Con devaluaciones hay cambios en los precios agrícolas
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De la observación se puede establecer una suerte de ley de la demanda de commodities agrícolas: cuando los países son de menor ingreso per cápita, una suba del salario real incide directamente en la demanda de commodities. Y así ésta se ve incrementada.
Cada vez que la moneda de un país importador de commodities agrícolas es depreciada frente al dólar, se encarecen sus compras externas en el mercado interno y, por ende, la demanda se contrae haciendo bajar los precios internacionales. Estas compras se hacen más caras pues por cada dólar necesario para efectuar la importación se requiere, después de una depreciación, mayor cantidad de moneda local. Las ventas hacia ese país importador, entonces, se ven castigadas y los precios internacionales de los commodities tienden a bajar. Y viceversa. Cuando el proceso es inverso, la demanda aumenta. Un análisis del comportamiento de los precios muestra que, a partir de las devaluaciones de Asia, el primer grano en caer, en su valor, es el trigo; le sigue el maíz y, finalmente, la soja. Pero lo que importa es que todos los granos pierden valor.
Obviamente, este proceso de subas y bajas, registrado en la década pasada, también es consecuencia de los niveles de stocks finales. No es casual que cuando los precios subían, las relaciones de stock/ consumo estaban en niveles bajos y viceversa. Pero está claro que las paridades cambiarias también acentuaron tales movimientos en los precios.
Y lo más importante: cuando la capacidad de compra de una región se eleva, por aumentos en sus ingresos o por revaluación de sus monedas, la situación mejora para el precio internacional de los granos. Sobre todo si se trata de una región donde el ingreso per cápita es bajo y el ingreso nacional es alto. Para muestra sólo falta un botón: China.



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