En lácteos, la Argentina mira a Nueva Zelanda
Nueva Zelanda constituye un caso emblemático en la exportación mundial de alimentos, tratándose de un país con reducido mercado interno y elevadas ventajas competitivas en productos básicos. En gran medida, éste es el modelo alternativo sostenido por la Argentina durante muchos años. El caso de la actividad lechera es un claro ejemplo de ello.
En su reciente viaje a nuestro país, la primera ministra de Nueva Zelanda expresó lo que debiera ser el punto central del desarrollo argentino. En palabras textuales, la funcionaria dijo: «la economía (neocelandesa) ya está progresando de la exportación de productos básicos hacia un enfoque más sofisticado, basado en incrementar los niveles de talento, innovación y oportunidades.»
Revolución
Nueva Zelanda logra los precios más bajos en el mundo, mediante una estrategia de elevada concentración en el eslabón comercial de la cadena productiva. Basado en un sistema de producción estacional y, a través de la comercialización que ejerce una fabulosa organización cooperativa, esta nación logra el mayor grado de competitividad en el mundo.
Tal organización, denominada Fonterra Cooperative Group, concentra 98% de las ventas de productos lácteos. Perfectamente conocedora del marketing, ésta ha establecido, bajo la forma de una suerte de «cabecera de playa», distintas representaciones comerciales en los principales mercados importadores. A través de ellas, llega al consumidor final con productos diferenciados en base a marcas.
El modelo neocelandés exige abandonar la posición argentina de exportación de saldos, como forma de mantener el precio interno. Para nuestro país y especialmente para el sector tambero, persistir en esta situación resulta sumamente peligroso ya que la competencia externa se mueve con piel de oveja pero y, con hábil seducción, avanza sobre los mercados sin pausa.
Hoy se cierne una amenaza sobre el sistema productivo argentino. La noticia de la alianza entre la suiza Nestlé y el Fonterra Cooperative Group de Nueva Zelanda debiera ser un claro síntoma de alerta especialmente para la industria primaria.
Dicen que la mejor forma de superar un problema es atravesarlo. Para ello, es necesario competir. Pero para hacerlo, hay que incrementar la producción y salir al exterior: no para vender sino para comercializar aquello que se demande. En tal caso, el ejemplo neocelandés es paradigmático. Y para seguirlo el productor deberá trabajar en pos de integrarse horizontal y verticalmente, para alcanzar escala de producción y eficiencia comercial.


Dejá tu comentario