Esquema comercial de cortes beneficiaría a productores
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¿Acaso el sistema de media res asegura la oferta donde está la demanda? La respuesta es no, pues el sistema toma el producto como una unidad, cuando en rigor constituye un conjunto de partes (cortes vacunos), unidos sobre la base de un esquema de oferta.
Así el cuadro, se necesita un nuevo esquema comercial basado en cortes, para que el mercado pueda operar sobre los segmentos de demanda. Ello solucionaría los problemas vigentes y la presión inflacionaria. No come lo mismo la gente que reside en La Recoleta que la que vive en el Bajo Flores. El cambio propuesto podría moderar el aumento de los precios en el presente inmediato, y al transitar el ciclo productivo, incrementando simultáneamente la oferta, se generaría más riqueza en una industria donde trabaja más de medio millón de personas, a lo largo y ancho del país, y es la base de muchas otras actividades.
Claro está que el problema irá desapareciendo con en el incremento de la oferta. Ese sería el camino estructural. Lamentablemente, por el momento, el productor enfrenta un cuadro de inestabilidad que no le permite aprovechar una demanda interna y externa sostenida. Y la política económica se dirige a mantener un elevado de oferta en el mercado interno, anulando la exportación.
Justo en este momento en que los competidores del mundo están con problemas y cuando se abren interesantes mercados como el de Chile y Rusia. En lugar de mayor producción en el mediano y largo plazo, por ahora, se prioriza el corto plazo.
Una mayor producción necesita tiempo. El período de casi tres años, desde que un productor retiene una vaca para preñarla, hasta que vende un novillo de más de 400 kilos, es demasiado largo.
• Posibilidades
Es cierto el problema no se va a solucionar en breve tiempo. Pero, si trabajamos sobre cortes, se abren otras posibilidades para amortiguar las subas y para permitir que los cortes más populares alcancen a los consumidores a precios accesibles. Resulta válido, entonces, que los derechos de exportación se apliquen sólo a determinados cortes para que ellos lleguen al consumidor en forma más barata; y los restantes, que se exporten sin impuesto alguno. Que los lomos se vendan sin retenciones, por ejemplo.
Así, la producción se verá estimulada y, a la larga, los precios internos tenderán a la baja en un contexto de exportaciones crecientes.
Nadie quiere las retenciones, pero ellas resultan más razonables que prohibir la exportación cuyo costo resulta demasiado alto para el país. Bien vale rever tal medida. Estamos todavía a tiempo. Caso contrario, el daño a la economía general será muy grave, pues la cadena cárnica envuelve múltiples eslabones. De allí que no es descabellado prever un cuadro de conflictos en ciernes.



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