarca el norte de Santa Cruz y el sur de Chubut. Empleo Por su parte, otra crisis que se desata ahora en el sector pesquero patagónico afecta de lleno a los trabajadores de la alimentación que se desempeñan dentro del Parque Industrial y ven peligrar sus fuentes de trabajo con motivo del conflicto encabezado por marineros que perciben sueldos de entre $ 10.000 y $ 15.000, según fuentes empresarias. El problema se da porque la protesta de los rebeldes de los marineros locales -que desconocen la autoridad del gremio SOMU- impide el ingreso a las plantas de otros trabajadores nucleados en el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación, los cuales, a su vez, estaban bajo conciliación obligatoria por exigir una mejora salarial y llegaron a un acuerdo para una suba de 16%.
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