2 de enero 2003 - 00:00

El campo sigue produciendo a pesar de la incertidumbre

El agro argentino continúa mostrando su capacidad para reactivar la economía debido a su alta eficiencia y dinamismo.

A pesar de que nos encontramos inmersos en un escenario incierto caracterizado por la desconfianza -transitando la recesión más prolongada de la historia y sin crédito-, se espera una importante cosecha de cereales y oleaginosas.

Es sabido que para crecer se requiere de varios protagonistas, que hoy no se encuentran actuando. Entre ellos podemos nombrar a la estabilidad económica; la seguridad jurídica; una apertura comercial estratégica para consolidar nuestra competitividad; una reforma del Estado, en función de reducir y eficientizar el elevado gasto público; una profunda reforma del sistema tributario, para simplificar y aumentar la productividad del sector privado; una importante desregulación estratégica del mercado de bienes y servicios, para incrementar la competencia de sus integrantes y de esta manera ofrecer al consumidor precios más accesibles; y como motor principal de la actividad económica devolver la confianza, que es un requerimiento --sine qua non-para volver a crecer. La ausencia de estos protagonistas y el aumento de la presión impositiva a través de las retenciones a las exportaciones; la falta de un coeficiente de Ajuste por Inflación; la discriminación con la quita de 50 por ciento del IVA a la venta de los granos; el aumento del Impuesto Inmobiliario de hasta 100% en la provincia de Buenos Aires, entre otros, que sumada a la inexistencia del crédito, como herramienta primordial para la inversión y el crecimiento se limita severamente la inversión tecnológica del agro que continúa apostando al país.

Si observamos el área sembrada para la actual campaña 2002/2003, ocupa una superficie similar a la anterior, esto significa que disponemos de más de 26 millones de hectáreas sembradas con cereales y oleaginosas que generarán ingresos importantes en todas las economías regionales y un monto relevante de divisas para el país.

Los grandes interrogantes que surgen ahora son las condiciones climáticas que enfrentarán los cultivos y los rendimientos que se obtendrán. En este sentido se debe tener en cuenta que la demanda de agroquímicos y fertilizantes muestra una caída significativa respecto de la campaña anterior cercana a 20 por ciento y en consecuencia, los rindes podrán ser menores a los registrados en otras oportunidades. Esta reducción en el uso de los insumos se debe a varios motivos y dentro de ellos podemos mencionar el malestar de los empresarios rurales ante la dolarización compulsiva por parte del Poder Ejecutivo de las deudas contraídas en la campa-ña pasada; la actitud poco amena de algunas firmas que se deteriorado su relación con los clientes; la inexistencia del crédito bancario; la escasez de recursos propios y la incertidumbre sobre el escenario venidero, que requiere disminuir el riesgo de inversión. Teniendo en cuenta estos parámetros y que el área estará destinada principalmente para el cultivo de soja, que ocupará cerca de 48 por ciento del total sembrado, con 12,7 millones de hectáreas, en desmedro del cultivo de maíz y trigo, que muestran caídas en sus superficies del orden de 22% y 15% respectivamente; la cosecha argentina podría llegar a los 65 millones de tone-ladas de cereales y oleaginosas, en función del área proyectada y los rendimientos estimados, de no afrontar ninguna región adversidades climáticas de envergadura.

• Satisfactorio

De cumplirse esta estimación, nos ubicaríamos en los volúmenes obtenidos hace dos campañas atrás, lo cual sería muy satisfactorio teniendo en cuenta el escenario adverso que atravesamos y las limitantes que ha generado la devaluación desordenada que sufrimos a principios de año.

El agro ha realizado una fuerte apuesta al invertir cerca de u$s 3.000 millones para sembrar y proteger el cultivo,
lo que nos brinda un promedio de inversión de u$s 115 por hectárea sembrada; pero además deberá incurrir en erogaciones del orden de los u$s 500 millones para recolectar la producción; otros u$s 455 millones para transportarla y u$s 250 millones para comercializar y acondicionar los granos. Esto significa que la actividad agrícola de cereales y oleaginosas, generará inversiones y transferencia a los sectores que le ofrecen servicios del orden de los u$s 4.200 millones, monto que difícilmente sea igualado por otro sector de la economía argentina. De esta manera se dinamizan muchos sectores que son agrodependientes como es el caso del transporte de granos. En este sentido es bueno recordar que por cada millón de toneladas de granos producida se requiere aproximadamente unos 60.000 viajes de camión para transportarla a su destino, teniendo en cuenta los fletes cortos y largos que tienen que afrontar los productores. Si tomamos que cada flete largo recorre 250 kilómetros promedio, nos da como resultado que se recorre más de 8 millones de kilómetros, sin tener en cuenta el retorno de los mismos a su lugar de origen, con la demanda de gasoil, aceite, neumáticos, repuestos y, por qué no, comidas y anexos necesarios para los transportistas.

Esto es un claro ejemplo de
la actividad económica que se genera a partir de la producción de granos. Lamentablemente el agro sigue siendo afectado con el simplismo de aumentar la carga tributaria, a cambio de no realizar una eficiente asignación de recursos por parte del Estado, impidiéndose de esta manera la asignación de fondos a importantes inversiones tecnológicas que nos brindan la competitividad suficiente para competir en un mercado inter-nacional totalmente distorsionado por los subsidios que otorgan los países desarrollados a sus productores y a sus exportadores. El agro argentino que sin duda, es el sector más eficiente de la economía nacional debe soportar la injusta carga de aquellos que no saben o no quieren competir; y al mismo tiempo luchar contra una voracidad fiscal sin límites, que se apodera de la renta del sector que brinda mayor cantidad de mano de obra en el país. Esperemos que nuestros gobernantes empiecen a entender que para crecer se deben apoyar en los sectores eficientes de la economía, y no agotarlos para que no puedan invertir.

Dejá tu comentario