El fenómeno conocido como La Niña redujo sensiblemente las lluvias otoñales y afectó de manera crítica a los productores.
A comienzos de este año, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) anunció el posible desarrollo de un episodio de La Niña, capaz de afectar considerablemente el desarrollo de la cosecha gruesa 2006/2007.
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Este fenómeno consiste en un enfriamiento de las aguas del océano Pacífico ecuatorial, frente a las costas de Perú y Ecuador, cuya influencia reduce la formación de lluvias durante la primavera y el verano sobre gran parte del área agrícola del Paraguay, el sur del Brasil y las regiones Chaqueña, Mesopotámica y Pampeana de la Argentina. Contrariamente, las áreas agrícolas de Bolivia y el noroeste argentino suelen experimentar precipitaciones por encima de lo normal.
A partir del mes de junio, el estado del océano Pacífico pasó a registrar condiciones cercanas a lo normal, habiéndose disipado el episodio de La Niña, según explica un análisis de la Bolsa de Cereales sobre la perspectiva agroclimática para la campaña 2006-2007.
No obstante, antes de disiparse, «este fenómeno redujo sensiblemente las lluvias otoñales, dejando un déficit de agua en los suelos que los calores registrados durante junio y julio se encargaron de acentuar, por lo cual la situación hídrica del área agrícola muestra fuertes contrastes:
La Mesopotamia, el sudestey el extremo sur de Buenos Aires conservan reservas hídricas abundantes.
La zona agrícola núcleo o principal (Entre Ríos, centro y sur de Santa Fe, este de La Pampa y el centro-norte y nordeste de Buenos Aires) conserva adecuadas reservas, pero las mismas están empezando a escasear.
El este de la Región del Chaco, el norte de Santa Fe, el centro de Córdoba y el oeste de Buenos Aires presentan principio de sequía.
El resto del área agrícola se encuentra afectado por sequía», según informa un estudio realizado por Eduardo Sierra, especialista en agroclimatología.
Para la primavera 2006, las condiciones neutrales en el océano Pacífico, que se prevén para los meses venideros, auguran un régimen de lluvias mucho más regular que el de la campaña precedente. Sin embargo, habría que prever que la llegada de las lluvias primaverales podría sufrir cierto atraso, no produciéndose entre fin de setiembre y comienzo de octubre, como es lo normal, sino entre fines de octubre y comienzos de noviembre, sostuvo el informe.
Para la cosecha fina, este cambio llegaría demasiado tarde para mejorar el estado de los lotes en las zonas que empezaron la campaña con insuficientes reservas hídricas. En cambio, para la cosecha gruesa las perspectivas productivas mejorarán considerablemente.
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