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4 de julio 2023 - 00:00

Concept ACV30: MINI que no fue

Se trata de un modelo que se proyectó para el regreso del icónico de la marca británica. No obstante, influyó en el diseño posterior.

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A mediados de la década del 90, los diseñadores y responsables del proyecto MINI se sentaron a elegir cómo se vería el modelo que conocemos regresó al mercado en 2001. Y entre las propuestas se destacaba el MINI ACV 30: un concepto que no logró avanzar pero que tuvo gran influencia en la marca británica..

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En 1994, BMW adquirió Rover Group, que poseía varias marcas, entre las que destacaba Mini. La idea de una nueva generación del icónico automóvil había estado rondando desde finales de la década del 60, pero nunca había logrado despegar. Un año después, BMW puso manos a la obra para la creación de una nueva generación de MINI, pero existieron opiniones encontradas. Por un lado, Rover habría mantenido el camino trazado por el diseñador original, Sir Alec Issigonis. Por otro, BMW Group quería que el automóvil se convirtiera en un pequeño deportivo premium, manteniendo las características originales.

El más famoso de los diseños que no lograron convertirse en “El Nuevo MINI” fue el primer realizado por Adrian van Hooydonk (por entonces diseñador de exteriores de automóviles BMW y actual vicepresidente senior de BMW Group Design). Este inspiró en el pasado deportivo de la compañía, y si bien la idea fue rechazada en 1995, se siguió desarrollando como un concept car completo que se develó al público con el nombre de “Anniversary Concept Vehicle”, o ACV 30, en enero de 1997. La denominación hacía referencia a las victorias de Mini en el Rally de Monte Carlo, alcanzadas 30 años antes (1964, 1965 y 1967). A primera vista, el ACV 30 se parece poco al MINI que recibiría el nuevo milenio, pero existen muchas similitudes. En aquel momento, el vehículo se presentó como la versión contemporánea de un superdeportivo de rally. El ACV 30 no solo no tenía motor delantero como el Mini clásico, sino que poseía tracción trasera y motor central de 1.8 litros.

El MINI de producción final tuvo, por supuesto, motor delantero y tracción delantera, al igual que el Mini original.

Sin embargo, el MINI ACV 30 demostró que las características distintivas, como la parrilla del radiador hexagonal y los faros redondos del Mini clásico, podían trasladarse a un modelo futuro. Otros elementos también pasaron a formar parte del primer nuevo MINI, como los faros grandes, el formato de baúl tipo hatchback y el techo flotante con los pilares negros. La carrocería roja y el techo blanco, por su parte, habían sido retomadas directamente del Mini ganador de Monte Carlo de 1967.

El interior del automóvil estaba casi listo para la producción final y sentó las bases para el diseño definitivo del habitáculo, con su prominente velocímetro montado en el centro.

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