El sector público no invierte en el campo
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Mega muestras agropecuarias recientes pusieronde relieve la importancia y la potencialidad del sector que es la columna vertebral del país, el sector agropecuario.
El boom agropecuario determinado, básicamente, por la creciente producción de soja respondiendo al derrotero, excepcional, del precio internacional no es la única explicación o, tal vez, lo sea para los legos. La realidad de ello descansa en el cúmulo de transformaciones, desregulaciones e inversiones realizadas tanto en el sector público como en el sector privado durante los '90. De no haberse dado este proceso, hoy sería imposible aprovechar la actual bonanza de los mercados internacionales.
Intuitivamente, y sin hacer muchos números, es fácil percibir que hubo un «proceso de desinversión generalizado», producto de la devaluación tanto en el sector público como en el privado. ¿Pero de cuánto fue la magnitud? ¿Dicha situación puede afectar la performance futuro del sector? ¿El beneficio que en teoría recibe el sector privado, producto de la devaluación, compensa la « desinversión» del sector público en el sector?
En términos generales, observamos que a nivel global de gasto público nacional del sector (SAGPyA+ Descentralizados):
1) El promedio anual de gasto público de los últimos 10 años (1995-2004) es de u$s 368,3 millones.
2) El promedio anual de gastopúblico del período predevaluatorio es de u$s 433,34 millones.
3) El promedio anual de gasto público del período posdevaluatorio es de u$s 216,7 millones.
4) Comparativamente este último período representa 50% de lo invertido en la etapa previa y 58% del promedio de los últimos 10 años.
Los guarismos resultan aún peores cuando se analizan los presupuestos anuales correspondientes a los programas vinculados al desarrollo rural, orientados a los pequeños y medianos productores, como Cambio Rural, Programa Social Agropecuario (PSA), Prodernea y Prodernoa.
Siguiendo la evolución presupuestaria se observan niveles de gasto de alrededor de u$s 24 millones anuales promedio, para la etapa predevaluatoria, y de u$s 10 millones para la etapa posdevaluatoria.
La competitividad es un concepto sistémico y relativo, por lo cual no depende sólo de la mejora que uno pueda lograr en términos absolutos sino básicamente en lo que uno haga en términos comparativos respecto de nuestros competidores, es decir que podemos estar invirtiendo más recursos, suponiendo que se hace de manera inteligente, pero si nuestros competidores invierten a una tasa mayor y de manera constante habremos perdido sin lugar a duda competitividad.
Como referencia comparativao benchmarking a nivel internacional, podría mencionarse, a titulo informativo, lo que hacen otros países o bloques, que son actuales o potenciales competidores. Veamos algunos ejemplos: la Unión Europea tiene en vigencia el programa Leader +, el cual cuenta con un presupuesto para el período 2000-2006 de 5.000 millones de euros y ha elaborado propuestas de políticas de desarrollo rural para el período ¡¡2007-2013!! Canadá tiene desde 1998 el Programa Canadian Rural Partnership con un presupuesto plurianual de u$s 20 millones. México: el año 2002 aprobó la Ley de Desarrollo Rural Sustentable.
Resulta preocupante, al margen de lo descripto, que dicho tema no parece figurar en las agendas de la dirigencia gremial del sector ni del Poder Legislativo, ya que no hay señales que algún proyecto de esta naturaleza pueda ser tratado.
La primera enseñanza es que no deberíamos vivir de las inversiones realizadas en el pasado y mantener el ritmo por lo menos por 10 años más, de manera continua. La segunda sería que los éxitos no se construyen de un día para el otro y hacen falta años de inversiones de magnitud, realizadas de manera inteligente, oportuna y sostenida. En épocas de excedentes es cuando parece más lógico realizar los incrementos de inversiones en el sector público. No deberíamos conformarnos con subirnos a las «olas», porque como tales son temporales y así como suben, bajan.
Sí, en cambio, deberíamos ir preparando otras «olas», a las cuales pudiésemos subirnos cuando aquéllas decrezcan. En un mundo altamente competitivo, las posiciones perdidas cuestan mucho recuperarlas o se pierden definitivamente.
Por último, la inversión pública debe interpretarse como la inversión en educación, que pueda realizar una sociedad o una persona, la cual no garantiza o no explica completamente el éxito profesional hacia el futuro.


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