Entusiasman buenos precios para el maní
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El crecimiento de la actividad manisera permitió el desarrollo de un mercado interesante para los productores en Córdoba.
Tuvieron que pasar muchos años para que se produjera una revolución en el cultivo de maní. Y la misma fue muy grande, se produjo en la década del '80, cuando algunos productores innovadores visitaron la zona manisera de Estados Unidos y trajeron la variedad que en ese momento era el boom por esos pagos: el florunner. La incorporación de este cultivar no sólo duplicó los rendimientos, sino que permitió el desarrollo de la industria seleccionadora de maní y el comienzo de la participación de la Argentina en el mercado mundial de maní confitería. Florunner es un cultivar de alto rendimiento muy exigente en tecnología, y fue así como fue necesario incorporar el uso de herbicidas de presiembra o preemergentes, herbicidas selectivos y la gran novedad de la época, los fungicidas para controlar «viruela».
Entramos en la década del '90, y parecía que el maní argentino no tenía techo en calidad y rendimiento, y fue así como a fines de la década la Argentina llegó a posicionarse como el primer exportadorde maní confitería del mundo. Después vino la debacle. Empezaron a aparecer los problemas en la producción, y las dificultades para encontrar las soluciones. Los productores sembraban maní, tenían lotes con buen nacimiento y excelente desarrollo, y en el mes de febrero empezaban a aparecer plantas muertas, problema que se iba incrementando rápidamente y, en los primeros días de marzo, tenían que arrancar el maní cuando aún le faltaba un mes para madurar. Por supuesto los rendimientos eran mínimos y la producción de bajísima calidad.
El maní es un cultivo noble, bien conducido da grandes satisfacciones y, después de arrancado y cosechado, deja excelentes lotes para intentar la siembra de trigo y volver a un planteo de siembra directa. En agricultura, como en cualquier orden de la vida, no todo es blanco o todo negro. La rotación de cultivos es imprescindible tanto para la soja como para el maíz, y el maní es una alternativa interesante. Lo mismo ocurre con las labranzas. Escucho muchos productores que me dicen: después de 5 años de siembra directa es una pena enterrar la capa de rastrojos que he logrado. Pero, por otra parte, sabemos que la continuidad de la siembra directa también tiene sus desventajas, como son el aumento de insectos del suelo y la estratificación en superficie del humus logrado. La inclusión del maní en la rotación, sembrado en directa o con mínima labranza, seguirá manteniendo el rastrojo en superficie hasta el momento del arrancado. Si inmediatamente después de cosechado el maní le sembramos trigo, el período con el suelo descubierto es mínimo.
En resumen, un productor de la zona central de la provincia de Córdoba no puede desperdiciar la oportunidad de obtener una buena rentabilidad con el maní. Los precios son buenos y la tecnología para tener buenos rendimientos está disponible.
(*) INTA de General Cabrera

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