Las contrarias posiciones de Canadá y Estados Unidos frente a la prohibición de compras de carne brasileña podrían generar una crisis en el NAFTA.
Si bien Canadá está acelerando la emisión de la certificación a la carne brasileña para reanudar las importaciones suspendidas el pasado viernes, ese país aún dice que la carne brasileña tiene «vaca loca». «Lo que el gobierno canadiense dice es que no teníamos suficientes informaciones cuando tomamos la decisión de suspender la importación para determinar que ésta estaba libre de Encefalopatía Espongiforme Bovina (BSE)», aseguran los funcionarios brasileños. «Originalmente, el proceso de certificación iba a durar cinco o seis semanas. Ahora estamos tratando de acortarlo», dicen los diplomáticos de Brasil.
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Cuando Canadá estableció la política de control de dicha enfermedad, en 1998, pidió a los países proveedores de carne información sobre sus rebaños y la incidencia del mal de la «vaca loca» en los mismos.
Los países respondieron a los 10 grupos de preguntas del cuestionario enviado, pero las autoridades canadienses aseguran que Brasil, con el que mantienen un enconado litigio por los supuestos subsidios al fabricante de aviones Embraer, fue el único país que no proporcionó todas las informaciones.
Según la cancillería de Canadá, envió dos misivas y realizó varias llamadas telefónicas a las autoridades brasileñas requiriendo la información que faltaba aunque en Brasilia ese hecho se niega tajantementey sólo fue el 1 de febrero pasado cuando Brasil empezó a proporcionarla. El viernes 2, Ottawa decidió suspender cautelarmente la importación de carne brasileña.
A pesar de la coincidencia de las fechas y del recrudecimiento del conflicto de los aviones en los últimos días, el diplomático descartó que la decisión canadiense a la que se sumaron los otros dos miembros del Tratado de Libre Comercio Norteamericano (NAFTA) sea una represalia comercial.
«La medida tiene sin duda un efecto comercial, pero se ha adoptado para proteger la salud del consumidor canadiense», aseguró antes de agregar que, si fuese una represalia, «no tomaríamos una decisión fitosanitaria para después negar que es represalia». En tanto, la secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Ann Veneman, dijo que no existen razones para retirar la carne brasileña de los negocios del país mientras su ministerio lleva adelante una investigación sobre la eventual presencia del mal de la «vaca loca» en esos productos. Estados Unidos se sumó a las restricciones sobre la carne brasileña después de que Canadá suspendiera unilateralmente las importaciones de ese producto desde el país sudamericano. Brasil consideró esa medida una represalia canadiense después de su triunfo ante la Organización Mundial del Comercio en el conflicto entre las fábricas estatales de aviones de ambos países, que involucra denuncias de subsidios y que derivó en una orden para que Ottawa pague una indemnización de 2.300 millones de dólares.
Sin embargo, como socios en el mercado común NAFTA, tanto Estados Unidos como México se vieron obligados a sumarse a las restricciones iniciadas por Canadá.
Sin embargo, Veneman dijo que «no hay todavía evidencia de riesgos para la salud de los consumidores» en la carne brasileña.
«Creemos que la orden de suspender las importaciones es suficiente», completó Veneman.
El lunes, la ministra recibió la visita de su colega brasileño, Marcus Vinicius Pratini de Moraes, quien viajó especialmente a Washington para discutir el problema.
Sobre el conflicto comercial entre Ottawa y Brasilia, Veneman dijo que «obviamente allí hay otras cosas entre Canadá y Brasil, y nosotros no queremos quedar atrapados en el medio de eso». El lunes, el ministro brasileño afirmó que la decisión de Canadá «no me sorprende, porque cada vez que Brasil asoma la cabeza, le dan con un palo».
En la reunión en el Ministerio de Agricultura, Veneman informó a su colega que el gobierno norteamericano realizará una serie de análisis de riesgo para determinar si la carne brasileña puede o no transmitir el mal de la «vaca loca».
Pratini de Moraes anunció que Veneman le prometió que esos estudios, que habitualmente duran entre seis y ocho semanas, «serán más cortos», y que Brasilia obtendrá una respuesta sobre la importación de carnes en breve.