En el equipo de Barrionuevo, pasada la disputa, insisten en defender la postura de no confrontación que mantuvo a rajatabla. Su esposa, la diputada Graciela Camaño, fue no sólo la artífice de esa táctica, sino la comisaria encargada de que se cumpliera. «Estoy controlado por expertas..., no me dejan hacer una», se confesó, risueño, el gastronómico. Habla del seguimiento milimétrico que Camaño hizo de cada palabra que pronunció su marido. Nunca, hasta conocido el resultado, Barrionuevo se salió del libreto. Esa actitud de «lord Luis», la decisión de «hacerse el bueno», no le permitió, sin embargo, revertir una elección que estaba resuelta desde hace semanas. Pero ¿le hubiese dado más rédito en cuanto a votos al diputado nacional mostrarse bravucón y guerrero, ir al choque? En su equipo de campaña dicen que no: que fue la mejor estrategia y que dio resultado. No todos piensan igual: dirigentes del PJ, que compitieron a su lado y operadores del oficialismo, entienden que le hubiese ido mejor si hubiera sido provocador como fue en otras campañas. La duda es si los catamarqueños le creyeron a ese Barrionuevo aplicado y componedor. El gremialista se encargó de que no: la noche del domingo, al reconocer la derrota, se zambulló con un fraserío áspero sobre los que no lo votaron. «No quieren cambiar», se quejó. El lunes al atardecer, apenas 24 horas después del traspié, Barrionuevo regresó a Buenos Aires con su familia: su esposa Graciela, tres de sus hijos -Sandra, Alejandro y Melina-, nietos y sobrinos. En Catamarca continúa Liliana Barrionuevo, su hermana, que es diputada provincial.
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