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28 de mayo 2007 - 00:00

Quiroga: “No estoy agarrado del saco del Presidente”

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Periodista: ¿Qué hará si llega a la gobernación de Neuquén?
Horacio Quiroga: Hay que orientar la inversión del Presupuesto al desarrollo de una provincia que hoy no considera cualitativamente ninguna actividad económica más importante que las actividades extractivas. Vemos al turismo como una actividad cualitativamente importante, y al conocimiento aplicado al desarrollo de alternativas en materia energética como una posibilidad económica de desarrollo.

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P.: ¿Observa una reconversión de la economía local?
H.Q.: Si hubiera sido así, hoy estaría resuelto el problema del aeropuerto de San Martín de los Andes, que es un punto de partida fundamental para convertir la zona sur en un lugar de destino turístico y no en un lugar donde se hace turismo. O tendríamos un sistema de autopista, por lo menos desde Plottier hasta Zapala. Si se hubiera pensado que al norte de la provincia hay que incluirlo en la estrategia de desarrollo, estaría construido el asfalto de la Ruta 7 para acercar esa zona al Alto Valle y Neuquén capital. Si se hubiera considerado importante el comercio bilateral con Chile se hubieran mejorado las rutas y los pasos fronterizos como el de Pichachen.

P.: El oficialismo reprocha a la Nación haber trabado la comunicación física con Chile.
H.Q.: Eso es una simplificación burda, porque si esto lo aplicamos a una de las grandes falencias que hoy tiene Neuquén, que es el tema de viviendas, se observa que la provincia no ha querido adherir, o por lo menos no ha tenido vocación de ejecutar, gerenciar y gestionar, en el marco del Plan Federal de Viviendas. Durante 2006, en Chaco se inauguraron seis mil viviendas, en San Juan cinco mil y en Río Negro cuatro mil o cinco mil. En Neuquén, en ese mismo lapso, fueron sólo 267 viviendas.

 Relación
P.: ¿Cree que Kirchner no le perdonó al gobernador Jorge Sobisch pararse en la oposición?
H.Q.: A Sobisch no le interesó tener una buena relación con el gobierno nacional y trajo como consecuencia el atraso de la provincia. Porque, además, no sólo no compartió las políticas nacionales sino que no las reemplazó por otras.

P.: Tras la muerte del docente Carlos Fuentealba se vieron dos caras de Neuquén: la de la conflictividad social y la de un lugar atractivo para invertir.
H.Q.: No hay contraposición. Durante mucho tiempo se creyó que la variable de la macroeconomía era fuerte en la medida en que no se le diera importancia a la cuestión social. Sin perder las condiciones macroeconómicas también se pueden dar respuestas macroeconómicas.

P.: En materia de gestión ¿qué resultados puede mostrar?
H.Q.: En todos estos años (en el municipio de Neuquén) hemos ejecutado el mayor volumen de obras públicas de la historia neuquina. Hemos asignado un porcentaje mayor a obra pública que al pago de salarios. Siempre hemos cerrado con superávit.

P.: ¿Cómo conjuga su gestión conservadora con el pensamiento de Kirchner, al que usted adhiere?
H.Q.: El verdadero progresismo es el que se instrumenta a partir de la ejecución de presupuesto y gerenciamiento de programas que cumplan los objetivos con eficiencia. Me diferencio mucho de esos que son progresistas de café.

P.: El candidato del MPN, Jorge Sapag, tiene un discurso de acercamiento a Kirchner, todo lo contrario al del actual gobernador. ¿Pelea con usted por el mismo espacio?
H.Q.: Son elecciones separadas: las de gobernador y las de presidente. Me alegro, porque el hartazgo y el cansancio moral de la sociedad neuquina es en relación al gobierno de la provincia, pero también al MPN. Si bien es cierto que es importante la definición respecto de quién es el candidato del Presidente, que soy yo, eso no significa estar agarrado del saco del Presidente para ver cómo me catapulta.

P.: ¿Cree que el conflicto gremial de los estatales, que incluyó la muerte de un docente, lo favoreció políticamente?
H.Q.: Estas cosas nos enlutan a todos. De esto puede sacar algún rédito del momento algún canalla o miserable que pretenda hacer política con la desgracia. Me han escuchado tener una máxima prudencia, lo cual no significa que no haya repudiado este hecho de barbarie que se ha producido en la provincia. Tal vez me favorezca, pero no voy a especular con esta circunstancia.

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