Días pasados se produjo un hecho histórico para la jurisprudencia de Argentina y América Latina. El policía Chávez Rubio fue declarado culpable por unanimidad por un jurado popular de haber asesinado con odio a la travesti Melody Barrera en Mendoza. Le dieron prisión perpetua.
Era la primera vez en el país y la región iberoamericana en que se juzgaba por jurados un caso de travesticidio. Nuestra Constitución Nacional de 1853 ordena que estos crímenes se juzguen obligatoriamente por jurados.
Los interrogantes fluían con escepticismo ¿Condenarían por odio? ¿Cómo reaccionaría una sociedad tan conservadora como la de Mendoza? Si en la Justicia profesional es casi imposible lograr condenas por odio (caso Diana Sacayán) ¿qué veredicto darían los jurados? Otros casos quedaron impunes o recibieron condenas por otras agravantes. Pero el crimen de odio parecía un hito imposible de alcanzar.
Melody era travesti, pobre y debía recurrir a la prostitución para sobrevivir. Esa madrugada de agosto de 2020, en plena veda por la cuarentena estricta del covid, Melody tuvo que salir a trabajar. El policía Cháves Rubio quiso prepotearla como siempre para tener sexo con ella. Melody sacó su gas pimienta y se lo arrojó en la cara para que se fuera.
Furioso, el policía tomó un Cabify y volvió a su casa a buscar su arma reglamentaria 9 mm. El chofer fue testigo clave ante el jurado y lo escuchó decir “ahora vuelvo y los voy a cagar a tiros a estos travas”. “Promesa cumplida”, dijo el fiscal Guzzo. El policía retornó a la esquina y fusiló a Melody de seis disparos. Ella agonizó durante 30 minutos y se desangró en el piso, sola y en plena noche.
La jueza Nancy Lecek le impartió al jurado precisas instrucciones legales que le explicaron qué es odio y qué es un travesticidio, además de otras agravantes. Tras los alegatos de clausura de los fiscales y la querella a cargo de la Ong Xumek, el jurado se retiró a deliberar durante seis horas.
Hubo momentos de tensión cuando, en medio de las deliberaciones, los jurados le pidieron a la jueza una explicación adicional de los indicadores de odio elaborado por el Sistema Interamericano de DD.HH. Tres horas después, el jurado anunció que había llegado a un veredicto, transmitido en vivo por YouTube a todo el mundo.
En cinco minutos que parecieron una eternidad, el jurado declaró culpable por unanimidad al policía Chávez Rubio por homicidio agravado por odio hacia la identidad de género, por alevosía, ensañamiento y por su condición de policía. Nunca antes se había logrado algo así. Fue un fallo reparador para una minoría disidente, como el colectivo travesti trans, que es objeto de violencias correctivas, grupales y callejeras de altos niveles de intensidad.
Este histórico veredicto de un jurado de mendocinas y mendocinos comunes puso sobre la discusión pública en la Argentina y en el mundo la visibilización de las violencias que estas personas sufren día a día para ejercer su inalienable derecho a la libertad de elección de su identidad.
Los tiempos están cambiando en la Argentina y en el mundo. Los veredictos de los jurados envían poderosos mensajes políticos y sociales. Este veredicto popular del jurado de Mendoza es el indicio más claro de este suceso.
Celebramos que el afianzamiento del juicio por jurados en la Argentina sea el que haga avanzar el Derecho hacia el pleno reconocimiento y respeto de las diversidades.
(*) Profesora de Derecho Procesal penal UNLP y UDE, feminista.
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