"El gobierno está patoteando a la producción ganadera"

Campo

Los ganaderos y hombres de campo pedimos que nos dejen ser. Se necesita mucho compromiso y amor para seguir estando en este escenario impuesto por la impericia de turno, que nos trajo un sinnúmero de desaciertos. A saber: peso mínimo de faena y modificaciones, eliminación de reintegros, 15% de retenciones, modificación de categorías en mercados como Liniers y Rosario; suspensión de exportaciones, luego cuotificación de éstas; implementación de encajesde carne en frigoríficos; creación de Registros de Operación de Exportación (ROE), y toda serie de perversiones.

Estos desatinos han provocado actualmente un estado de desconcierto y desánimo en los ganaderos que los está llevando a la liquidación de sus rodeos. Las estadísticas son ciertas, la faena de hembras supera ya 51%. Acá no hay INDEC, hay tristeza. Pero no resignación.

La superficie agrícola avanzó y la ganadera no sólo perdió más de 9 millones de hectáreas en los últimos años, sino que se corrió a otras áreas de menor productividad, donde las vacas al ser desplazadas de la región pampeana hacia las regiones del NOA y NEA expresan un diferencial de destete inferior con respecto al del lugar de donde provenían. Consecuencia: menos terneros. Menos carne. Y para colmo de males, se dice permanentemente que aumentamos o mantenemos la productividad de carne en más o menos 3,2 millones de toneladas.

Lo que no se dice es cómo se hace. Muy fácil. Matando a la gallina de los huevos de oro. Faenando y faenando cada vez más terneros. El novillo pesado ya es un ser extraño, ocupando ese rango el ternero y el novillito.

Todo esto hace caer cada vez más el peso de faena, que en el último año descendió más de 10 kilos por res con hueso, y hoy alcanza los 210 kilos promedio a nivel nacional, cuando mínimamente deberíamos estar entre 225 y 235 kilos. Estos hasta 25 kilos que nos faltan significan la friolera de 350.000 toneladas posibles que se dilapidan.

Los números no mienten. Si la faena es de 14 millones de cabezas, estas impolíticas traen aparejado lo antes citado.

  • Caída de stock

    Hacerse los distraídos y hablar de un futuro plan no resiste el menor análisis. Estas medidas desconectadas, que manifiestan un profundo desconocimiento y empecinamiento de quienes gobiernan, están logrando una caída en el stock ganadero, en el peso medio por animal faenado. Un retroceso en las exportaciones y una caída cada vez mayor en valor agregado con que se vende nuestra hacienda.

    Este sistema que pretende patotear a la ganadería -por llamarlo de algún modo suave-debiera terminarse cuanto antes y, fundamentalmente, para beneficio de quienes gobiernan, por más que hoy equivocadamente piensen lo contrario.

    El mundo crece, la demanda de alimentos es cada vez mayor. No se puede seguir siendo miope. Y si se es, hay que ir urgente al oculista. Pese a esta crisis financiera mundial, la demanda de carne supera a la oferta, que tiende a estancarse. La competencia en el uso del suelo es cada vez mayor. El comercio de carne a pasto es requerido internacionalmente, y la Argentina debiera atenderlo.

    Nuestro país es reconocido internacionalmente como libre de «vaca loca», sin problemas de anabólicos y codiciadas nuestras carnes por el segmento de mayor poder adquisitivo. Darse cuenta de esto traerá crecimiento y desarrollo, y posibilitará tener más y mejores alimentos en la mesa de todos los argentinos. Sólo así dejaremos este vendaval o «malambo», por nombrarlo musicalmente, en que nos han metido.

    (*) Presidente de la Asociación Productores Carne Bovina Argentina (Aprocaboa).
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