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25 de abril 2007 - 00:00

Kirchner busca desactivar crisis. ¿Reemplaza a Sancho?

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En un clima de malestar generalizado -ayer fue tomado el Consejo Provincial de Educación y estalló un motín en la cárcel de Río Gallegos-, el gobierno santacruceño volvió a desmentir anoche una renuncia de Sancho o de algunos de sus ministros (aunque, reconoció una fuente del justicialismo, «Sancho es el primero que se quiere ir; en los últimos tiempos presentó ya varias veces su dimisión y no se la aceptaron»).
Peralta mantuvo un encuentro en la Casa Rosada en la noche del lunes con Kirchner, a esta altura muy preocupado por las elecciones provinciales de octubre, ya que su ministra de Desarrollo Social y hermana, Alicia Kirchner, se niega a ser candidata a gobernadora mientras la provincia siga al rojo vivo.
Peralta -hombre de Julio De Vido- aportaría, en este sentido, la mixtura justa para la ocasión, a partir de su doble experiencia como gremialista bancario y ex funcionario de Trabajo de Kirchner gobernador, que piloteó conflictos mineros. Con aceitados vínculos con ese combativo sector clave de la economía local, su asunción permitiría controlar no sólo a docentes y estatales: también a petroleros.
Sin embargo, según trascendió, hasta anoche Peralta no había sido convencido por el Presidente, en apariencia por desavenencias sobre cómo manejar el hierro caliente que hoy es el distrito patagónico. «Peralta no es Sancho», graficó ayer una fuente respecto de los supuestos intentos por parte de la Casa Rosada de volver a imponer funcionarios y de insistir con una estrategia reticente a reactivar las paritarias, para no mostrar a un Kirchner «a quien los gremios le torcieron el brazo».
Según insistentes versiones, Peralta habría bregado por el regreso de las paritarias a la provincia e, incluso, por la intervención en una mesa de diálogo del obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín, muy crítico de la gestión Kirchner, y con la pelea con la Iglesia como telón de fondo.
Antes de la renuncia de Sergio Acevedo en marzo de 2006, se mencionaba al hoy conductor de YCRT como potencial candidato para la gobernación 2007 (incluso, luego integró el lote de los potenciales reemplazantes del saliente mandatario).
Sin embargo, el temor de reeditar un gobernador poco afecto a los dictados desde Balcarce 50 terminó por inclinar la balanza en el Frente para la Victoria hacia la hoy tambaleante Alicia Kirchner, cuya campaña está congelada en los hechos por la inédita revulsión social, que hace que no pueda pisar la provincia desde hace dos meses por el temor a escraches.
De esta manera, vuelve a instalarse un escenario de crisis institucional en Santa Cruz, por segunda vez en poco más de un año. El 15 de marzo de 2006 pegó un portazo el justicialista Acevedo, por cortocircuitos con el Presidente y por el crimen del policía Jorge Sayago en una revuelta petrolera.
Acevedo fue reemplazado por Sancho, su vice. Hoy, una asunción de Peralta requeriría de la obvia renuncia de Sancho y de un paso al costado de Judith Fortsmann en su rol de vicepresidenta primera de la Legislatura, ya que Peralta es diputado provincial (de licencia) y sólo necesita retomar su banca y ser ungido como nueva autoridad legislativa para reemplazar a Sancho. Para ello debe convocarse a sesión extraordinaria, por lo que esta movida podría activarse recién a partir del viernes.
Ayer, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro del Interior, Aníbal Fernández, advirtieron que con paros «no hay posibilidades de sentarse a discutir.» «Puede caberles la razón en la necesidad de revisar el sueldo básico, pero si así fuera no puede ser que lo hagan convocando a un paro de esta magnitud», enfatizó Alberto Fernández.
En el marco del paro docente de toda la semana, ayer continuó la política de tomas de edificios públicos (ver aparte).
Desde un comunicado oficial, el gobierno de Sancho aseguró que «repudia totalmente los actos de atropello y de violencia que se están sucediendo en el ámbito provincial».
«Este gobierno no va a ejercer ni ejercerá ningún tipo de respuesta a la violencia, porque es nuestra obligación tratar de mantener la paz en nuestra provincia», enfatizó, además de instar a la población a «que se aleje y denuncie ante la Justicia cualquiera de estos actos».

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