8 de marzo 2004 - 00:00
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Histórico
En su discurso del Día de la Industria del 1 de setiembre de 1986, el entonces gobernador de la provincia, Roberto Romero, ratificó su decisión de rubricar un acuerdo con varias provincias hermanas para llevar adelante el proyecto que denominó Norte Grande Argentino. «Aquí no juegan colores políticos, porque lo trascendente es el proyecto mismo. Si nos integramos, habremos de sumar siete millones de habitantes, y entonces sí cambiarán nuestras posibilidades», dijo el gobernador en aquella ocasión. El 10 de octubre de ese mismo año, en el patio del Cabildo Histórico de Salta, Roberto Romero cumplía su promesa. Con la presencia del entonces ministro del Interior, Antonio Tróccoli, y de los gobernadores de Corrientes, Chaco, Formosa, Jujuy, Misiones, Santiago del Estero, Tucumán, y del secretario general de la Gobernación de Catamarca, quedó suscripto el Acuerdo de Integración del Norte Grande. «Con este proyecto que hoy iniciamos estamos contribuyendo a la unidad nacional que anhelamos todos los argentinos», dijo el mandatario salteño en un concepto clave de su discurso.
Salta nunca perdió su condición de promotora de la unidad de la región. Así, en su reciente viaje por Estados Unidos, el gobernador Juan Carlos Romero consiguió el apoyo económico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para el corredor bioceánico. Es éste, como se sabe, uno de los emprendimientos de mayor envergadura del Norte Grande, destinado a convertirse en un eje de crecimiento que no sólo favorecerá a millones de argentinos sino también al sur de Brasil, al Paraguay, al Sur de Bolivia y al Norte de Chile.
Vocación
Anima a las provincias del Norte Grande una vocación integradora que torpezas como la cometida con el Ferrocarril Belgrano contribuyen a empañar y demorar. Resulta evidente, sin embargo, que quienes ocupan algunos despachos importantes en Buenos Aires no comparten la certeza de que la Nación no puede ser más grande ni más próspera que la suma de sus partes. Esa perspectiva miope y egoísta, además de anacrónica e irresponsable, sostenida a lo largo de varias generaciones por los intereses concentrados en torno del puerto de Buenos Aires, ha contribuido en buena medida a la aguda crisis económica y social por la que aún atravesamos, y que el país hoy intenta superar.
De una vez y para siempre, los argentinos necesitamos construir un país que nos contenga a todos con dignidad. Pero nada se podrá hacer si no queda atrás, sepultado definitivamente en el desván de la historia, ese espíritu de facción, esa falta de grandeza que tanto daño nos hizo y nos sigue haciendo.




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