15 de julio 2005 - 00:00

Kirchner armó alianza contra dominio radical en Río Negro

Las explicaciones que se escuchan en esta provincia sureña sobre esta rareza son variadas. Los críticos ven principalmente un manejo aceitado de cierto clientelismo electoral, aunque no exacerbado como en las provincias peronistas del Norte. En la otra vereda se argumenta un manejo versátil del Partido que permitió alejarlo de la debacle nacional, para acentuar la discusión local cuando hizo falta. Unos y otros admiten que los radicales rionegrinos supieron armar ingenierías electorales del más variado tono, de cara a una población con características complejas tanto por el componente social como por la distribución geográfica. Entre el Alto Valle productivo (General Roca, Cipolletti, Allen y otras), la región andina (Bariloche), la costa atlántica (Viedma) y la empobrecida Línea Sur que se extiende a la vera del antiguo ferrocarril de Este a Oeste, la provincia alberga poblaciones diferenciadas tanto por sus intereses, como por el clima que soportan, los medios de comunicación con los que se informan y los factores productivos de los que viven. Ante este conglomerado, los radicales se las ingeniaron para alcanzar victorias ajustadísimas o para consagrar en 2003 al actual gobernador, Miguel Saiz, con sólo 32% de los votos.
 Electorado
El reparto del voto en la Argentina desde la reanudación democrática hasta la casi desintegración de la UCR en 2001 permitió que se repitiera un escenario que daba muchas provincias al peronismo, mientras una parte considerable de las capitales de distrito tuvieron intendente radical. Es decir, donde pesaba la clase media, la UCR sacaba ventaja, pero el PJ traccionaba en el total provincial, donde el voto más humilde volcaba la balanza.
«Eso no se dio en Río Negro. Radicales y peronistas compiten acá por un voto del mismo segmento social», explica a Ambito Financiero Carlos Torrengo, durante 10 años principal analista político de temas provinciales del diario «Río Negro».
En la provincia patagónica sólo unos 13.000 trabajadores de la industria relacionada con la fruticultura (sobre un padrón de aproximadamente 355.000) podrían asimilarse a la clase obrera que hegemoniza el peronismo. Los trabajadores rurales del Alto Valle son una fuerza que proviene de provincias norteñas o del exterior (no votan en Río Negro),
mientras que pequeños productores, empleados públicos, porteños expatriados, maestros y trabajadores del sector servicios conforman el grueso del padrón al que el peronismo se ve forzado a acercarse con otras herramientas que no son el colchón y las zapatillas.
Para las elecciones del 23 de octubre, en las que Río Negro sólo elige dos diputados nacionales, la UCR lleva de primer candidato a Hugo Cuevas, un repetido intendente de la pequeña localidad de Cervantes, apenas conocido en las principales ciudades de la provincia. Tanto perfil bajo obedece, según el gobernador provincial, Miguel Saiz, a que quieren mostrar a «un hombre de gestión, honesto, que puede caminar por la calle con sus vecinos». Podría leerse también la intención de centrar el discurso en los temas locales, para no confrontar con el gobierno de Kirchner, a quien Saiz expresó repetidamente su apoyo. El Presidente, quien mantiene buenos niveles de popularidad en Río Negro, ganó aquí con comodidad en la primera vuelta de 2003, con 35,39% de los votos, uno de los porcentajes más altos obtenidos por el santacruceño.
A la extrañamente exitosa estrategia electoral radical durante 22 años hay que sumar el hecho de que el PJ provincial parece seguir a rajatabla una premisa de Perón, pero a la inversa. «En Río Negro, para un peronista no hay nada peor que otro peronista», analiza Torrengo, para luego citar una amplia cadena de ejemplos en los que el sector minoritario del partido, del origen que fuera, se las ingenió para arruinar las chances del PJ provincial, ya sea apoyando a terceros partidos o presentando listas por separado. Las versiones sobre el porqué de estas divisiones enlodan también a la UCR provincial, que alentó de diversas maneras, algunas sospechadas de non sanctas, la fragmentación de la oposición, según aseguran importantes protagonistas de la vida política provincial.
Cuando la división en el peronismo es ley en muchos distritos, en Río Negro ex menemistas, duhaldistas y kirchneristas se unen (a veces caben las tres pertenencias en el mismo dirigente). El Frente para la Victoria lleva como precandidato a primer diputado a Julio Arriaga, un transversal del kirchnerismo que pertenece al Frente Grande, popular en el Alto Valle y que fue intendente de Cipolletti, una de las principales localidades de la provincia, en dos períodos (entre 1995 y 2003). A Arriaga, que considera a Carlos Chacho Alvarez un «exponente excepcional» de la política argentina, lo apoyan el ex menemista y espada de Néstor Kirchner en el Senado, Miguel Pichetto, y el ex jefe de la SIDE de Eduardo Duhalde, Carlos Soria, que ahora gestiona la intendencia de General Roca, lugar al que lo confinaron los votos y el propio Presidente.
Paradójicamente, es menos clara la postura de quien se reivindica como genuinamente kirchnerista, el diputado nacional
Osvaldo Nemirovsci, oriundo de Bariloche.
Alberto Fernández viajó en nombre de Kirchner a General Roca, el 8 de julio pasado, para participar del lanzamiento de la candidatura de Arriaga en la Casa de la Cultura de General Roca. Allí, el jefe de Gabinete afirmó: «Por si hay algún distraído, el candidato de Néstor Kirchner en Río Negro es Julio Arriaga». La difícil meta del Presidente de apostar por transversales se haría realidad en Río Negro, pese a que hay previstas internas el 7 de agosto, de las que participarán el diputado Carlos Larreguy y Osvaldo Soliz, apoyado por sindicatos.
La aspiración máxima de la Casa Rosada es sumar los porcentajes obtenidos en elecciones para gobernador de 2003 entre Arriaga (Encuentro por los Rionegrinos, 21%) y Soria (PJ, 30%).
Pese a los múltiples apoyos de Arriaga, Larreguy enarbola la bandera de los justicialistas que no quieren llevar a su antiguo crítico de candidato. Nadie sabe el devenir de los intrincados caminos del PJ provincial.


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